La mayoría de la gente piensa que el tiempo está cambiando pero muy pocos se preguntan por qué. La falta de conciencia, o más propiamente de educación ambiental, permiten que el consumo depredatorio de los recursos naturales continúe sin controles.
De esta forma, con los desatinos que vemos diariamente: desechos en calles, cunetas, ríos y arroyos, sumados a la falta de mantenimiento de las redes de agua potable y saneamiento, el desperdicio del agua, la contaminación peligrosa de fábricas por sus desechos químicos venenosos, quemando rastrojos en los campos para evitar la limpieza manual de tierras cultivables o quemando neumáticos viejos para realizar protestas sociales o laborales, entre otros exabruptos, estamos contribuyendo a crear un desequilibrio ambiental que la propia naturaleza se encargará de restablecer en el mejor de los casos, o de presentar reacciones negativas, como pareciera ser la consecuencia presente.
Los gobiernos permanecen en inacción, a excepción de declaraciones mediáticas o discursos de ocasión que responden fundamentalmente a cuestiones políticas o electorales, siempre de prioridad. Es ilusorio pensar que ellos sean fuente de ayuda al medio ambiente, educando, cambiando tecnologías o creando y cumpliendo leyes de protección.
En nuestro país tenemos leyes ya sancionadas que no se cumplen, como la ley de bosques o de glaciares o el proyecto de residuos electrónicos que continúa demorado vaya a saber por qué razones (¿será lobby empresario por intereses económicos?). Sin embargo, hay casos aislados que comienzan a entender que algo debe hacerse, pero a la manera del general que decía ¡armémonos y vayan!
Todo parecería ser que este asunto es asumido como una tarea de Greenpeace, de esfuerzos privados y de otras ONG ambientalistas, que con sus "extravagancias" suelen divertirnos dejándonos al mismo tiempo un profundo mensaje ambiental. Es claro que mientras estas acciones se sigan realizando, los gobiernos seguirán cómodos derivando fondos para otros propósitos más rentables para sus fines electoralistas de perpetuación en el poder.
Esto ha sido así desde que el mundo es mundo y el hombre ha puesto su pie protagónico en este planeta; el hombre siempre ha priorizado su propio interés personal por delante de cualquier interés colectivo. Con muy pocas excepciones, tal vez los más bondadosos especímenes de nuestro género se han ocupado de lo colectivo una vez saciado lo propio.
La solución, o al menos el buen camino, sería transitar por la guía del pensamiento de Enrique Leff basado en la transformación cultural de la sociedad. Esto es un camino largo pero pareciera ser la única solución en el mediano y largo plazo. De forma inmediata no hay recetas claras, en el cortísimo plazo sólo la tecnología puede ayudar a equilibrar el interés de los gobiernos entre el crecimiento y la sustentabilidad, en tanto y cuanto hubiera conciencia y actitud para producir estos cambios.
Como la solución siempre anda lejos de los extremos, creemos que nuestra obligación pasa por tomar conciencia planetaria de que el crecimiento debe ser manejado con respeto por el medio ambiente, es decir con respeto por la vida misma en este planeta, con los mercados sintonizados con la sustentabilidad y con los Estados como entes reguladores que garanticen el debido equilibrio de todos estos factores.
Borges conceptualiza la idea de la proyección del hombre por encima de sus capacidades precisamente para poder hacer lo que con su naturaleza no puede hacer. Así, dice que ha creado el telescopio para poder ver lo que imagina pero que no puede con sus ojos, los transportes para hacer lo que no alcanza con sus piernas, las herramientas para lo que no puede hacer con sus manos y los libros para desatar la imaginación, la memoria y la fantasía intelectual.
Éste es un concepto muy valioso porque su simpleza nos permite buscar ejemplos que vemos en la mayoría de los casos de la vida real. Así, llegaremos a entender por qué creamos las guerras que manifiestan nuestro poder o nuestro deseo de riquezas o la liberación de nuestros odios, por qué nos valemos de la corrupción, que es una forma sutil de robar sin provocar sufrimiento inmediato a nadie en particular, por qué usamos la violencia y la fuerza bruta como expresión de nuestras pasiones más oscuras. Y por qué creamos modelos políticos y/o económicos para administrar nuestras sociedades para adaptarlas a nuestros gustos y a nuestra manera de ser.
Lo que no estamos entendiendo hasta ahora es qué ha creado o está creando el hombre para vivir en este planeta sin agotar sus recursos naturales y sin contaminar los ríos, los mares, la tierra y el aire que necesitamos para continuar viviendo.
