2 de octubre de 2012 - 00:32

Una gran pérdida de confianza

Lo ocurrido en los últimos doce meses respeto del mercado de cambios en Argentina no tiene antecedentes. Hubo desdoblamientos, restricciones varias, pero nunca algo similar a lo que se ha vivido hasta ahora y seguiremos contemplando en los próximos dos años.

Argentina salió de la crisis de 2001/2002 muy golpeada. El corralito, la pesificación asimétrica y la corrida inflacionaria impactaron muy duro en los ahorristas argentinos. Una vez que se salió del corralito, muchos prefirieron comprar dólares y depositarlos en el exterior. Le habían perdido la confianza al Estado y a los bancos.

Durante el gobierno de Néstor Kirchner mucha gente compró dólares, pero no hubo consecuencias. Con la gran devaluación, se multiplicaron las exportaciones y lo único que se importaba eran bienes intermedios y algo de bienes de capital. El gobierno compraba todos los dólares y, como el superávit era muy grande, habían acordado que petroleras y mineras podían dejar el resultado de sus exportaciones en el exterior.

Hasta 2006 casi no había fuga de capitales en términos preocupantes. Los saldos siempre daban bien y las reservas crecían. Pero había un secreto: no había inflación. De esta manera, la compra de divisa extranjera era una manera de ahorro no masiva y la paridad cambiaria, muy favorable, favorecía la llegada de turistas extranjeros que traían sus dólares y no les resultaba fácil a los argentinos viajar al exterior.

A partir de 2007 el panorama se complicó porque la inflación comenzó a dispararse y le dieron instrucciones al secretario de Comercio, Guillermo Moreno, de que hiciera algo. El funcionario intentó a un tímido control de precios pero intervino el Indec y comenzó a alterar los índices de precios. Simplemente se consignaban los precios oficiales y no los reales.

El aumento de la inflación fue lo que llevó a las personas a acelerar la compra de dólares y se denomina fuga porque no están dentro del sistema. Pero también aumentaron los plazos fijos en dólares, y estos son contabilizados como Reservas del Banco Central.

A medida que pasaba el tiempo y la inflación se aceleraba, también se recalentaba el mercado, pero el gobierno, hasta 2010 no hizo nada. ¿Por qué? Simplemente, porque la fuga de capitales evitaba que el gobierno tuviera que emitir para comprar los excesos del superávit comercial y los que dejaban los turistas. En realidad, sin fuga de divisas, es probable que la emisión monetaria hubiera sido mayor o que el dólar hubiera bajado de precio ya que había más dólares que pesos.

En 2011 el panorama se complicó. La gran emisión generó mucho circulante, las tasas de interés no compensaban la inflación y la gente ahorraba comprando bienes. Los más conservadores, compraban dólares. Pero todo cambió después de las elecciones que dieron a Cristina Fernández otro mandato.

Ya sabían que 2012 era un año complicado y había que pagar vencimientos de deuda por 10.000 millones de dólares. La sequía había dañado la producción de granos y se pronosticaba otro año malo en 2012.

Como el Estado ya venía arrastrando déficit, los pagos de deuda había que hacerlos con reservas y no podían permitir más salida de dólares.

Las medidas fueron cada vez más restrictivas y eso alteró los ánimos, mientras aparecieron mercados paralelos. Pero hay que reconocer que los ánimos están caldeados porque todos reconocen que el valor real del dólar es el del paralelo, pero quieren comprarlo a precio oficial y no les venden.

Con esta tasa de inflación, seguramente las restricciones seguirán. El gobierno seguirá gastando divisas y emitiendo moneda. No pueden liberar el mercado porque generarían un caos, pero al gobierno ni se le pasa por la cabeza dejar de emitir y las reservas seguirán cayendo.

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