7 de abril de 2013 - 22:45

¿Habrá que rediscutir el modelo?

Ya no se trata de un problema coyuntural, porque todo lleva a indicar que continuará en el futuro. Los productores de varietales han perdido presencia en lo que a precios se refiere, mientras los industriales tienen inconvenientes de competitividad.

El problema se está convirtiendo en estructural y afecta a todos los estamentos de la actividad vitivinícola. No hay una fuerte demanda de uvas varietales, lo que influye sobre los precios y afecta a los productores, mientras el pronóstico para las bodegas no es demasiado alentador, si nos atenemos al último parte dado a conocer por el INV, que indica que la comercialización de vinos de febrero descendió un 12,75%, como consecuencia de la caída de las ventas hacia los mercados, tanto interno como externo. Ya se están escuchando voces que indican la posibilidad de re discutir el modelo con miras a futuro porque también el mundo está cambiando.

Los productores

Las empresas más importantes ya están dando señales respecto del futuro del mercado. Aseguran que la matriz de escasez de varietales ha concluido y actualmente hay que competir con valores de entre 40 ó 50 centavos de dólares para el malbec que está destinado a los vinos de cajas de menos de 30 dólares, que constituyen el 80% del volumen real de los mercados. El 20% restante es de los vinos de alta gama, donde los precios por las uvas están determinados por la zona, la antigüedad y la producción de las vides.

En ese esquema se considera que habrá que modificar las variables y se piensa esencialmente en la productividad de las fincas. "Para que un productor de uvas malbec pueda alcanzar rentabilidad deberemos pensar en producciones de 160 quintales por hectárea", dijo un bodeguero consultado, quien reconoció que ello determinará también un cambio en la matriz productiva.

Los más preocupados por esta nueva situación son sin lugar a dudas los productores, especialmente aquellos que realizaron fuertes inversiones en el Valle de Uco, tanto en reconversión de viñedos como en nuevas plantaciones. Al decir de las fuentes consultadas, la producción de esa zona de la provincia tenía por destino abastecer a las bodegas del valle, pero resulta que ahora esas empresas también son proveedores de uva porque no alcanzan a elaborar toda su producción.

Si bien cuenta con algunas zonas importantes en lo que hace a calidad y que seguirán teniendo precios diferenciados, no es menos cierto que no "todo" el Valle cuenta con la necesaria demanda de altos precios. El problema pasa entonces por cómo modificar la ecuación, porque la única defensa que le queda a los propietarios de las fincas es una mayor producción, pero eso no se consigue de un día para el otro, mientras algunos ven con inquietud la posibilidad de que la implantación de varietales se traslade a la zona Este, que cuenta con mayores posibilidades de producción.

El mayor inconveniente se centra en que esta nueva estructura vitivinícola se va a dar en el corto plazo en razón de que ya se están reflejando en los precios. Sucede también que para alcanzar una mayor competitividad a nivel internacional los precios de los productos son fundamentales en el caso de ese 80% del mercado. Chile, por ejemplo, ya se adaptó a esa situación y cuenta con producciones mucho más importantes en sus viñedos que los mendocinos.

"Lo cierto es que una cosa es el realismo del mercado y otra muy distinta el glamour que se intentó dar desde nuestra óptica", sostuvo un bodeguero a modo de autocrítica, agregando que "esto puede llegar a hacer crujir las estructuras que veníamos manteniendo. Ahora necesitamos volumen y precio para la franja mayor del mercado consumidor".

Muchos productores, especialmente del Valle de Uco, están preocupados. "De seguir así la cosa, el malbec de nuestra zona va a valer lo mismo que el del Este, con la diferencia que ellos pueden producir más volumen", afirmó una fuente, asegurando que muy pocos esperaban que ese replanteo sobre el esquema se diera en el sector de los varietales. Señaló entonces que si es necesario un cambio, este se haga con un plan y con el suficiente asesoramiento para no caer en errores.

En ese esquema ya se habla de comenzar a discutir la situación a través de la Coviar -que redactó el plan estratégico 2020- con la participación de todos los sectores. Recordó entonces que la reconversión se realizó con anterioridad al PEVI y se efectuó de acuerdo con lo que cada productor consideró el futuro de manera individual. Especialmente porque había un mercado muy demandante, creyendo que toda la producción estaría destinada a productos de alta gama. Y ahora se encuentran con que se producción deberá ir al mercado real.

Los industriales

Los bodegueros también se encuentran con problemas. La caída de las exportaciones ha determinado también una reducción de las empresas que envían vinos al exterior. Más aún cuando el mercado mundial está cambiando y los graneles se están imponiendo sobre los embotellados, especialmente para los países del Nuevo Mundo vitivinícola. Según se afirma, hace diez años sólo la quinta parte del vino exportado por los cinco grandes productores del Hemisferio Sur (Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda, Chile y la Argentina) salía a granel y el resto lo hacía embotellado.

Actualmente la proporción ha cambiado y casi la mitad del total es granel, esencialmente por el ahorro en el costo del transporte, las presiones de las cadenas de supermercados que quieren comprar más barato y las ofertas de las plantas embotelladoras de Estados Unidos, la Unión Europea o China.

"Esta discusión ya se advertía en el año 2001, durante el Foro de Países Productores del Nuevo Mundo. En las reuniones de Canadá se advertía sobre la discusión entre la marca y el origen. Si la marca prevalece, el origen puede ser cualquiera. Y si el que prevalece es el origen es la marca la que suele perder firmeza. El crecimiento de las exportaciones a granel tiene que ver con la commoditización, la falta de identidad y la estandarización de determinados productos del mercado", dijo Sergio Villanueva, gerente de la Unión Vitivinícola Argentina, quien agregó que "cuando esto se produce hay una tendencia hacia el granel y eso ya lo han vivido Australia y Chile".

Para los industriales, entonces, el problema no es menor. Deben competir a nivel internacional con países con valores muy competitivos por la mayor producción de sus viñedos, con demoras en la devolución de los reintegros por exportaciones y con un dólar más real en cuanto a su valor, mientras se encuentran con un mercado interno con precios congelados, aún a pesar de que sus costos hayan aumentado, incluyendo la mano de obra. El problema entonces pasará por cómo encontrar el necesario equilibrio para evitar que alguno de los sectores resulte más perjudicado. Por el momento, la discusión pasa por el futuro del modelo productivo.

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