Trabaja como investigador en la Universidad de Tuscia ubicada en la ciudad de Viterbo en Italia; en el campo de los microorganismos, fertilizantes y bioestimulantes, junto con la empresa Italpollina. En el marco de esa colaboración, desarrollan conocimiento y tecnología en ese tipo de productos para el agro.
El Dr. Giuseppe Colla expuso en Mendoza, ante medio centenar de productores, para actualizar conceptos sobre la interacción de hongos benéficos con las plantas de distintas especies, aunque hizo particular hincapié en vid.
El investigador italiano dialogó con Fincas sobre cómo evoluciona el uso de estos productos; la normativa europea que impondrá mayores exigencias de inocuidad a partir del año próximo y el costo ambiental de no acelerar la marcha hacia una reducción gradual en el uso de productos de síntesis como pesticidas, herbicidas y algunos fertilizantes.
-¿Por qué el interés en investigar y desarrollar este tipo de productos para el agro?
-El objetivo es aumentar la sustentabilidad de los procesos de producción. Esto significa que tenemos que mejorar la eficiencia del uso de los recursos. Por eso se trabaja con nutrientes, con fertilizantes pero también con productos que nos permitan reducir el uso de compuestos químicos que sean dañinos para los humanos (como los pesticidas) para mejorar el medio ambiente y la calidad de vida. En la medida que logramos reducir el uso de pesticidas, mejoramos la calidad, porque disminuye la proporción de residuos potencialmente nocivos en el cultivo.
-¿El uso de estos productos afecta, eventualmente, la productividad?
-La idea es encontrar una solución para mantener la productividad, pero mejorando la calidad. Esto es muy importante, porque sabemos que tenemos que considerar la sustentabilidad, no sólo desde el punto de vista medioambiental, sino también desde el punto de vista económico.
-¿Esta tendencia a garantizar la sustentabilidad de los sistemas productivos responde a normativas impuestas por los países europeos y otros países desarrollados?
-Estoy de acuerdo en que, obviamente, hay una presión política sobre los productores para reducir el uso de productos químicos. Hay regulaciones en la Unión Europea, que obligan a los Estados miembros a adoptar, para el 2014, ciertos protocolos para controlar las enfermedades, que reduzcan fuertemente el uso de pesticidas, y dirigirse a productos agronómicos de otro tipo. Además, tenemos una legislación que reduce la cantidad de elementos que se pueden agregar al sistema, por ejemplo, el nitrógeno.
Sabemos que el nitrato se está lixiviando muy fácilmente, afectando la calidad de las aguas. Por ejemplo, algunas hortalizas con un determinado nivel de concentración de nitrato, no se pueden llevar al mercado. Entonces el Estado pone un límite a la aplicación de este elemento.
-¿Cómo se compatibiliza la sustentabilidad ambiental con la económica?
-Si uno quiere mantener la productividad, hay que aumentar la eficiencia de los elementos que utiliza. En esa dirección nos estamos moviendo, con el desarrollo de estos nuevos productos: los biofertilizantes; los microorganismos como la micorriza o la trichoderma, que pueden mejorar la absorción y asimilación de nutrientes y, además, ayudar a proteger a la planta de los patógenos y eso reduce la necesidad de pesticidas.
-¿La normativa que regirá a partir de 2014 también afectará a productores de otros países que exporten a la Unión Europea?
-En realidad, hay legislación que pertenece a cada Estado de la Unión Europea, que obliga a que los cultivos se desarrollen usando determinados pesticidas. Además de esa legislación, hay límites adicionales que imponen las grandes cadenas de distribución (lo que llamamos EureGap); de manera que si uno quiere ingresar un producto a Europa, ese producto tiene que satisfacer esa legislación y esos protocolos.
La cuestión es cómo motivar a los productores que no van a exportar a Europa a utilizar productos que quizás sean más caros y no necesariamente mejoren el volumen de producción.
Este es un punto importante. El agricultor, cuando no está obligado a adoptar un producto de alta tecnología, tiende a usar los productos más sencillos o más accesibles, como los pesticidas, porque son más fáciles de aplicar y son efectivos.
Sin embargo, sabemos que a veces, a largo plazo, estos productos pueden generar daños ambientales. El productor puede decir: "No me importa el medio ambiente"; pero la eficacia del producto también puede reducirse con el tiempo, porque lleva a los patógenos a desarrollar más resistencia. Además, traen aparejados problemas de salinización; la acumulación de elementos tóxicos, como metales pesados o residuos de pesticidas. A largo plazo, es una cuestión de educación. Los productores tienen que saber que la dirección es hacia una agricultura más sustentable, con una reducción del uso de estos productos dañinos.
-Usted habló de un universo muy amplio de productos que apuntan a una agricultura sustentable...
-El enfoque de la agricultura sostenible es desarrollar estrategias que estén diseñadas para un cultivo, ambiente y suelo específico con ciertas condiciones particulares. Entonces, uno necesita distintas herramientas que pueda combinar para resolver un problema puntual y, al mismo tiempo, garantizar productividad y calidad. La tendencia va en esa dirección: desarrollar herramientas avanzadas que puedan usar técnicos y productores en distintas condiciones. Combinar biofertilizantes, estimulantes, variedades resistentes para desarrollar sistemas de producción sostenible.
-Uno de los temas en los que se pone particular énfasis es la micorrización. ¿Qué es y para qué sirve?
-Los hongos micorrizantes son hongos que siempre se desarrollaron junto con la planta. La micorrización es una co-evolución de los dos organismos. El hongo necesita a la planta para obtener carbohidratos, y si la planta está en condiciones adversas, necesita de ciertos hongos para acceder a ciertos nutrientes y defenderse de otros microorganismos.
Entonces se produce una simbiosis. Esa simbiosis ha sido destruida en muchos procesos de producción. Hoy, en un suelo donde se usa metil bromato, por ejemplo, no encuentra micorrizas porque ya no hay. La idea es reconstruir la fertilidad del suelo aportando estos microorganismos, para reducir la necesidad de fertilizantes; el riesgo de la afectación por patógenos, y no tener daños por plagas.
Las micorrizas mejoran la absorción de nutrientes; protegen a la planta frente a distintos tipos de estrés pero también tenemos trichoderma, que es otro hongo, en este caso mucho más efectivo como protector del cultivo frente a hongos patógenos que están en el suelo. Micorriza y trichoderma es un ejemplo de dos herramientas que se pueden combinar, para reducir la necesidad de fertilizantes y de pesticidas, mejorando la sustentabilidad de la producción.
