23 de noviembre de 2014 - 00:00

Gonzalo Díaz: “Este club es lo mejor que me pasó en la vida”

Desde México, el ex Godoy Cruz se soltó como en la cancha y, en una charla íntima, no dejó tema sin tocar. La conmovedora historia de un chico que a los 16 años ya era papá y que pasó de las extremas necesidades de la infancia a los lujos actuales del pod

"Estoy en el supermercado, aguantame 20' que llego a mi casa y hablamos", avisa Gonzalo Díaz con su habitual naturalidad un rato antes de comenzar la nota pactada con Más Deportes.

“Como hay tres horas menos que en Mendoza, a las seis y media de la tarde ya oscurece y el día se hace eterno. Ahora estamos entrando en invierno, pero no hace nada de frío. Si bien a la noche refresca un poquito, la temperatura va entre los 12 y los 23 grados”, agrega. Y se arma la charla.

-¿Cuántas veces te pararon los hinchas en el supermercado?

-Siempre hay alguien que te conoce. América es como Boca, es el más grande de México. La gente está expectante de todo y nosotros, al ser extranjeros, mucho no salimos.

Aquí hay un argentino, Rubens Sambueza, que jugó en River y que es el ídolo máximo del club. No puede salir a ningún lado. Tienen mucha gente. En el Azteca entran 120 mil personas y jugamos con un promedio de 70 mil por partido.

-¿En qué parte estás viviendo?

-En un departamento en el DF. Es un complejo de seis torres que tiene sauna, pileta climatizada, juegos para niños en la zona de Coyoacán. Es un lugar muy lindo, tranquilo y lo elegí por la seguridad.

-¿Hay mucha inseguridad?

-No, no hay inseguridad. Desde que estoy no he visto nunca un robo, nada. Se habla mucho del tema de los secuestros y de los narcos, pero yo vivo muy tranquilo.

-¿Cómo es un día tuyo en la capital de México?

-Me levanto temprano para vestir a mi hijo de tres años que ya va al kinder. Lo lleva mi mujer, queda un poco lejos. Yo tomo unos mates y me voy a entrenar. Por suerte vivo cerca del club. Cuando llego tomamos mates con el Pato Donelli, que es el entrenador de arqueros de Mohamed, y por la tarde estoy con mi familia.

-¿Hasta cuándo tenés contrato?

-Vine un año a préstamo con opción de compra.

-¿Al América lo maneja Televisa?

-Sí, son los dueños del Azteca, de todo. Nosotros somos empleados de Televisa. De vez en cuando tenemos que hacer visitas al canal, donde hacen las novelas. Son gente poderosa. La mujer y los hijos del dueño vienen a veces a las prácticas  con seguridad privada. Después, el segundo, se llama John De Luisa, a quien vemos más seguido.

-¿Cómo es la gente?

-Muy tranquila. Con decirte que los hinchas están todos mezclados, los visitantes y los locales. Los más sorprendente es que nunca hay problemas. Y eso que en los estadios se vende cerveza y toman a morir.

-¿Comen con mucho picante?

-A todo le ponen picante y comen mucha comida frita. Por eso la mayoría son rellenitos. Decí que tenemos un DT argentino (Antonio Mohamed) y, dentro de todo, en el menú hay cosas que se comen en una concentración normal de Argentina.

-¿En tu casa cocina tu señora?

-Sí, cocina mi mujer. Trata de hacer comidas normales con carne, pollo, fideos, verduras, etc.

-¿Asado?

-Sí, si bien la carne no es como la de Argentina, hemos hecho un par de asados con los argentinos que estamos acá. La verdad que se armó un lindo grupo con las familias. Además de Sambueza, está Paolo Goltz y hay dos paraguayos que están en la Selección (Pablo Aguilar y Osvaldo Martínez).

-¿Cómo llegaste al América?

-Me venían siguiendo desde el partido con Quilmes en Mendoza. Mario Lash y Ricardo Peláez, ex jugadores, me vieron y tuve la suerte de que el técnico era Mohamed.

El Turco me quiso llevar a Huracán estuve en Defensa y me tocó hacer un buen torneo con Almirón. Salió todo de golpe. Tenía para ir a Tijuana y, en Argentina, todo arreglado con Racing. También estaba la chance de ir a Vélez. Si bien sabía que iba a progresar un poco, nunca pensé que iba a ser tanto.

-¿Cuánto tuvo que ver tu representante, Cristian Bragarnik?

-No tengo ni buena ni mala relación con él. Hago mi trabajo y me gano las cosas adentro de la cancha. La  verdad que me tengo que sacar el sombrero por la manera de trabajar que tiene. Lo hace bien y le da un salto de calidad. No por nada maneja el 70 por ciento de los jugadores del fútbol argentino.

-En lo futbolístico ¿cómo van las cosas?

-Bien, no me puedo quejar. Sabía que venía a ganarme un puesto y que el ídolo y capitán, Sambueza, juega en la misma posición que yo, de volante por izquierda. A pesar de todo estuve en la mayoría de los partidos en el banco y me tocó entrar mucho.

Además, jugué Concachampios, hice goles y la verdad que para mí, que venía de un club humilde, es un paso adelante. No sabés lo que es esto. ¡Es una locura! Acá están las 24 horas del día pendientes de uno, ayudando en lo que uno necesite.

No me puedo quejar porque es más de lo que yo espera. Ahora el partido que viene, ante Atlas en el Azteca, voy de titular porque se lesionó Sambueza.

-¿Y el equipo cómo está?

-Tranquilo ya que (nos) clasificamos hace cuatro fechas. Jugamos (hoy) con Atlas y se viene una liguilla que la juegan 8 de los 17 equipos.

-¿Has jugado de titular?

-Sí, en la Concachampions y le hice un gol a Bayamón (Puerto Rico). Estamos en Cuartos de Final y a esa Copa le dan más importancia que a la Libertadores porque el campeón va al Mundial de Clubes. Nosotros nos cruzamos con un equipo de Guatemala y otro de Puerto Rico. Hay equipos de Estados Unidos que son fuertes.

-¿Tiraste algún caño como el que le hiciste a Hauche?

-Sí, je je. Contra Atlético Madrid jugamos un amistoso y tuve la suerte de andar bien. Al lateral derecho de ellos, Juanfrán, lo volví loco y después cambiamos camisetas. Pensé que el tiempo de adaptación iba a ser mayor. No esperaba tener esta participación en el equipo.

-No cambiaste la forma de jugar...

-No, porque eso es lo que hace la diferencia aquí. El Turco Mohamed me pone bien de extremo, casi como un antiguo wing izquierdo. Al igual que en Godoy Cruz, uso la camiseta número 20. Los hinchas me tiran buena onda. Estoy viviendo un sueño.

-Cuando jugabas por 300 pesos en la Liga cordobesa, ni en los sueños te imaginabas este presente, ¿no?

-Hace tres años cuando estaba jugando Argentino B en Unión de Sunchales (SF), nació mi hijo y me quedé sin club por culpa de mi ex representante, que me hizo una mala jugada. Rescindí y quedé medio en bolas. Era ponerme a laburar, y dejar el fútbol ya que tenía que comprarle leche y pañales a mi hijo, o buscar un club para entrenar.

Me la jugué y fui al Atalaya de la Liga Cordobesa, que es un club como Murialdo. Jugué tres meses, cobrando 300 pesos por partido. A veces me lo quedaban debiendo y tenía que esperar toda la semana. Si bien había gente que me conocía y sabía de mis condiciones, aspiraba a jugar un Argentino B o A porque ya había perdido las esperanzas.

-En Instituto no te fue mal...

-Por supuesto. Había un gran equipo. Salimos quintos. Me había ido a préstamo y, como todavía era jugador de Godoy Cruz, me llamó el Turco Asad y volví. No me quedó otra. Casi no jugué. Fui al banco contra Boca y Arsenal.

-¿Y después?

-Me fui a préstamo a Racing de Córdoba. Estuve seis meses y no cobré ni un sueldo. Encima, mi mujer estaba embarazada. Le tuve que hacer juicio a Racing y Mansur se terminó haciendo cargo. Ahí arreglé con Pepe y me quedé con el pase en la mano, que no valía ni dos monedas, je.

-De ahí te fuiste a Defensa. ¿Cómo llegaste?

-Julio Ricardo Villa (campeón del mundo en 1978) me vio jugar y justo agarró como DT. Y daba la casualidad que cuando estaba en Godoy Cruz, Bragarnik quiso representarme, pero siempre tuve palabra con mi anterior representante, Luis Grillo. Así llegué a Defensa. Salté de la Liga Cordobesa a la B Nacional.

Me tomó un tiempo ponerme bien. El equipo quedó comprometido con el descenso y agarró Jorge Almirón. Hicimos 38 puntos en una rueda, nos salvamos del descenso y no ascendimos por un punto. En Defensa encontré mi casa. Empecé de a poco y me gané la confianza de todos. Hoy tengo una relación bárbara en ese club.

-Sos el nene mimado de Almirón...

-La verdad que le agradezco mucho a Jorge, tengo una gran admiración por él como persona y profesional. Cuando se fue a Tijuana hizo el esfuerzo para llevarme, pero no se pudo por el cupo de extranjeros. Después vino a Godoy Cruz y, como yo en Defensa había hecho un buen campeonato con él y con Diego Cocca, me llevó. Tenía todo arreglado para ir a Vélez.

Pero me llamó Jorge y me dijo ‘vos no te vas a ningún lado, te venís conmigo a Godoy Cruz’. Fue una apuesta grande porque el Tomba la tenía fea, pero por suerte salió bien.

-¿Y te sacaste la espina de jugar en Godoy Cruz?

-Sí, la verdad que tuve una primer etapa mala. No me tomaba en serio las cosas, no maduré y salí a buscar otro rumbo. Pero sabía que iba a tener mi revancha en Godoy Cruz, sobre todo cuando me tocó andar tan bien en Defensa. Eso sí, no pensaba volver tan rápido sino a los 28 o 29 años.

-¿Lo seguís al Tomba?

-Por supuesto. Tenemos un grupo con todos los ex Godoy Cruz por Whatsapp. Hay pibes que ni conozco. Estamos todo el día hablando. Por Godoy Cruz siento mucho amor porque es el club que me formó y me dio las herramientas para prepararme como futbolista.

Crecer de golpe y a los golpes

El escenario era el común denominador de esos tiempos. El potrero, la pelota, la canchita de tierra, una zapatilla de cada clase, las tentaciones de los barrios de la zona oeste de Mendoza.

Y en medio de todo eso, había que ganarse el mango ‘como sea’. Entre esos pibes que la rompían estaba Gonzalo Orlando Díaz Nachar, un chico que con 13 años jugaba en la Primera de Ciudad Oeste bajo el mando de la dupla Di Benedetto y Moa.

-¿Cómo llegaste a Godoy Cruz?

-Tenía 13 años y trabajaba en construcción. En Ciudad Oeste tenía un amigo que era central, Leandro Torres, el padre es policía de investigaciones y es como un papá para mí. Venía de trabajar re cansado. Me fue a buscar en una Estanciera gris, me llevó de los pelos, me compró unos botines y me llevó a Godoy Cruz.

El técnico de la ‘90 era el Fantasma Pereyra. Jugamos un amistoso con Maipú y yo, que no tenía ni idea ni idea de las posiciones, hice como diez goles, ganamos 11-0. Esa misma tarde el Negro me llevó a la Liga y me fichó. Jamás pagué una cuota, me pagaban el abono porque me tenía que tomar dos micros.

-¿En Ciudad Oeste estaban Moa y Di Benedetto?

-Exacto. Tengo un buen recuerdo de ellos porque me sacaron de la calle. Esas personas con tanta humildad se mataban para tenerte la merienda, por querer salvar a los chicos. Porque esos barrios son feos.

Muchos de mis amigos de la infancia están presos, otros murieron y ellos me sacaron de la calle, me enseñaron las cosas buenas de la vida, a seguir un buen camino y alejarme de todo eso porque vos estando ahí tenés un montó de cosas a la mano.

Hoy voy a mi barrio y  lo veo de otra manera, pero hasta el día de hoy vas y hay balaceras, es complicada la vida en esos barrios. Soy un agradecido a ellos, soy futbolista por ellos.

-¿Se extraña la familia, el barrio?

-Sí, todo. Pero yo sé que ahora, gracias a Dios, están bien. En Mendoza tengo a mis dos hermanos y a mi viejita que vive en el barrio Olivares y que ahora en las vacaciones va a venir con mi hijo Alex, de ocho años.

Con mi viejo no tengo relación porque nos abandonó cuando yo tenía 5 años. Mi papá ha sido mi mamá y la verdad que no nos podemos quejar de la educación que nos dio. Si es por mí no me volvería más a Argentina. Mi mujer se quiere quedar a vivir acá en México.

-¿Cómo la conociste a tu mujer?

-La conocí en Córdoba cuando fui a Instituto. Trabajaba en un local de ropa y fui y la encaré de caradura (risas). Hace unos años que formamos una familia que es el pilar más importante de todo esto. El que me hizo dar cuenta de todo fue Valentín cuando nació. El me dio todo ese empuje y la fuerza de querer ser alguien y darme cuenta de que podía.

-Sos el ejemplo de que se puede...

-Este tiempo que estuve en Godoy Cruz tuve la suerte de poder ir a ofrecer mi testimonio en varias charlas a las Escuelitas de fútbol que hay en La Favorita. El mensaje es que se puede, no es imposible.

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