8 de diciembre de 2012 - 23:13

Hallazgo de infraestructura antigua en Tupungato

Estudios que profundizan los conocimientos del sitio que científicos llaman La Arboleda Fundación, que la tradición y estudios de historiadores locales como Dionisio Chaca (1941) señalan como propio de la instalación jesuítica de principios del siglo XVII

Con la Dra. María José Ots (Conicet-UNCuyo) desarrollamos investigaciones arqueológicas y etnohistóricas en el Valle de Uco, dedicándonos últimamente a prospecciones arqueológicas y excavaciones en el área de La Arboleda de Tupungato, habiendo logrado resultados que publicamos en artículos científicos y divulgamos por medios de comunicación como Los Andes.

En el sitio La Arboleda Fundación pudimos contrastar nuestras hipótesis sobre la formación de los depósitos que allí excavamos, en relación con una determinada situación de la probable instalación jesuítica y con la superposición respecto a la indígena preexistente, como pasamos a explicar siguiendo una de nuestras descripciones editadas al respecto (Bárcena y Ots, 2012).

Excavamos en una zona de inflexión, de desnivel -“escalón”- del terreno del predio, que nos permitió contrastar sondeos enfrentados: unos sobre la superficie más alta, y otros, contiguos, con su nivel superficial a unos 0,80 m por debajo.

Los sondeos demostraron que esa diferencia de cota se remonta a bastante tiempo atrás, por lo que bien pudo existir desde al menos el siglo XV AD un desnivel que a su vez pudo ser propicio en época hispánica para una instalación por encima del terreno circundante.

Al comparar los sondeos, se advierte cierta similitud en la formación de los depósitos. Se reconocen procesos de alteración propios de espacios arados como alternancia de sectores más o menos compactos en los niveles iniciales e intrusión de materiales modernos hasta los 0,50 m. La escasa presencia de estos últimos denota la ocupación principalmente agropecuaria de los últimos siglos.

Más allá de las incidencias de excavaciones de estructuras y rellenos (“basurero”), el proceso de sedimentación es similar y sigue un patrón caracterizado en lo cultural por elementos de los siglos XVII y XVIII, con poco del XIX y XX, apreciándose, principalmente en uno de los sondeos, la presencia de cerámica indígena gris a 1,02 m y a 1,90-2,00 m de profundidad, por lo que a pesar de los rellenos, la hipótesis de la sucesión de ocupaciones desde los tiempos prehistóricos de los pueblos originarios a los coloniales hispánicos se consolida.

Entre 0,30 y 0,90 m de profundidad se identifican estructuras de desecho, cuyo principal contenido son los restos óseos de fauna y vajillas, en algunos casos termo alterados. Predomina la fauna introducida como bóvida y ovicáprida y menor abundancia de la autóctona. Aunque hay restos de ñandú, llama la atención la no determinación de camélidos.

Esos depósitos de huesos de animales, que incluyen el cráneo y cornamenta de un bóvido, podrían ser indicadores de la actividad principal de la estancia que, de acuerdo a la descripción documental de las “temporalidades” de los jesuitas en 1776 (Chaca 1941, Micale 1998) incluía un matadero en el patrimonio de la orden en La Arboleda.

El hecho de que estén representadas prácticamente todas las partes del esqueleto de bóvidos y ovicápridos y que, al menos en bóvidos, no haya elementos con alteraciones térmicas, implicaría el manejo de animales trascendiendo la selección para el consumo y descarte doméstico in situ.

Esto se sostiene además con el caso de los ovicápridos, que presentan la mayor parte de sus elementos no fusionados, por lo que se trataría del manejo de animales jóvenes. El manejo de animales con determinados fines debió ser relativamente antiguo, ya que las marcas en los elementos prácticamente no implicaron herramientas como la sierra metálica, cuyo uso en nuestra región remontaría a mediados del siglo XIX.

Los materiales descartados incluyen escombros (argamasa, vidrios, clavos), principalmente en uno de los sondeos, y sobre todo artefactos de uso y consumo doméstico como vajillas de loza y cerámica. Los estilos cerámicos identificados son mayoritariamente de tradición europea, aunque no se identifican las mayólicas hispánicas (al contrario de lo que sucede en la ciudad de Mendoza, vg. Bárcena y Schávelzon 1991, entre otros) y es escasa la presencia de loza Creamware de fines del siglo XVIII a mediados del XIX.

Se reconoció la sucesión regional de los componentes cerámicos gris indígena, naranja pintado “Viluco” y abundante naranja vidriado colonial que suponemos de manufactura local (estos dos últimos en los mismos contextos).

La datación radiocarbónica de una muestra de 0,35 m de profundidad en uno de los sondeos sólo pudo precisar una cronología “moderna”, que abarca el lapso aproximado de 1600 a 1950 AD; mientras que por termoluminiscencia (TL) se afianzó la pertinencia de remitirnos a los siglos XVII y XVIII, con la presencia de un momento más antiguo, autóctono, que señalaría al siglo XV.

Como se aprecia en esta apretada síntesis de los avances que realizamos y publicamos con Ots, contando con la colaboración de colegas, es grande el potencial de hallazgos en La Arboleda, siendo particularmente notable su densidad en los sondeos del predio actualmente libre de plantaciones y de construcciones, por lo que se tiene una oportunidad cierta de nuevos reconocimientos y rescate de materiales relacionados con la pre e historia de esta parte de Mendoza de al menos los últimos mil años, sin contar que podríamos localizar restos de la infraestructura edilicia de la estancia de los jesuitas y con ella uno de los notables hitos fundacionales de Tupungato y el Valle de Uco.

Justamente esto último es lo que constatamos en nuestra reciente campaña arqueológica en el lugar, contando con los apoyos institucionales, mediante subsidios, de la Sectyp de la UNCuyo, la Anpcyt y el Conicet, la autorización pertinente de la Dirección de Patrimonio Cultural provincial y del señor Angel Tavano, antiguo propietario de los terrenos, para las excavaciones en el lugar. Asimismo, colaboraron en éstas el Prof. Juan Pablo Aguilar (Conicet-UNCuyo), el técnico del Conicet señor Cristian Tivani y las alumnas avanzadas en los estudios históricos y de Arqueología en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo, señoritas Vanina V. Terraza, Gabriela Sabatini y Celina Juárez.

Precisamente, además de contrastar positivamente los resultados precedentes, haciéndolo mediante constataciones por nuevos sondeos arqueológicos en el predio, descubrimos en la parte más alta del desnivel señalado una estructura bien conservada y de unos diez metros de extensión, conformada por piedras escogidas, asentadas con mortero de barro, que conformarían el cimiento de un muro con orientación norte sur, de 80 a 100 cm de ancho, cuyas características constructivas lo asimilan con las propias de los muros antiguos, cuya tradición se remonta a tiempos coloniales.

El hallazgo podría ser el inicio del develado del remanente de la infraestructura jesuítica en el lugar, que aportaría en la significación peculiar del predio, con las responsabilidades patrimoniales que la misma implicaría.

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