3 de abril de 2014 - 22:45

Infidelidad virtual = engaño y crisis real

Los especialistas coinciden en que, aunque la relación con un tercero no llegue a concretarse, demuestra que existe un deseo y genera celos. Uno busca en otra persona lo que no encuentra en su pareja. Si bien puede sumarse como prueba, no es causal de div

La "telenovela" mediática protagonizada por Jorge Rial, Mariana "Loly" Antoniale y Marianela Mirra (donde el primero mantuvo un diálogo sugestivo con la tercera vía WhatsApp, la conversación se hizo pública y esto generó una crisis de pareja entre Rial y Loly) ya copó el primetime televisivo y está cerca de medir más que Avenida Brasil y otras superproducciones brasileñas.

Sin embargo, detrás del espectáculo y de la exposición de este caso por tratarse de personalidades "famosas", hay todo un trasfondo que se repite con mucha frecuencia y que inciden en la relación y el vínculo de cientos de parejas a diario, tal vez sin llegar a viralizarse los episodios. ¿Se considera infidelidad al juego o histeriqueo entre dos personas por redes sociales, SMS o WhatsApp, aún cuando no llegue a concretarse encuentro físico entre las personas? ¿Qué lleva a las personas a caer en estos episodios?

Dos psicólogos y un abogado especializados en el tema se refirieron a las situaciones de este tipo.

"Los psicólogos diferenciamos entre infidelidad, que es una relación estable paralela, y las relaciones extra matrimoniales, que son los affaires pasajeros. No obstante, lo cierto es que el hecho de mantener una relación con otra persona, aunque sea virtual y no llegue a concretarse, genera una crisis y muestra que existe un deseo y un interés por un tercero. Esto despierta celos, que es uno de los motores más poderosos de la personalidad. Como reaccione la otra persona, dependerá de su propia personalidad", indicó el psicólogo Juan Carlos D'Innocenzo.

Por su parte, el psicoanalista y especialista en pareja y familia Roberto González, considera que responde a un impulso infantil (o de ciertas personalidades adultas) para romper con la llamada "Ley del no todo".

"Ésta consiste en entender que no se puede tener todo, pero que es clave disfrutar de ese ?no todo'. Cuando uno es niño, o en ciertos adultos, no renuncia y quiere tener todo. Entonces, lo que no encuentra en una persona, lo va a buscar en la otra. Hoy las redes sociales y otros medios ofrecen esa clandestinidad y aparece una realidad ficcional, donde se crea un vínculo aunque no se concrete un encuentro real. Pero no es más que un engaño, al otro y a uno mismo, ya que tiene que inventar una personalidad que no tiene. Se trata de una masturbación mental, no es más que eso", indicó González.

Desde el punto de vista legal, el abogado Jorge Chaves destacó que -por sí solos- estos casos no son causales de divorcio, aunque sí pueden servir como una de tantas pruebas en los pedidos de divorcios contenciosos (que no son de mutuo acuerdo).

Más común de lo que parece

Manuel está de novio desde hace casi cinco años con Julieta. Según sus propias palabras, "no la cambia por nada ni nadie", aunque la relación tuvo que pasar por un episodio bastante complicado hasta que finalmente se convencieron de que son el uno para el otro.

"Hace unos dos años mi novia me revisó el Facebook y descubrió que me estaba mandando mensajes privados con otra chica. La verdad que me la eché (sic), porque eran mensajes subidos de tono y muy desubicados, pero ni nos conocíamos en persona. Nunca nos habíamos juntado", contó a

Los Andes

, para casi de inmediato agregar -a modo de reflexión-: "No sé por qué lo hice, la verdad. Creo que me quise hacer el banana y me salió muy mal. Pero eso sirvió para que ahora estemos los dos seguros de que queremos estar el uno con el otro".

Manuel y Julieta no son los nombres reales de los protagonistas (el primero pidió no ser identificado con su verdadero nombre), pero lo que le pasó a ellos es algo muy común. Quizá empujadas con la idea de intentar subir su autoestima o "sólo por molestar", son varias las personas que están en una relación y que se escudan en las redes sociales o las aplicaciones de mensajería instantánea para embarcarse en estas aventuras virtuales.

"La infidelidad es tan antigua como la humanidad. Para el psicoanálisis, el deseo se termina transformando en el deseo de lo prohibido. Todo lo que está legitimado bajo el matrimonio va perdiendo lo erótico, se torna rutinario y apaga el deseo. En una pareja, mantener todo eso encendido implica trabajo psíquico y afectivo de ambas partes. Pero también las redes sociales y otros medios ofrecen la clandestinidad, aunque sea una realidad ficcional", se explayó González.

Para el magister en Psiquiatría, las relaciones que se inician por estos medios (mail, redes sociales, SMS o WhatsApp) se inician con un engaño. "La persona tiene que inventar una personalidad que no tiene, y lo hace con una inmadurez afectiva emocional que es lúdica", sostuvo el especialista, quien resaltó que es acá donde entra en juego el desafío a la "Ley del no todo" del psicoanálisis.

"Uno no tiene todo lo que quiere con una pareja, entonces lo va a buscar en otra. Pero todo eso se desarrolla en el imaginario, con historias eróticas, románticas y hasta sexuales que tal vez nunca lleguen a concretarse. Por eso es que yo las defino como una masturbación mental. Ya sea con palabras, con imágenes (cámara), pero es una realidad virtual. Aún, incluso, cuando llegan a juntarse, porque es una relación engañosa. Eso no significa que tenga menos disfrute", continuó González.

Ante la consulta de si puede cuadrar esta situación como un caso de infidelidad desde el punto de vista del psicoanálisis, el especialista fue contundente. "Haya o no un encuentro físico, la relación se concreta en la realidad psíquica. Es fundamental entender que la plenitud y la completud es imposible encontrarla en un vínculo. Y que si apareció otra persona que nos mueve del status quo, hay que tener la valentía para cerrar un vínculo antes de iniciar otro, si no es una estafa", agregó.

Además, se refirió al sentimiento de culpa, que muchas veces termina incidiendo. "En algunas personas no es condicionante y siguen actuando como si nada. Pero en otras, la mayoría, termina afectando e inconscientemente dejan huellas para ser descubiertos. Y, generalmente, se descubren. La infidelidad lleva al sujeto a estar solo y a reincidir", sentenció.

Por su parte, D'Innocenzo volvió sobre su idea referida que -se concrete o no en persona el encuentro con la tercera persona-, hay una crisis y un deseo por otra persona.

"Lo que debería preguntarse un sujeto en ese caso es cómo está el vínculo con su pareja. Porque si está necesitando buscar a otra persona, es un síntoma de malestar en la pareja", se explayó.

Desde lo legal

Jorge Chaves es abogado, especializado en familia, adolescencia y el uso de las nuevas tecnologías. Para el letrado, las infidelidades virtuales forman parte de un tema "controvertido".

"Constatar un caso así puede constituir una prueba más en caso de que se trate de un divorcio contencioso, más teniendo en cuenta que se trata de un proceso en el que tenés que probar causales para justificar que te querés divorciar", indicó Chaves, y aclaró que esto toma protagonismo cuando se da en el plano de un matrimonio.

"El Código Civil incluye la figura de ?injurias graves' al cónyuge y es allí donde se pueden incluir estas pruebas. Allí se pueden invocar SMS, WhatsApp o mensajes de redes sociales románticos que alguna de las dos partes le haya enviado a un tercero. En un contexto de varias pruebas, hacen su aporte", indicó.

Sin embargo, hay un límite bastante difuso ya que por sí solo no se trata de un causal de divorcio.

"En todo momento prima el respeto a la privacidad, y lo que uno hace y escribe en las redes sociales están regidos primero por ese derecho", agregó Chaves.

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