"Todas las variables son positivas, por lo que no deberíamos tener problemas, pero la realidad nos marca que el mayor inconveniente se centra en la rentabilidad. Para nosotros, nuestro mayor enemigo es la inflación", señalaba días pasados un importante bodeguero, agregando que el aumento de los precios internos obliga a incrementar los valores de los vinos de exportación, razón por la cual los caldos argentinos se van ubicando en una franja cada vez más alta de la pirámide.
Si nos atenemos a lo que sucedía históricamente en la industria, los problemas se centraban en los excedentes, en la pérdida de mercados tanto interno como externo, en la carencia de productos acordes a lo que pide el mercado o a la necesaria reconversión de viñedos. Pero ahora la vitivinicultura no tiene problemas en esos aspectos.
Si hacemos alusión a los stocks, no se plantean mayores inconvenientes. Así lo reconocen las propias entidades y a modo de ejemplo podemos señalar que el Centro de Viñateros y Bodegueros del Este destaca que, de acuerdo con los números dados a conocer por el IN y manteniéndose los promedios de ventas del período enero-agosto, los volúmenes disponibles, a junio de 2012 serían de 2,6 meses de despachos.
"El cálculo directo arrojaría un stock de 5,5 meses, pero a estos volúmenes se le deben restar un equivalente a 3 meses de despachos por los vinos que se mantienen en vasija dada su condición de bajo grado, intervenidos, bloqueados, de guarda o reserva", dice. Para otros, como la Unión Vitivinícola Argentina, el stock previsto "difícilmente" supere los cuatro meses de despachos.
En lo relativo al mercado interno, después de tres o cuatro años de caída -lenta, pero caída al fin- este año no sólo se ha estabilizado sino que ha crecido tres puntos. En lo relativo a las exportaciones, la salida de los vinos fraccionados se ha mantenido (un aspecto preocupante porque se detuvo un aumento promedio del 10 ó 20 por ciento anual), mientras han subido considerablemente los volúmenes de graneles. En el caso del mosto, prácticamente se ha vendido todo y ahora hay discusiones hasta por el mosto propiedad del Estado.
"No tenemos, a diferencia de otras épocas, problemas ni de mercados, ni de excedentes, ni de reconversión, ni de productos. En los hechos, se están cumpliendo los objetivos del plan estratégico", dijo la fuente consultada, la que aclaró entonces que "donde sí hay problemas, y muy importantes, es en la rentabilidad". Para fundamentar su posición, destacó que "siempre dijimos que si hay un enemigo para la vitivinicultura, es la inflación, porque nos cuesta muchísimo trasladar los costos".
Se asegura en ese aspecto que han habido discusiones mediáticas entre empresas de la industria y los distribuidores, "que son quienes se quedan con la parte más gorda", destacaron, agregando que "esa misma inflación que nos afecta en los precios, también alcanza al tipo de cambio, afectándolo, porque con una inflación real superior al 20 por ciento en los insumos y un incremento en el valor del dólar de no más de un 8 ó un 9 por ciento, "deja a la industria 10 puntos abajo", se indicó.
A modo de resumen de su apreciación, la fuente destacó que esa situación está trayendo aparejado problemas de rentabilidad, que se dan en los sobrecostos que hay que pagar en forma permanente por la inflación y por los problemas que ocasionan el no recibir las retenciones en tiempo y forma.
En el caso del mercado externo, se asegura que las empresas debieron trasladar los costos a los valores, razón por la cual van subiendo en la pirámide de precios. Lo que ha determinado también que quienes no pueden realizar esa movida, por tener contratos anteriores, debieron discontinuar los envíos.
"Para el caso de las empresas grandes -se indicó- la problemática se profundiza porque cuando vendieron el vino, tuvieron en cuenta los reintegros, pero como estos se retrasan o directamente no llegan, hay que hacer una ingeniería para cubrir la situación", destacaron, señalando entonces que "tampoco se nos permite compensar esa demora con los impuestos nacionales, que es lo que hemos pedido por nota al ministro de la Producción local, para que este traslade la inquietud a sus pares nacionales".
Los industriales ya están pensando en lo que pueda llegar a ocurrir dentro de unos meses, cuando tengan que discutir salarios, estimando que "seguramente el aumento no será menos del 20 por ciento. ¿Cómo los trasladamos a los precios?", se preguntó la fuente indicando que "ya hay malestar con los productores de uvas finas, quienes nos han señalado que, en la situación actual y con el valor del mosto, conviene más producir uvas criollas".
Con miras a futuro, los industriales son escépticos respecto de los resultados que puedan surgir de las gestiones que se realicen. Sucede que la vitivinicultura actualmente se ha quedado sin llegada a los sectores de decisión, cosa que sí sucedía cuando Julián Domínguez era ministro. "Necesitamos que haya una solución porque por ahora no hay mayores inconvenientes porque el mosto tiene muy buen precio, pero nos preguntamos qué puede llegar a ocurrir cuando esa situación se modifique", se indicó.