Cuando a Confucio -el gran maestro chino que vivió seis siglos antes de Cristo- le preguntaron qué haría si se le otorgaba la administración del país, respondió: "Corregiría el lenguaje"; y explicó: "Si el lenguaje no es correcto, lo que se dice no es lo que se quiere decir. Y si lo que se quiere decir no es lo que se dice, lo que debe hacerse no se hace. Y si no se hace lo que debe hacerse, las artes y la moral sufren menoscabo y la justicia se abandona. Y si la justicia se abandona , la gente es presa de confusión".
Para Ángel Rodríguez Kauth, "los conceptos de derecha e izquierda como analizadores de la posición política, después de dos siglos han caído en una franca confusión de sus referentes. La izquierda tradicional, pretende moderar su discurso para ser aceptada por los sectores medios y altos del electorado y la derecha histórica ha lavado sus textos en una suerte populista para lograr adeptos entre el proletariado".
Los conceptos político y económico de los vocablos izquierda y derecha, nacieron con la Revolución Francesa. En la Asamblea Constituyente las distintas facciones o tendencias políticas se distribuyeron en el recinto según su ideología.
Son términos convencionales que se usan y abusan para clasificar y denigrar al adversario. El centro es gris y queda en el medio. En la izquierda se ubican normalmente el socialismo y el comunismo y en la derecha el liberalismo, capitalismo y conservadorismo. Ambos términos implican valores y creencias, entre los que se destacan:
El Estado debe nivelar las diferencias económicas (izquierda) o mantener las condiciones naturales (derecha); debe intervenir en materia económica (izquierda) o dejar hacer (derecha). En los asuntos financieros el Estado debe intervenir y controlar (izquierda) o libertad económica (derecha); ser partidarios del cambio (izquierda) o mantener el orden existente (derecha): creencia que la sociedad humana es maleable (izquierda) o fija (derecha): capitalismo de Estado (izquierda) o privado (derecha): propiedad colectiva (izquierda) o privada (derecha): son extremos: el totalitarismo (izquierda) y el anarquismo (derecha).
En apretada síntesis, los diferentes matices que constituyen cada término se pueden agrupar en dos criterios básicos y opuestos: para la izquierda las diferencias humanas deben ser corregidas por la sociedad (Estado) y para la derecha las diferencias humanas son condiciones naturales que, intervenidas, perjudican la libertad y la justicia. Ambos criterios pretenden tener la razón, pero ésta, como la verdad y la realidad, es una sola.
Para resolver el dilema conviene analizar las acciones requeridas por cada criterio para conseguir sus fines y cómo inciden en la actividad social.
Cambiar las condiciones existentes implica, inevitablemente, favorecer a unos y por lo tanto, perjudicar a otros. Si la justicia se abandona la gente es presa de confusión. En cuanto a la distribución humana de satisfacciones, cabe reconocer que implica obviar que las necesidades son subjetivas e infinitas, es decir, desconocer las leyes naturales.
El criterio de la derecha también tiene imperfecciones. Es sabido que las diferentes condiciones humanas y económicas son fuerzas que implican poder que permiten abusos. Son las leyes que rigen las relaciones sociales y su cumplimiento, el origen, la base, el fundamento del equilibrio económico, causa de estabilidad progreso y desarrollo. Lo mismo que el fenómeno universal, son las leyes naturales las que determinan el equilibrio y armonía de los astros. La igualdad no puede ser humana porque no es natural; sólo puede y debe ser ante la ley.
La condición de justicia, además de ser un logro, establece la base indispensable para que la necesidad humana y la escasez de recursos (génesis de la economía política) determinen precios verdaderos, requisito imprescindible del equilibrio y sus consecuencias: estabilidad, desarrollo y progreso social, en ese orden.
Es indudable entonces que para una eficiente y eficaz administración, las reglas de juego, es decir, las normas de conducta, deben ser justas, iguales para todos ante la ley; sin privilegiar ningún factor humano, ni regional, ni actividad económica.
La intervención económica afecta los precios de factores y/o productos, desequilibrando las relaciones económicas, causa de desocupación, recesión y pobreza social, en dicha secuencia. La magnitud de los efectos depende de la magnitud de la causa. A veces son imperceptibles, a veces son crisis mundiales.
En matemáticas el orden de los factores no altera el producto; en economía, si se altera el orden natural de los fenómenos, se perjudica el resultado.
Los economistas de uno y otro bando defienden sus posiciones argumentando que los efectos de cualquier medida son favorables o desfavorables por sí mismas o por sus presuntos efectos parciales, sin observar el fenómeno total y lo que no se ve.
Por ejemplo, en materia impositiva la derecha opina que distorsiona el sistema de precios con elevados costos en términos de bienestar social, mientras que la izquierda considera que las distorsiones son insignificantes.
En cuanto al mercado se refiere, la derecha opina que las fallas son excepcionales, mientras que la izquierda cree que son prevalentes y requieren intervención; la derecha opina que el reparto por el Estado (gobierno) es ineficiente y permite corrupción, mientras que la izquierda entiende al sector público necesario para el equilibrio de las fuerzas.
La ciencia económica tiene limitaciones para demostrar a quién asiste la razón, por la imposibilidad de experimentar, no obstante, los resultados de los diferentes sistemas económicos aplicados en distintos países; permite acercarnos al conocimiento de la verdad.
Resultados tales como crecimiento y desarrollo de los pueblos, entendiendo por crecimiento el aumento del producto bruto interno y por desarrollo el descubrimiento de bienes, sistemas, formas, procesos que mejoran la calidad de vida, son elocuentes indicadores de sistemas económicos eficaces y eficientes.