Esta semana el Gobierno dio a conocer el índice de precios al consumidor del mes de junio, que arrojó un valor de 1,3% en la medición del Indec. Con este dato, cierra el primer semestre con una suba acumulada del 15% en este índice que representa a la inflación.
El índice oficial, nuevamente, ha sido puesto en duda pues marca diferencias con mediciones privadas, aunque también hay dudas metodológicas ya que la medición del Indec es nacional y las privadas miden el área metropolitana de Buenos Aires. De todos modos, el hecho de que se siga manejando el organismo con la gente que manipuló groseramente los índices anteriores en la gestión de Guillermo Moreno, le agrega otra cuota de desconfianza.
Pero basta comparar estos índices con otras mediciones, se advierten discrepancias que demuestran que hay cosas que no cuadran. Por ejemplo, esta semana, un estudio del Observatorio de la Deuda Social, de la Universidad Católica Argentina, reveló que un 40% de la población percibe que sus ingresos no les alcanzan para cubrir los gastos de sus necesidades básicas.
El estudio es amplio porque también mide condiciones de vida, ya sea ambientales, como de calidad de las viviendas y disponibilidad de servicios básicos. No el Jefe de Gabinete salió a desacreditar el informe por presentar “inconsistencias metodológicas”, frase que se usa para descalificar sin dar fundamentos.
Si a estos datos se los cruza con mediciones de caída de la producción industrial, así como con la disminución de la actividad comercial, queda claro que debe haber sectores de la sociedad en situación muy compleja.
A pesar de los millones de pesos que el Gobierno gasta en subsidios queda claro que los efectos de los mismos no se sienten en las capas más bajas de la sociedad, muchas de las cuales carecen de esos servicios.
Y este es el punto de las inconsistencias del mismo Gobierno, ya que le cuesta sostener subsidios, gasta mucho en importar energía y combustibles, genera un abultado déficit que debe ser cubierto con emisión monetaria, pese a la presión impositiva récord, y todo se traduce en una creciente inflación, que es el problema más grave y central de la crisis que afronta la economía argentina.
Será necesario que el mismo Gobierno explique bien todas estas inconsistencias porque, pese a las desmentidas y desacreditaciones que realiza sobre mediciones que no son oficiales, la realidad es muy dura y no deja lugar a dudas.