Creemos que rescatar algunos de los escritos y anécdotas del propio autor de nuestro teatro griego, el notable arquitecto Daniel Ramos Correas, fallecido en 1991, será valioso para todos aquellos que aspiran saber cómo ocurrieron las cosas de la arquitectura paisajística y del ambiente de Mendoza.
El Gran Teatro al Aire Libre, como lo designara su proyectista Ramos Correas, nace porque la naturaleza del paisaje de los cerros mendocinos ya lo había concebido y, por la necesidad de contar con un ámbito capaz de albergar un espectáculo acorde con la importancia que Mendoza daba a su fiesta máxima. Veamos lo que decía el propio creador.
"La Fiesta de la Vendimia, espectáculo fundamental de Mendoza, que el pueblo está incorporando a sus mitos regionales, exige un escenario digno de la misma. Ese escenario es el Gran Teatro al Aire Libre" (Daniel Ramos Correas. enero 27 de 1940. Plan de Conservación y Mejoramiento del Parque General San Martín).
El lugar lo descubrió cuando empezó a recorrer la zona del Cerro de La Gloria, a caballo, con otro empleado de la repartición. "Fui viendo la tierra, el movimiento del suelo, hasta que llegué a la cima del cerro. Estaba lleno de yuyos, que me tapaban. En ese tiempo, había soldados que cuidaban, porque durante la noche se armaban revuelos en el cerro. En ese momento, nosotros vimos a uno de esos soldados que andaba por la parte de abajo, le gritamos para llamarlo. Pero el uniformado, como no lograba divisarnos, nos contestó: ?¡Los voy hacer? sonar de un balazo!' Yo lo escuché perfectamente. Ahí me dí cuenta de la acústica del lugar" (DRC. 30 de abril de 1988. El Anfiteatro, Diario Los Andes).
Su emplazamiento no obedeció a la artificiosa acción de las manos del hombre. Sólo fue necesario descubrir el lugar y adaptar la arquitectura a la esencia del paisaje y del espectáculo, sin imponer la voluntad del proyectista. Él agregaría: "Dentro del radio de influencia del Cerro de La Gloria y como formando parte de su amplia base geológica y de su imponente marco aéreo, la naturaleza ha querido completar su prodigiosa creación permitiendo que la montaña ofrezca la posibilidad de un gran anfiteatro. El Cerro de La Gloria, los cerros vecinos, hacia el sudoeste, trazan, en efecto, una gran hondonada u hoya rocosa fácilmente aprovechable para la construcción del anfiteatro de referencia, que está poco menos que hecho y que, por ello, no sería una empresa absurda ni utópica en el sentido técnico y económico" (DRC. 1940. Plan de Conservación y Mejoramiento del Parque General San Martín, Informe a la Legislatura).
El arquitecto Ramos Correas expresaba en 1940 en su informe a la Legislatura: "No hay otro sitio que se preste mejor y con mayor eficacia a las grandes concentraciones de masas populares, ya durante las Fiestas de la Vendimia que encontraría una vigorosa propulsión, o bien para certámenes deportivos o representaciones artísticas". Anticipó: "Terminada la obra se tendrá la impresión de que ésta se halla unida íntimamente al paisaje, formando parte del mismo como si la mano del hombre no hubiera intervenido en su construcción".
El espectáculo era la esencia y todo se conjugó para que la obra arquitectónica no lo opacara: "El clima, el ambiente de ese teatro debe estar integrado por el paisaje (...) y nada puede igualarse como representación de maravilla al espectáculo que ofrecería esa obra en pleno funcionamiento, con dominio del inmenso panorama de los cerros pre cordilleranos, del horizonte sin limitaciones".
Los designios del arquitecto no podían ni debían imponerse a la magnificencia del paisaje y a la nobleza de la fiesta: "Para que el escenario sirva dignamente a la grandeza de ese mito popular que es la Fiesta de la Vendimia, es preciso mantener la digna apariencia del paisaje, reforzándolo a lo sumo, con los elementos naturales necesarios. Jardines colgantes, con amplias manchas y verdes, a la manera de los faldeos del Parque Zoológico. Grandes isletas de árboles que sirvan de telón de fondo a lo que será el centro de la escena".
"Responderá a esto su trazado y por ello, toda las estructuras de graderías destinadas a la ubicación de los espectadores se ejecutarán con piedras del mismo sitio y una terminación en armonía con el ambiente. Solamente en la escena habrá una manifestación de arquitectura a base de grandes bloques de piedra armónicamente dispuestos, aunque sin sujetarse a ningún estilo, con el objeto de dejar libre la fantasía y que sirvan para cualquier espectáculo". (Ramos Correas, Los Andes, 2 de noviembre de 1941).
Para Ramos Correas, nacido en Talcahuano (Chile, y que acostumbraba ver junto a su familia, el anfiteatro natural de la bahía, y desde su casa en lo alto, podían escuchar las bandas de música de los barcos que llegaban al puerto, esta obra no era un teatro griego, ni un anfiteatro, ni un teatro romano, era un gran teatro natural al aire libre y decía: "En el teatro de masas, el escenario debe estar construido por el conjunto arquitectónico, por el paisaje circundante y hasta el público mismo que, sumándose al espectáculo, es parte de la obra... la realización de espectáculos para un teatro semejante, exige verdadera recreación del género. No es tarea vana la que se prevé. Se trata de crear. Y ya sabemos que los pueblos sobreviven, por la energía, originalidad y tesón con que son capaces de crear" (DRC. 1940. Plan de Conservación y Mejoramiento del Parque General San Martín, Informe a la Honorable Legislatura).
El ministro de Obras Públicas, ingeniero Frank Romero Day, comparte esta iniciativa, y el gobernador Cano no sólo la avala sino que pide a Romero Day que se ponga al frente de su ejecución. Pero lamentablemente los vaivenes de la política paralizan por más de 20 años las obras y: "Es recién en 1963, cuando la gran Fiesta de la Vendimia se realizó por primera vez en el escenario del teatro griego, en plena zona serrana transformada fantásticamente por la mano del hombre, que dio vida a los cerros y los incorporó al espectáculo. También en 1964 el espectáculo se realizó allí y millares de ojos asombrados" (Anuario Vendimia. Marzo de 1965. Diario El Tiempo de Cuyo).
Previamente a la inauguración de la Fiesta de la Vendimia, el Gran Teatro al Aire Libre, 1954, vibró con la Cantata en homenaje a San Martín, con la presencia del presidente Juan D. Perón y su esposa Eva Duarte.
Esta obra no sólo fue reconocida a nivel nacional sino que fue valorada junto con el conjunto de acciones realizadas en el Cerro de la Gloria: remodelación y puesta en valor del conjunto escultórico del Monumento al Ejército de Los Andes, el Parque Zoológico y la recuperación del foso de los osos para el Pequeño Teatro al Aire Libre, hoy Pulgarcito, en el Parque San Martín presentada en la Primera Bienal Hispanoamericana de Arte, Madrid 1952 donde obtuvo el primer premio.
Sus acciones como arquitecto paisajista de Mendoza forman parte del volumen dedicado a espectáculos de Esempi, con más de 464 ejemplos de diseños para espectáculos de todo el mundo. En la publicación se detalla: "El gran teatro de Mendoza se desarrolla en un paisaje grandioso; el carácter desértico se ha conservado en su forma original; el teatro tiene una capacidad de 40.000 personas sentadas. El entorno circundante desnudo forma un notable escenario acústico y su desnudez, contrasta violentamente con la rica vegetación de la ladera vecina" (Bajada del Cerro de La Gloria).
"Esta aridez del teatro de Mendoza y el vaso de agua que nace al pie de las gradas son para los descendientes de los pioneros inmigrantes el símbolo de la lucha que se ha desarrollado en esa región entre la tierra y el hombre" (Aloi, Roberto. Diciembre de 1957, Architetture per lo Spettacolo, Esempi. Ulrico Hoepli Editore, Milán).
Nuestra idea, hoy que festejamos los 50 años ininterrumpidos de la Fiesta de la Vendimia en el teatro griego Frank Romero Day, fue hacer un poco de historia y contar con palabras de su propio autor cómo fue concebido el Gran Teatro al Aire Libre que identifica a Mendoza en el mundo con su fiesta popular.
Las opiniones vertidas en este espacio, no necesariamente coinciden con la línea editorial de Diario Los Andes.