Preside la Cooperativa Conejos Andinos, una entidad de reciente formación que nuclea a alrededor de un tercio de los poco más de 30 cunicultores de Mendoza que van logrando consolidarse en el circuito comercial de la carne.
Preside la Cooperativa Conejos Andinos, una entidad de reciente formación que nuclea a alrededor de un tercio de los poco más de 30 cunicultores de Mendoza que van logrando consolidarse en el circuito comercial de la carne.
Con su socio, Rolando Gerbavac, están ampliando la capacidad de producción de Granja Don Pedro, el criadero que instalaron hace seis años en Colonia Italia, Lavalle, porque están convencidos de que la actividad tiene margen para crecer.
El médico veterinario Horacio de la Rosa brinda un panorama del mercado y de sus perspectivas y expone las ventajas de la integración, aunque reconoce que, “reunir voluntades, no resulta fácil”.
-¿En qué situación está el sector productor de conejos en Mendoza?
-El mercado local sigue con una demanda que no está suficientemente abastecida. Todo lo que producimos lo vendemos. En realidad, si tuviéramos más producción de carne de conejo, venderíamos más. De todos modos, hay que tener en cuenta que no es fácil montar y llevar adelante un sistema productivo intensivo, que es una condición básica para que la actividad resulte sostenible en el tiempo.
-¿Sigue siendo conveniente la relación costo de producción-precio de venta?
-Sí, porque si bien ha aumentado el precio de los alimentos, que representan entre el 70% y el 80% de los costos de producción, también ha aumentado el precio de venta de nuestro producto. El conejo, después de faenado, sale de la granja a $ 47 el kilo. Pueden ser 2 o 3 pesos menos para algún cliente que compre 10, 15 o 20 conejos todas las semanas. Estamos bien en este momento.
-Finalmente concretaron aquella iniciativa de integración que evaluaban hace un par de años…
-Sí, aunque recién logramos poner en marcha la cooperativa -formalmente constituida- hace seis o siete meses. La verdad es que nos costó bastante, porque siempre hay cierta reticencia de la gente a integrarse. Finalmente logramos sumar 10 o 12 productores, de unos 30, o alguno más, que debemos ser en toda la provincia.
-En otros tiempos deben haber sido varios más…
-Nos hemos quedado muchos productores de conejos en Mendoza. De todos modos, la mayor parte de la estructura productiva del sector ha quedado operando y está más o menos consolidada. Además, está distribuida territorialmente. Nosotros, en la cooperativa, tenemos productores de General Alvear, de San Carlos, de Luján de Cuyo, de Maipú, de Guaymallén y Lavalle.
-¿Por qué fueron saliendo productores de la actividad?
-En su momento, hubo un boom porque China no podía ingresar a la Unión Europea. Entonces los frigoríficos, para vender a Europa, salían a comprar conejos vivos y pagaban una exageración. Eso tentó a mucha gente a entrar en la actividad, aunque no todos tenían el conocimiento y una mínima capacidad de inversión, que siempre es necesaria. Los que pudimos seguir, nos orientamos al mercado interno, que sigue muy firme.
-¿Hubo quienes pudieron resolver los problemas de escala que se observaban en otros tiempos?
-Los problemas de escala se van resolviendo de a poco. Somos varios los que estamos tratando de crecer; otros se han quedado. De todos modos, hay gente con capacidad de producción relativamente menor, que igual está trabajando bien. Hoy, en el caso nuestro, el socio de la cooperativa con menor estructura productiva tiene alrededor de 50 madres y está bastante bien encaminado.
-¿Qué actividades ha venido desarrollando, en común, esa decena de productores cooperativizados?
-Esencialmente, la provisión de insumos. En su momento, se nos fueron muy arriba los precios de los alimentos. Salimos a comprar algunos fuera de la provincia, y eso ayudó a que los proveedores locales se ajustaran un poco también. Pero además de alimentos hemos comprado vacunas y algún otro medicamento; inclusive hicimos una compra conjunta de semen.
-¿Han pensado en producir el alimento que consumen los establecimientos integrados?
-Uno de nuestros asociados, en Guaymallén, está tratando de armar una máquina para producir el alimento, pero no es tan fácil. El alimento para las madres tiene que ser elaborado sobre la base de una fórmula muy bien balanceada, para tener mayor fertilidad y prolificidad; mayor número de conejos destetados. Por supuesto, que en esto pesan mucho también otros factores, como la genética.
-¿La faena y la comercialización la hacen también en forma conjunta?
-No todavía. Es algo que iremos evaluando. Nosotros faenamos en el Matadero-Frigorífico Municipal de Lavalle. De igual manera, las ventas las hace cada granja a través de los canales comerciales que ha ido abriendo. Pero en general, se vende a restaurantes, carnicerías y en forma particular también.
-¿Han pensado en opciones para agregarle valor a la producción?
-Tendremos que ver, cuando todos los socios de la cooperativa estemos produciendo a pleno, cómo responde la demanda de carne fresca. Pero la idea es llegar a elaborar escabeche y paté de conejo. Son productos con muy buen valor agregado, que también tienen demanda. En este momento no tenemos tanta oferta y hay demanda sostenida.
A pesar de que la carne de conejo es cara, quien consume está dispuesto a pagar precios que están por encima de otras carnes. Por lo pronto, tratamos de optimizar las condiciones de la producción de carne fresca. Hace poco compramos una máquina para envasar carne de conejo al vacío.