18 de octubre de 2015 - 00:00

Gustavo Santaolalla: “Trato de conectarme hace muchos años con esto”

El artista se estrena como presentador de un documental sobre el Camino del Inca. Aquí, los detalles de este proyecto y de sus próximos pasos, en los que incluye a Mendoza.

Hace poco más de un año entrevistamos a Gustavo Santaolalla cuando se estrenaba en nuestro país “El Libro de la Vida” (The Book of Life, 2014), una película de animación infantil en donde se ocupó de componer la banda de sonido y escribir varias canciones. En ese reportaje nos dio la primicia sobre el proyecto de realizar este documental (que comienza en Mendoza) sobre el Qhapaq Ñan, más conocido como el Camino del Inca.

Este sendero recorre seis países desde el centro oeste de Argentina y Chile hasta el sur de Colombia, pasando por Bolivia, Ecuador y Perú. En Argentina atraviesa las provincias de Mendoza, San Juan, La Rioja, Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy.

Bajo la dirección de Andrés Cuervo, el programa consta de cuatro capítulos de treinta minutos que reconstruyen las huellas de una herencia cultural de la civilización incaica, a través de una experiencia visual y estética única. El músico, por primera vez en el rol de presentador, nos contó los objetivos y anhelos que tenía con la realización de este programa.

- ¿Cómo nace el proyecto?

- La idea la tengo hace bastante tiempo. Se relaciona con la búsqueda de toda mi vida, desde la banda Arco Iris, pasando por el álbum “De Ushuaia a la Quiaca”. Al final del programa cruzamos a Bolivia en donde tuvimos un encuentro con Evo Morales muy lindo.

Llegué a la Puerta del Sol, en donde nunca había estado en mi vida, y ahí hay dos imágenes de dos tapas de Arco Iris: la de “Sudamérica o el regreso a la aurora” (1972) e “Inti Raymi” (1973). Para mí es una cosa que tiene que ver muchísimo con todo mi camino en busca de la identidad. Y así como hicimos “De Ushuaia a la Quiaca” siempre pensé que estaría bueno hacer algo con el Camino del Inca.

La gente piensa que se trata solo del tramo entre Machu Picchu y el lago Titicaca y en realidad se extiende por el norte desde Cuzco hasta Colombia, y para el sur desde Cuzco hasta Mendoza.

Precisamente en Ranchillos, en donde está el sitio arqueológico, que es en donde nosotros comenzamos la travesía. Por eso la serie se llama “Qhapaq Ñan, Desandando el Camino”; porque lo empezamos en donde termina, y cubrimos las siete provincias de Argentina y el tramo que pasamos a Bolivia.

Lo interesante del Qhapaq Ñan es que es fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. Y es en donde se aúnan seis países en un mismo proyecto de lo que es este sendero vial andino, inclusive que existe en tramos desde antes de los incas.

- ¿Qué fue lo más difícil de hacer en este programa?

- Fue un tema encontrar un lenguaje. Era la primera vez que estaba haciendo de anfitrión en un programa y también como productor. No queríamos que fuera como el típico magazine donde el presentador está parado mostrándote de lo que va a hablar.

No tengo nada en contra de ese formato, de hecho hay algunos que están muy bien hechos, pero buscábamos otra cosa. Ni tampoco que fuera un documental lleno de información, tanta que después que termina el programa no te acordás de nada. Queríamos que fuera algo realmente sensorial y que cuando terminara te sintieras motivado para ir a visitar y conocer esos lugares, a esa gente.

Acercarte y quizás tener una apreciación de la naturaleza, de la importancia de preservarla y también ver a nuestro planeta de forma diferente a la que tenías antes de empezar a ver el documental. Creo que a través de lo que buscamos visualmente, de la música, y con la utilización de los sonidos, se logró.

- Contanos lo de la pluma de cóndor.

- Eso fue una cosa maravillosa que se dio y que nos ayudó también muchísimo para darle una continuidad a los capítulos. Nosotros comenzamos en Mendoza junto a la comunidad Guaytamari con Claudia Herrera, y como originarios nos obsequiaron una pluma de cóndor, del ave sagrada, con un hilito rojo para que toda la gente que fuéramos encontrando en el camino, con la que conectábamos, con la que establecíamos una relación, le fuera agregando un nudo.

Esa pluma se fue llenando y llenando, porque así como estuvimos con los huarpes, también estuvimos con los diaguitas, los quilmes, los coyas. Y al final termina el programa cuando le entrego esa pluma a quien yo considero uno de los grandes referentes de lo que son los pueblos originarios: Evo Morales. Eso fue algo muy lindo. No fue planeado, se dio así mágicamente.

La serie tiene algo bastante espiritual también, de tratar de conectarte un poco con esa dimensión del tiempo y del espacio tan distinta que tienen los pueblos originarios a la que tenemos nosotros, ¿no?

- ¿Vos te pudiste conectar?

- Trato de conectarme hace muchos años con esto, a través de muchas cosas: la música, la meditación, estar cerca de esos lugares. Creo que si hay algo que tratamos de transmitir en el programa es el valorar lo que es la naturaleza, lo que es la pachamama, el planeta en donde vivimos. Y la importancia que tiene el cuidarlo, el saber que es nuestra casa y lo fundamental que es para nuestras futuras generaciones, para la continuación de nuestra vida, nuestra especie. El tener una relación distinta con el planeta de la que habitualmente tenemos.

- En los capítulos tocás varios instrumentos…

- En general toco la guitarra, en algunos episodios los tubos. Toco un poquito el ronroco; el matungo, que es como el ronroco pero todavía más grave. De todo un poquito. La música tiene mucho que ver con lo que son los capítulos, la combinación de los sonidos, de la naturaleza, las imágenes…  Hacen a gran parte de lo que es el programa.

- Tu música se refleja perfectamente en este programa.

- Tiene que ver con el tema de la identidad y de estar conectado con eso. En la música que se usó para el documental hay temas de mi álbum “Camino”, hay cosas que hice originalmente para la serie, y otras que ya había usado para un documental que hice sobre el Tibet (NdR: se refiere a “The Sun Behind the Clouds: Tibet’s Struggle for Freedom”, de 2010).

Es que también le encuentro conexión con los lugares de altura en el mundo, los que ya exceden los cuatro mil metros empiezan a parecerse y me parece que da. En lo personal, adoro la altura, y esta es la única civilización que tiene un sendero vial de tantos kilómetros a esa altitud, en donde la mayor parte del camino está por arriba de dos mil metros.

- ¿Con esta experiencia nueva, te dieron ganas de hacer más cosas?

- Sí, me dieron muchas ganas de seguir. Como ya dije, como presentador no quería tener ese protagonismo típico. Quería de alguna manera fundirme con la gente que nos encontrábamos y con los paisajes. Ser un poco una persona con la que el espectador se puede identificar de una forma sencilla, con ese tipo que anda por ahí en esos lugares.

De una manera sencilla conectarme con la gente de esa forma, pero sin ocupar un lugar de protagonismo. No me interesaba. Hay una oportunidad de continuar el Qhapaq Ñan y hacer todo lo que es la parte de Ecuador el año que viene, vamos a ver si se concreta.

- ¿Tenés pensado también presentar el documental en el exterior?

- La idea es poder presentarlo regionalmente primero, el paso siguiente sería poder mostrarlo en otros lugares de Latinoamérica. Y después, obviamente, si se puede mostrar aquí en Estados Unidos estaría buenísimo también.

Creo que acá hay vías que se pueden utilizar para mostrar el documental: canales latinos o culturales que pueden llegar a estar muy interesados. Y en Argentina también mostrarlo en distintos lugares, no solamente a través de la televisión. Poder llevarlo a las escuelas, a otros lugares.

- ¿Qué ganaste al hacer este programa?

- Ratifiqué muchas cosas que sentía y que pensaba, y que se relacionan con ver y ser testigo de la existencia de gente que tiene una visión muy diferente de lo que es la vida en este planeta a la que tenemos nosotros. Manejan otros tiempos, manejan un respeto por la naturaleza diferente.

No sé si todo eso es lo que saqué pero se ahondó en mí esa necesidad de preservar esos lugares, de ver lo que tenemos. Una de las cosas maravillosas es seguir viendo y descubriendo lugares en nuestro país que son increíbles. Por ejemplo un lugar como el Cañón del Ocre, que no tenía ni idea de que existiera, que es maravilloso y que está en nuestro país.

También pude llegar a lugares a los que solamente haciendo el Qhapaq Ñan podés llegar, que hay partes de hecho que coinciden con la Ruta 40, porque era el camino lógico para tomar.

Tanto los originarios como los incas no eran tontos. Hoy en día seguimos utilizando tramos que ya habían sido utilizados antes, porque son los mejores para ir de un lugar a otro. Pero hay tramos todavía que quedan de esa época, por ejemplo entre Santa Ana y Valle Colorado. El camino está con adoquinado y todo.

- Contame tu experiencia en Mendoza.

- Mendoza es un lugar que adoro. Tenemos ahí nuestra finca querida, divina, que se llama La Luna y está ubicada en Lunlunta, en Luján de Cuyo. Un lugar maravilloso, un lugar de retiro donde fue muy lindo comenzar. De hecho, en el primer capítulo, donde estoy tocando el matungo en el fuego, hay imágenes de mi finca.

Me dio mucho gusto comenzar el proyecto de desandar el camino en esta provincia. Es un lugar muy, muy, muy entrañable para mí, y siempre estoy soñando cuándo puedo volver. Casi siempre, dos o tres veces al año, voy a visitar. Espero pronto poder ir por allá de nuevo.

- ¿Tenés pensado hacer algo más que involucre particularmente a Mendoza?

- Lo que se vaya presentando, porque la verdad estoy súper ocupado con muchas cosas. Por ahora sigo con el proyecto del vino, en menor escala con lo de la cerveza Grosa, pero la verdad es que mucho más tiempo para hacer más no tengo en este momento. Ojalá que en el futuro lo tenga, me encantaría.

- ¿En qué otros proyectos estás trabajando?

-En este momento acabo de terminar el primer acto de la versión musical de “El Laberinto del Fauno”, de la película de Guillermo del Toro. Lo estoy escribiendo con Paul Williams, el icónico y legendario cantautor. Él escribe las letras y yo la música. Es un proyecto enorme, donde está involucrada no solamente la productora de Guillermo sino también el Cirque du Soleil.

También estoy empezando a gestar lo que va a ser el próximo disco de Bajofondo, trabajando en un proyecto de un libro sobre el Qhapaq Ñan que se va a editar en Argentina, y también preparándome para algunas cosas interesantes que tienen que ver con la música y que se vienen el año que viene de las que todavía no puedo decir nada.

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