Cada uno juega sus cartas y todo lleva a indicar que los dos mienten. Por un lado el Gobierno, que anuncia el aumento del mínimo no imponible antes de que se reúnan las paritarias, a sabiendas de que cualquier incremento salarial que se alcance en las discusiones absorberá el aumento anunciado, mientras paralelamente sale a anunciar un "acuerdo" con los supermercados para que congelen precios durante sesenta días, precisamente el lapso en que se discute el grueso de las paritarias.
"¿Qué va a pasar después, cuando se levante la compuerta de los precios?", se preguntaba días pasados un dirigente sindical. Pero el sindicalismo no se queda atrás. Plantea que las paritarias se deben "reactualizar" a mediados de año, aduciendo el problema de la inflación, pero en el fondo sabe que, por tratarse de un año electoral, al Gobierno le resultará muy difícil aplacar los pedidos de aumento en junio, a pocos meses de las elecciones generales.
Lo más interesante del caso es que unos y otros se conocen y saben que siempre "van por más", por lo que las negociaciones se tornan cada vez más complicadas. Con un agravante: la actual discusión se mantiene en momentos en que, por el hecho de que comienza el período escolar, los reclamos de los trabajadores se multiplican porque crecen sus gastos para enviar a los chicos a las escuelas.
Hay un hecho concreto: si el Gobierno creyó, en octubre del año pasado, que dividiendo al movimiento obrero sus problemas se solucionarían, se equivocó de medio a medio. Porque el sector que conduce Antonio Caló, allegado a la Casa Rosada, poco a poco ha ido tomando distancias y se acerca en los reclamos a los que efectúa el grupo liderado por Hugo Moyano.
Tanto uno como el otro consideran que en las paritarias los incrementos salariales no deben ser inferiores a 25% y los dos también rechazaron el aumento del impuesto a las ganancias por considerarlo insuficiente.
También los dos aseguran que si persiste una inflación alta, las paritarias deben ser desdobladas. La diferencia recae, por ahora, en que mientras Hugo Moyano tiene un discurso confrontativo, Antonio Caló aparece más moderado, pero siempre en el plano de los discursos y será el tiempo el que determinará si esos discursos se manifiestan en los hechos.
Hemos hecho alusión a las dos centrales obreras más fuertes, porque el sindicalismo cuenta con otros tres sectores. La CTA que conduce Hugo Yaski, muy alineado al Gobierno que aceptó el aumento del impuesto a las ganancias ("peor hubiera sido que no nos dieran nada", dijo el pope sindical); la que lidera Pablo Micheli, muy allegada a Hugo Moyano y más propensa a los reclamos abiertos y la CGT Azul y Blanca, con el gastronómico Luis Barrionuevo a la cabeza que sale a plantear soluciones insostenibles, como una nueva elección para nuclear en un mismo organismo a todo el sindicalismo, aunque planteando que ni Moyano ni Caló pueden ser candidatos.
En ese marco de situación, la intención del Gobierno es que en las paritarias se fije un "techo" de 20%, un porcentaje muy alejado del mínimo reclamado por las dos centrales obreras principales. Con un aspecto no menos importante, cómo es que no cuenta, ahora, con un gremio fuerte que "marque" el incremento, como en su momento sucedió, durante la gestión de Néstor Kirchner, con el aumento logrado por el gremio de los camioneros.
Estamos en los primeros escarceos, en los pedidos de parte del sindicalismo, la inquietud del Gobierno y en tercer lugar aparecen los empresarios, la tercera pata de la mesa y que, al parecer, es el sector con menores armas a su alcance para fijar posiciones.
