Es ingeniera electromecánica y una de las dos mujeres que están al mando de una cooperativa vitivinícola en Mendoza. Con 57 años, casada y cinco hijos, Wilhem es socia fundadora y preside la cooperativa Norte Mendocino, que actualmente tiene 66 socios y que el año pasado elaboró más de 360 mil quintales.
La representante cooperativista aseguró que la actividad vitivinícola no tiene rentabilidad, pero que hay que cuidar la ruralidad y el trabajo en el campo.
-¿Qué análisis hace del movimiento cooperativo vitivinícola mendocino?
-Al integrarnos en nuestra cooperativa primaria encontramos una solución a nuestro problema de colocación de la producción a través de Fecovita. Esto nos trajo un nuevo desafío, que fue convertirnos de productores a bodegueros. Era una experiencia totalmente nueva para el grupo de gente que conformó Norte Mendocino.
Nuestra cooperativa primaria, ha crecido sustancialmente en estos años. En 24 años, de tener una sola bodega ubicada en Gustavo André, hemos pasado a tres bodegas: la original en Gustavo André, una en El Chilcal (Lavalle) y la otra en Coquimbito, todas bajo el ala de la cooperativa Norte Mendocino.
En este tiempo hemos ampliado nuestra capacidad de elaboración de vasija y sobre todo hemos apostado a la calidad para mejorar el producto final.
-Con 66 socios, ¿cómo están trabajando el tema de la subdivisión de tierra?
-En particular, en nuestra cooperativa se da el siguiente fenómeno: cuando ha fallecido el socio fundador, los hijos han continuado en la cooperativa como socios. Nuestros hijos ya están en la cooperativa.
Ahora sí se da en el territorio de la provincia el fenómeno de que cuando las superficies son mínimas y se subdividen, no son una unidad rentable; entonces, en ese caso, se desintegra.
-¿En qué se basa el éxito de una cooperativa?
-Lo fundamental, y una de las grandes características de nuestra cooperativa, es la proactividad del Consejo de Administración y de la masa de asociados. La riqueza y participación que hay en las reuniones, en las que cada uno apunta a mejorar nuestro negocio. En la cooperativa tenemos claro que este no es el negocio de uno, sino el negocio de todos; el aporte y la discusión sana son muy valiosos. Además hay que destacar la seriedad que ha mostrado la cooperativa en el pago de sus cuotas y en cumplir con lo que se compromete con el productor.
-¿Cómo ve al productor primario dentro de la industria vitivinícola?
-Hoy la vitivinicultura no es rentable, porque lamentablemente el precio del vino no ha aumentado con la inflación. Los productores de vino somos así: cuando vamos a comprar un kilo de tomates, sacamos la cuenta de cuantos litros de vino nos cuesta. Y realmente nuestra moneda de cambio, que es el litro de vino, se ha depreciado mucho en los últimos tiempos. De modo tal que cada vez que comprás gasoil para el tractor, o fertilizantes, debemos utilizar más litros de vino para solventar el gasto. Debería existir un reacomodamiento de los precios, y luego mínimamente acompañar la inflación.
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Fecovita paga a sus socios el precio del vino por encima de lo que paga el mercado...
-Sí, lo paga y esto es una ventaja competitiva importante. Pero en la góndola está con los competidores. Entonces, esa diferencia que Fecovita puede pagar a los productores por encima de lo que pagan sus competidores está limitada por el precio al que después, en la góndola, están los productos. Por mas esfuerzo que se haga para que los 5.000 productores puedan tener precios diferenciales, eso está limitado por el precio que manejan las otras empresas.
-¿Qué les falta a los productores primarios para ser más eficientes?
-Tiene que ser más rentable su producto. Ahora el productor también tiene que tener una producción mínima por hectárea para sostener su producción. Esto generalmente se dice fácilmente: “Hay que subir los rendimientos por hectárea”, pero requiere inversión y en momentos de crisis es muy difícil realizar esta inversión. Tenés que trabajar en replantes, mugrones, tecnología y riego. Son muchas las variables que hacen que se confluya en una mayor producción. Ahora, cuando se está con el agua al cuello, pocas posibilidades se tienen de encarar eso.
-¿Considera factible pasar a un modelo mecanizado?
-Como una opinión totalmente personal, no creo en el modelo absolutamente mecanizado. Considero que tenemos que mantener la configuración social y espacial que tenemos ahora. No me hago a la idea de que todo sea mecanizado y la gente viva sólo en el conurbano. Sí me imagino a la gente viviendo en el campo, pero viviendo bien: con escuelas, con centros de salud, con calles pavimentadas, o debidamente regadas. Creo que esto de asistir la cosecha es una buena iniciativa, porque por un lado se sigue manteniendo mano de obra y se sigue manteniendo gente trabajando de esta actividad, que es un trabajo muy noble, como muchos otros trabajos. Tenemos que pensar en el diseño que queremos de ruralidad.
-¿Qué perspectivas tiene para 2014?
-Todavía es muy temprano para hablar de la cosecha. Tenemos que ver cómo viene el cuaje y de ahí decidir. Ahora considero que es muy importante apostar a la ley de edulcoración de las bebidas analcohólicas, con mosto. Eso es bueno para la industria, y es sano. Es básico: sacar 50 mil toneladas de mosto para el mercado interno es importante, porque se descomprime la exportación de mosto. Hay que tener stock, pero no para que los precios bajen. La gente de mi edad le tiene terror a la expresión stock de vinos.
-¿Que opinión le merece diversificar una parte de la producción a alcohol?
-Cualquier herramienta que sea viable para que el precio del vino aumente creo que hay que analizarla. Lo que pasa es que se han hecho algunos números y no sería tan accesible hacerlo. Ahora, si vos sacrificás una parte de tu producción para que el otro porcentaje valga unos centavos más, entonces hay que analizar la ecuación completa. Lo importante es que el negocio siga siendo viable. Hay mucha gente viviendo de esto en la provincia.