10 de febrero de 2013 - 04:53

Guillermo Rigattieri: escultor con todas las letras

Su obra forma parte de colecciones públicas y privadas en países como Estados Unidos, Inglaterra, España, Portugal, Suiza y Australia, entre otros. Ha recibido numerosos premios a nivel nacional y provincial. El metal es el material que utiliza para su ob

Guillermo Riggattieri es uno de los escultores más reconocidos de nuestra provincia. Desde hace bastante tiempo sus figuras en metal se destacan en la escena artística local. Rigattieri nos recibe en su casa de la Sexta Sección, con su buena onda de siempre.

El lugar contiene excelentes trabajos de su autoría. Su taller es un espacio fascinante, donde abundan los elementos de creación. A los pocos minutos de llegar y realizar un recorrido por su espacio, estamos en plena entrevista.

-¿A qué edad comenzaste a hacer esculturas?

-Creo que recién a partir de convertirme en escultor hice memoria sobre eso. A los 14 años empecé a ir a un taller en San Rafael, con Ricardo Rosas. Eso era fuera del horario escolar. Era una actividad recreativa. Ahí hacía algunas esculturas con cerámica en frío, modelados.

-¿Tu inquietud por la escultura es algo familiar o algo personal?

-Es algo mío. Mi viejo viene de la arquitectura. Pero de todas maneras él siempre me inculcó mucho la cultura.

-¿Qué te decían tus amigos cuando a los 14 años ya estabas modelando figuras y haciendo tus primeras esculturas?

-Era algo excéntrico. Salía del común de lo que hacían los chicos de esa edad. Pero eso era lo único diferente. De todas maneras tampoco estuve tanto tiempo yendo a ese curso. Creo que fueron dos temporadas en total.

-¿Pero eso te empujó para dedicarte a la escultura como profesión

?

-Eso me empujó a tener la inquietud de empezar a estudiar diseño y artes plásticas en la Universidad Nacional de Cuyo. Apenas entré en la universidad, en primer año, nos llevaron a conocer algunos talleres de artistas importantes de Mendoza.

Ahí fue que llegue a los talleres de Roberto Rosas (NDR: gran escultor de nuestra provincia) y Eliana Molinelli (NDR: importante escultora y docente universitaria de Mendoza). Eso fue lo que me hizo entender cuál era mi verdadera vocación.

-¿Terminaste el cursado en la Universidad?

-Estuve cuatro años y luego tuve que dejar porque tenía mucha demanda de trabajo en mi taller. Además tenía decidido que iba a dedicarme a la escultura. Entonces empecé a utilizar la mayor cantidad del tiempo que podía en eso.

-¿Rosas y Molinelli te ayudaron en tu profesión?

-Sí claro, por supuesto. Eso era lo bueno de la facultad. Teníamos muchos profesores que eran fantásticos. El sólo hecho de ser alumno de la facultad nos posibilitaba tener charlas con grandes maestros.

Había un gran intercambio con los profesores. Con Roberto (Rosas) por ejemplo nunca tuve una clase. Pero me marcó mucho. Es una persona muy agradable para hablar. Explica, enseña, muestra. En cada charla con él yo era como una esponja, absorbía todo.

-¿Por qué empezaste a utilizar el metal como material de tus esculturas?

-Primero tuve experiencias en yeso, que es un material más blando. Y de ahí pasé al metal, que es un material directo. Todo lo que hacés queda. Permite retroceder, arreglar y hacer formas que tengan puntos de apoyo finos.

-¿Es común trabajar sobre metal entre los escultores?

-Hoy por hoy sí. En la actualidad el metal está más cerca de los escultores que están empezando. Ya no hay tanta distancia como antes. Antes se practicaba menos con este material.

-¿En algún momento de tu vida pensaste en dedicarte a otra cosa?

-Desde el momento en que me decidí a tomar esto como una profesión, nunca tuve inquietudes sobre el tema. Al principio, confusamente empecé a estudiar diseño, pero fue porque venía con el chip de mi familia. Eso significaba que estudiar una carrera era ir a la facultad, recibirse y luego tener un trabajo de x cantidad de horas semanales con una remuneración mensual. Pero apenas tenía 18 años y la adolescencia suele ser un momento de gran incertidumbre. De todas maneras apenas pisé un taller descubrí que lo mío era la escultura.

-¿Cómo es ser artista en Mendoza?

-Yo he tomado este oficio como una profesión. Me levanto y trabajo de escultor determinadas horas. Tengo un esquema armado como cualquier persona que va a su oficina o lugar de trabajo. El segundo tema es ver cómo se puede subsistir siendo artista.

Y ahí creo que tuve la suerte de que la gente siempre se haya interesado por lo que hago. Además tengo un mercado acá y también una galería que promueve mi obra en Estados Unidos.Vivo bien, bajo las pretensiones que tengo.

-¿Cómo es el mendocino en relación al arte? ¿Crees que tiene conocimientos?

-Yo creo que desde hace un tiempo la gente ha ido accediendo y acercándose más al arte. Eso le permite ir aprendiendo. Además hoy por hoy hay mucha más información sobre arte que en otros tiempos. En la televisión, en internet y en muchos otros canales de comunicación. Hoy sin salir de su casa alguien puede ver imágenes, obras, investigar.

Tal vez no hace falta ir a una galería. Con sólo ser amigo de un artista, en una herramienta como Facebook se puede conocer su obra. Ese artista seguramente en su perfil tenga muchas fotos de lo que hace. Es una especie de proselitismo cultural.

-¿Por qué en Mendoza no hay tantas galerías de arte?

-Los medios de comunicación pueden ser una razón. Y otra es que no se cuán grande es Mendoza en este rubro en la actualidad. O cuán grande es el circuito artístico comercial de la provincia. También hay que tener claro que algunas galerías no dan ciertas seguridades. Siempre el artista es quien asume todos los riesgos. Y el que necesita seguir subsistiendo gracias a la venta de su obra. En cierta medida el trabajo del artista es doble.

Por un lado debemos crear la obra y luego tratar de venderla. Obviamente que todo eso consume mucho tiempo. Pero esa forma es el pequeño ecosistema que yo he encontrado para poder seguir trabajando como escultor y sobre todo poder seguir viviendo de mis ventas.

-¿Cuando arrancaste en esta profesión imaginabas el Guillermo Rigattieri de hoy?

-Creo que esto es el resultado de la idea principal que tenía para mi vida. De no haberme corrido nunca de esa idea. Siempre con naturalidad y yendo hacia adelante. Creo que tuve la suerte de saber qué es lo que quería hacer. Y no me extraña ver el lugar que ocupo.

Tal vez podría haber hecho mucho más. Soy consciente de que el esfuerzo que he realizado ha sido honesto y me ha traído a un lugar en el que estoy muy bien. También estoy sumamente agradecido de que a la gente le guste lo que hago y de poder vivir de esto.

-¿Cuándo comezaste a percibir que tu obra agradaba a la gente?

-Al principio la obra era muy ingenua. Su desarrollo técnico era tosco. Pero vendía muy accesible y ahora también. No obstante, desde el comienzo había gente interesada. Creo que el humor y la ironía de la obra hicieron que la gente se enganchara.

-¿Cuánto vale una obra de Guillermo Rigattieri?

-Depende de la obra. Pero tal vez unos $ 7.000, como promedio.

La música

-¿Siempre te gustó la música?

-La música estuvo en mi vida desde siempre, pero no activamente. Cuando era chico mi padre me regaló un bajo, pero creo que era casi una moda. Andaba con el instrumento en su caja y me creía una estrella de rock. Tenía 16 años. Al tiempo aprendí a tocar y después lo vendí. Luego, de grande, mi esposa me regaló otro bajo. Y ahí me puse a estudiar. Después me junté con un par de amigos y empezamos a tocar algo un poco más profesional.

-¿Qué hacés hoy por hoy dentro de la música

?

-Tengo algunos proyectos. Estoy en una banda que se llama Octopus, en la que tocamos rock de los ’70. Y otra banda que es con el enólogo Marcelo Pelleriti, más Mario Aranitti, Pierino Raguzzo y Mariana Chrabolowsky. Esta banda todavía no tiene nombre, pero hemos tocado bastante en eventos. Además nos juntamos todos los fines de semana. Ahí tocamos, tomamos unos vinos y comemos algo. Es muy divertido.

-¿Qué es lo que más disfrutás de tu día a día?

-Hoy lo que más me gusta es disfrutar de mi hijo, que tiene dos años y medio. Comparto mucho con él. Mañana, tarde y noche. Y el laburo siempre es una satisfacción. Es algo placentero y totalmente necesario.

LAS MAS LEIDAS