Esta facción busca el poder absoluto, habiendo logrado anular el papel del Congreso, para lo cual cuenta con la complicidad de gobernadores y la patética acción de los legisladores nacionales oficialistas, sólo dispuestos a la genuflexión ante el Unicato, sin ruborizarse siquiera ante sus representados: el pueblo y las provincias, como establece la Carta Magna.
Más patético es el rol de los legisladores de Mendoza, porque en esta provincia conservamos aún cierta cultura de respeto por la institucionalidad republicana.
La posición del oficialismo y sus seguidores tornan inviable cualquier proyecto democrático y nos acercan -peligrosamente- a formas dictatoriales de gobierno.
Asistimos a un permanente falseamiento de la historia y de la realidad presente. La mejor manifestación de esta última son las cifras del Indec, una mentira que ya lleva 6 años y que busca, entre muchas otras cosas, esconder la pobreza y la indigencia, haciéndonos creer que una persona puede alimentarse con $ 6 diarios.
Entre los seguidores de la facción gobernante, la mayoría se reconoce como peronista, pero olvidan que el ex presidente General Juan Perón, en su primera etapa, fue un transformador social (él se consideraba revolucionario), que contribuyó a la extensión de los derechos de los grupos subalternos de la sociedad (trabajadores y sectores populares), en términos de redistribución del ingreso, salud, educación y vivienda, además de la inclusión en una plena ciudadanía.
Fue, además, creador de una doctrina, que condensaba elementos ideológicos de diverso origen. Pero esa doctrina, convertida en nacional por el Congreso, sirvió de guía para una buena parte de nuestra sociedad y fijó un proyecto de país.
Quienes hoy integran la facción oficial sólo baten el parche con eslóganes carentes de contenido ("adherimos al proyecto nacional y popular encarnado en...", "luchamos contra las corporaciones"), íconos (las fotos de Perón y Evita) y cierto folclore (bombos, la marchita, etc.). Pero carecen de proyecto y de doctrina. Su única y excluyente conexión con el primer peronismo es el autoritarismo y el avasallamiento de las instituciones republicanas.
Y ya convertido el Congreso en un mero paso formal para obtener las leyes que interesan al Ejecutivo, van ahora por el dominio del Poder Judicial, el único que ha puesto límites al elenco reinante.
El primer Perón, el caudillo populista, tuvo una enorme cantidad de errores, pero debe reconocérsele que no hablaba con eufemismos. No cambiaba las palabras ni las vaciaba de contenido como observamos en la actualidad.
Perón avanzó sobre el Congreso, al que impuso subordinación de corte militar, como en la actualidad; y sobre la Justicia, destituyendo la Corte Suprema (salvo un ministro) en 1947, controlando -absolutamente- los tribunales de instancias inferiores.
También controló toda la prensa escrita -salvo Clarín y La Nación- expropiando diarios y distribuyendo el papel con criterios discriminatorios. Ni qué decir de las radios, incluidas en un gran monopolio al servicio del gobierno.
Empero, nunca habló de "democratizar" la palabra ni de "democratizar la justicia", eufemismos del presente que sólo apuntan a dominar la prensa independiente y someter al Poder Judicial de la Nación a los dictados del Ejecutivo.
Se nos habla de democratizar la justicia a través de una "democracia popular", de "participación del pueblo", pero -eso sí- pueblo encarnado en una sola persona, que piensa y ejecuta en nombre del conjunto, cuya única función es votar cada dos años. Nada muy distinto de Hitler, Mussolini, Stalin, los hermanos Castro o el chavismo. Todos ellos siempre aplaudidos y vivados por cortes usufructuarias del poder y sus privilegios.
Perón hablaba con claridad y se reconocía como un dictador. Las libertades políticas prácticamente no existían, salvo en los días de elecciones. En charla con sus seguidores, lo decía con meridiana claridad: "La más amplia libertad para todos los ciudadanos menos para los políticos? porque estamos en estado de guerra? mientras anuncien en sus discursos que nos van a echar por las malas? por eso he mantenido el estado de guerra. No se necesita libertad política? Ninguna libertad política. En eso somos tiranos, dictadores" (1).
Los resultados de las políticas institucionales del primer peronismo dentro del gobierno, en el Congreso y en el Poder Judicial, se pueden resumir seleccionando algunas citas de infinitos discursos de ministros, legisladores y jueces, que permiten apreciar en toda su dimensión, la magnitud que pueden adquirir los liderazgos extremadamente personalistas, que destruyen las instituciones de la República y dividen irreconciliablemente la sociedad.
Decía un ministro: "La Escuela Superior Peronista fue creada antes que nada para enseñar a amar a Perón? porque seremos mejores cada día si tenemos el pensamiento puesto en Perón... ¿He imitado yo en este día a Perón? porque los genios y los grandes hombres, sin salvarse uno solo, todos han padecido errores y defectos. Todos, menos Perón". (2)
Un miembro de la Cámara de Diputados de la Nación expresó: "El general Perón, sol que alboreó un 4 de junio de 1943, que llegó a un cenit un 17 de octubre, que iluminó un venturoso 24 de febrero y cuyos patrióticos destellos disiparon para siempre... las sombras nefastas de la oligarquía y la antipatria, brilla majestuoso y soberano en el límpido cielo de esta nueva Argentina justicialista, y seguirá brillando" (3).
Finalmente, y dentro del tema que hoy preocupa a los argentinos, decía en un fallo el Dr. Rodolfo Valenzuela, presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación: "La doctrina justicialista, cuyos principios rigen hoy la vida nacional, nos une a los servidores del derecho. Profesamos una doctrina nacional por primera vez en la historia política argentina. Por encima de las leyes formales, tiene hoy suprema vigencia la ley de la vida" (4).
Y agregaba en un discurso inaugurando el año judicial 1953: "El derecho que aplicamos es la voluntad de Perón" (5).
Finalmente, Perón regresó al país en 1973 convertido en un estadista y un demócrata, lejos del caudillo populista; y entregó su vida para rescatar a la Nación de la vorágine violenta en que se hallaba inmersa.
La facción que hoy gobierna no aprendió de la historia. Ha llevado al país a retroceder políticamente más de sesenta años. Confiemos en que podamos recuperar la República, antes de que sea tarde.
Notas:
(1)
Grabación existente en el Archivo General de la Nación, citada por Hugo Gambini, Historia del peronismo, Tomo II, Buenos Aires, Vergara editor, 2007, p. 416.
(2)
De la conferencia del ministro de Asuntos Técnicos, Dr. Raúl Mendé en la Escuela Superior Peronista, publicada en la revista Mundo Peronista. Fragmento tomado de Hugo Gambini, obra citada, p. 188.
(3)
Diario de sesiones de la Cámara de Diputados de la Nación, junio de 1952, p. 190, citado por Peter Waldmann, El Peronismo 1943-1955, Buenos Aires, Hyspamérica, 1985, p. 130. "La antipatria eran los no peronistas".
(4)
Citado por Hugo Gambini, obra citada, p. 254. Resaltado nuestro.
(5)
Citado por Hugo Gambini, obra citada, p. 279. Resaltado nuestro.