23 de octubre de 2012 - 00:56

Gladys Ortega, una joven inolvidable

Fue un símbolo de Palmira. La vida de la notable atleta Gladys Ortega se apagó a los 27 años como consecuencia de una dolorosa enfermedad. Una deportista como pocos.

La existencia de Irma Gladys Ortega se apagó muy joven, el 18 de octubre de 1978, apenas a los 27 años de edad, víctima de una dolorosa enfermedad que de manera progresiva minó sus energías y se llevó para siempre esa inconfundible sonrisa que mostraba a la par de sus vivaces y profundos ojos negros.

Algunos días antes, el 4 de octubre de 1978, aquella jovencita que desde su lecho de enferma del hospital Emilio Civit luchaba por su vida con la misma fortaleza que lanzaba la bala, el disco o la jabalina, había dado a luz a Leandro Gastón, su único hijo, que hoy a los 34 años siempre la recuerda por su inmenso amor de madre.

De igual modo que su esposo, Leandro Espínola, que también practicó atletismo y que en 1981 llevó su sagrada memoria a la Corrida Internacional de San Silvestre en Brasil, la prueba de 12 kilómetros de recorrido que anualmente se disputa en San Pablo el último día de cada año, donde ocupó el 150 lugar entre 900 inscriptos, en meritoria actuación que dedicó a su ser tan querido.

Ese parto fue el más noble gesto de amor de una gran mujer que peleó hasta el límite de sus fuerzas por aquel esperanzado embarazo, que hizo realidad tras 25 días en una sala de cuidados intensivos entre el dolor y el rictus amargo de la dura agonía.

Símbolo de férrea voluntad y espíritu de lucha, no resistió la operación del parto en la que dio vida a esa semilla que había gestado durante nueve meses con su propia existencia.

"Palmira está de duelo, el deporte de Mendoza también", fue el título de Los Andes en su edición del día siguiente, el 19 de octubre, al despedirla con el respeto, la admiración y la gratitud que su figura merecía.

Aquella nota decía en sus párrafos más salientes y emotivos: "Transitó las pistas, recorrió los andariveles con sus enormes ojos negros y parecía palpar las posibilidades antes de las pruebas. Y así, en esa confianza fue ganando y señalando para Mendoza la urgencia del triunfo de un deporte huérfano, que ella hizo suyo. Y lo llevó al podio. Con la sencillez, la humildad y la grandeza de quienes se hallan dotados. Por eso es más sensible la pérdida, por ello es más honda la congoja. Gladys Ortega perdió ayer el último salto en su lucha con la vida, ahora ha quedado en el regazo infinito de Dios".

Había nacido en un hogar humilde y de trabajo el 21 de mayo de 1951 del matrimonio de Liberato Ortega y Nélida F. Toledo y tenía 4 hermanos: Nelly, Carlos, Susana y Alicia. Poco después de su nacimiento la familia se trasladó a Palmira, donde la pequeña Gladys realizó sus estudios primarios en las escuelas Carlos María Biedma y Martín Miguel de Güemes y secundarios en la Escuela de Comercio Julio Argentino Roca, de la que egresó como perito mercantil.

El docente e historiador Carlos C. Chacón y el periodista Jorge Barrionuevo, editor del semanario Tiempo del Este, recuerdan que de los patios de esas escuelas, de sus potreros, de las costas del río Mendoza y de un polvoriento campo de atletismo que con el tiempo llevó su nombre surgió en las décadas del 60 y del 70 una generación de jóvenes atletas que se conoció como la Agrupación Atlética Palmirense (AAP), que tenía una pista de tierra muy precaria contigua a la cancha del Club Atlético Palmira.

Cuentan que los profesores Nibaldo Azócar y de modo especial José Olguín, fueron los precursores de aquel movimiento que recuperó la práctica del atletismo en la provincia, que había alcanzado su máximo esplendor en los años 30 y 40 en el departamento de Maipú, cuando surgía el notable Juan Domingo Ribosqui.

Además de Irma Gladys Ortega, referentes del nivel de Leandro Espínola, Alfredo Maravilla (también participó en la San Silvestre en 1981) Miguel Batistella, Angela Modón, Jorge Olguín, Elina Urbano (luego se destacó en remo junto a Patricia Conte), Sonia Molina, Nadia Díaz, Carlos Alfaro, Julio y Oscar Trinca, Carlos Mc. Carr, Edgardo Tumbarello, Eva Gómez, Mario Barrionuevo, los mellizos Francis, Jorge Arce, Daniel Morán, Gabriel Rocchia, María Reyes, Patricia Pabes, Laura Di Paola, Fernando Caltabiano, Laura Ruiz, Carmelo Ganghi, Daniel Sosa, Nicolás Matricardi (llegó a jugar al fútbol como centro-delantero en Atlético Palmira y Gimnasia y Esgrima) y Daniel Zapata integraron, entre los más importantes, aquel grupo de deportistas que hicieron de Palmira "la capital del atletismo mendocino".

Aquel faro del Este que iluminaba con su brillo y su luz la senda del atletismo se comenzó a apagar, hasta quedar definitivamente a oscuras a fines de los ’80 y comienzos de los ’90, en simultáneo con la desaparición del ferrocarril. Los torneos regionales, provinciales y encuentros intercolegiales pasaron a ser un recuerdo, al igual que el esfuerzo de los padres que traían las colchonetas, las vallas y las jabalinas para que sus hijos pudieran hacer el deporte que habían elegido.

Los títulos

"Un puñado de futuro" fue el merecido elogio que recibió de la revista El Gráfico en setiembre de 1968 Gladys cuando, con un nuevo récord nacional que recién fue batido en 1994, logró a los 17 años la medalla de oro en lanzamiento de bala en el Campeonato Sudamericano Juvenil de Atletismo disputado en San Pablo, Brasil, donde se había inaugurado la moderna pista San Bernardo Do Campo.

En ese mismo torneo fue segunda con medalla de plata en lanzamiento de disco y jabalina, éxitos internacionales que repitió ahora en mayores en los Sudamericanos de Ecuador (1969), Chile (1971), Perú (1973), nuevamente Brasil (1975) y Uruguay (1977) y en los Juegos Panamericanos.

Entre 1965 y 1977 ganó varios títulos nacionales y provinciales, además de cientos de certámenes intercolegiales siempre en alguna de sus tres especialidades: disco, bala y jabalina.

Por entonces se había recibido de profesora de Educación Física y ejercía en el colegio Nuestra Señora de la Compasión y en la Escuela Nacional de Palmira y se había casado con el profesor Leandro Espínola, el padre de su hijo Leandro Gastón.

En su homenaje, por resolución del 14 de junio de 1995, la escuela de nivel inicial N° 1-716, que ubica en el Barrio Belgrano de Palmira, se llama "Profesora Irma Gladys Ortega" al igual que un campo de atletismo en San Martín. También se instituyó con su nombre el Gimnasio Municipal N° 3 de la capital de Mendoza.

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