El impacto sanitario

El interés por conocer la medida del desfase entre lo que cuesta producir y lo que el agricultor obtiene por su producto, fue disparado en las últimas semanas por un par de datos relacionados con la situación fitosanitaria de la provincia de Mendoza respecto de un par de plagas: Lobesia botrana y mosca del Mediterráneo.

En el caso de la polilla del racimo de la vid, su expansión obligó a las autoridades fitosanitarias a poner nuevas áreas bajo cuarentena. En mosca, se reconoce una presencia mayor del insecto en los oasis Norte y Este -aunque no tanto como para poner en riesgo su status de Área de Escasa Prevalencia- y se admite que los problemas de rentabilidad atentan contra las posibilidades de los productores de aplicar tratamientos sanitarios complementarios de las acciones que llevan adelante los organismos estatales.

Pero no todo es cuestión de plata. En ambos casos -como probablemente ocurra con otras plagas de la agricultura de la zona- se deja entrever que, en general, los productores no habrían asumido su cuota parte de responsabilidad en preservar la sanidad de los cultivos, por lo que  no estarían lo suficientemente involucrados en los respectivos planes sanitarios.

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