18 de mayo de 2013 - 22:05

Los humanos no son los únicos copiones

Dios los cría y ellos tal vez se junten, ¿pero los que se juntan desarrollan culturas distintas? Dos estudios publicados en la revista Science encuentran fuerte evidencia de que, como mínimo, monos que andan en grupos y ballenas que nadan juntas hacen exa

Un equipo encabezado por Erica Van De Waal, psicóloga de primates de la Universidad de St. Andrews, Reino Unido, creó dos culturas distintas – azul” y “rosa”, entre grupos de monos vervet (Chlorocebus aethiops) en estado salvaje, en Sudáfrica. Los investigadores enseñaron a dos grupos de monos a comer maíz pintado en uno de esos colores y a rehuir del maíz pintado en el otro color. Los científicos esperaron a ver cómo se comportaban los grupos cuando llegaban integrantes nuevos: bebés y machos migrantes.

Ambos tipos de recién llegados parecieron seguir el ejemplo social al seleccionar su comida. Los monos bebés comieron el mismo color de maíz que sus madres. Siete de los diez machos que migraron de una cultura de color o la otra adoptaron la preferencia local la primera vez que comieron maíz. La tendencia fue aún más fuerte si al comer por primera vez no tenían al lado ningún mono de mayor rango, con 9 de los 10 optando por la variedad preferida localmente. El único inmigrante que se resistió a esta tendencia fue un mono que asumió el rango más alto en su nuevo grupo tan pronto como llegó, y tal vez no le importó un bledo lo que los demás comían.

“El mensaje a llevarse es que el aprendizaje social -aprender de los demás en lugar de con pruebas y errores individuales- es una fuerza más potente de lo que se ha reconocido hasta el momento para moldear el comportamiento de los animales en estado salvaje”, dice Andrew Whiten, un psicólogo evolutivo y de desarrollo de St. Andrews y coautor del documento de investigación.

El estudio es impactante porque es uno de los muy pocos experimentos controlados exitosos en estado salvaje, dice Frans De Waal, director del Centro de Eslabones Vivientes del Centro Nacional de Investigación de Primates Yerkes de la Universidad de Emory, en Atlanta, Georgia. “Indica un nivel de conformismo que hasta ahora la mayoría no creíamos posible”, afirma.

Las ballenas hacen lo que ven

En el segundo estudio, un equipo encabezado por Jenny Allen, estudiante de ciencias de mamíferos marinos de St. Andrews, examinó 27 años de datos de observación de ballenas en el golfo de Maine, frente a la costa oriental de Estados Unidos, para determinar si los ejemplos sociales ayudaron a la proliferación de un innovador método de alimentación entre las ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae).

En todas partes las ballenas jorobadas se alimentan soplando burbujas bajo bancos de peces, que amontonan estrechamente para evitar que naden entre ellas. Cuando las ballenas embisten hacia arriba, pueden tragar un súper plato de peces. Pero en 1980, observadores en el golfo vieron algo nuevo: una jorobada golpeando la superficie del agua con la aleta de su cola antes de proceder a la alimentación estándar con burbujas. Ese año sólo pasó una vez en una muestra de 150 observaciones, pero para 2007 el 37% de las jorobadas del golfo de Maine usaban la técnica, desde entonces apodada alimentación de coletazo.

Para determinar cómo fue que la alimentación de coletazo se volvió tan popular tan rápido, Allen y sus colegas aplicaron un método que se llama análisis de difusión basado en red a observaciones de comportamiento de ballenas jorobadas recabadas por el Centro de Ballenas de Nueva Inglaterra, en Gloucester, Massachusetts, entre 1980 y 2007. La técnica asume que los individuos que pasan más tiempo juntos tienen mayor probabilidad de transmitirse comportamientos. El análisis de Allen encontró que hasta 87% de las ballenas que adoptaron la técnica de alimentación de coletazo la aprendieron de otras jorobadas.

“Sabemos que las canciones de las jorobadas también se transmiten culturalmente”, dice Luke Rendell, un biólogo de St. Andrews y coautor del estudio de ballenas, “así que aquí tenemos una población con dos tradiciones culturales evolucionando independientemente, una cultura”, afirma.

David Wiley, coordinador de investigación del Santuario Marino Nacional del Banco Stellwagen de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, situado en Scituate, Massachusetts, afirma que la investigación es importante e innovadora. “Se suma al creciente cuerpo de información que demuestra la complejidad del comportamiento de la ballena jorobada y sus aparentes raíces en el aprendizaje social”, termina.

LAS MAS LEIDAS