Geoffrey Cardozo: el inglés que devolvió la paz a los familiares de caídos en Malvinas
Gracias a este militar británico, cientos de argentinos fallecidos en las Islas no quedaron en fosas comunes en el cementerio de Darwin.
Geoffrey Cardozo: el inglés que devolvió la paz a los familiares de caídos en Malvinas
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Hace 36 años, Geoffrey Cardozo llegaba como capitán a las Islas Malvinas con la misión de "disciplinar" a las tropas británicas después de la rendición argentina. "Quedan con mucha adrenalina y hay que ocuparse de los soldados después de una guerra", cuenta a Los Andes Cardozo, hoy coronel retirado y dedicado a ayudar chicos con dificultades en una ONG.
Desde la terraza del edificio municipal de Mendoza se pregunta cómo este desierto logró estar "dentro de un bosque". Y mirando a la cordillera, con la que se declara maravillado, cuenta por qué al armar el cementerio Darwin, donde él enterró a 221 chicos, decidió poner una placa que rezaba "A soldier known unto God".
"Me inspiré en Rudyard Kipling", afirma. El premio Nobel de literatura y autor de "El Libro de la Selva" fue el encargado de darles un poco de gloria a los NN del imperio británico después de la Primera Guerra Mundial. Y él decidió que los chicos argentinos merecían el mismo honor.
"Eran chicos olvidados por Buenos Aires. Quizás chicos de familias pobres, que no tenían influencia...".
“No es soldado sólo conocido por Dios. Me tradujeron mal. Es soldado conocido por Dios, y reconocido por toda la humanidad”, aclara.
El cementerio que supo construir hace más de tres décadas es el paisaje más sobrecogedor de Malvinas. Durante años fue un prado de cruces de "conocidos por Dios", con rosarios colgados al azar, enviados por familiares que no sabían exactamente dónde estaban sus muertos, o si realmente estaban.
El entonces capitán británico, de 32 años, se encontró con una de las tantas cosas surrealistas que saltaron después del combate declarado por el ex dictador Leopoldo Fortunato Galtieri, como los galpones llenos de comida donada por argentinos que nunca fue distribuida.
De esas cosas increíbles, quizás la más desoladora fue la medalla de identificación que tenían los casi niños que fueron derecho del servicio militar obligatorio a la guerra.
"Algunos directamente no tenían nada. Otros una medalla hecha en papel, escrita en tinta y con una cinta scotch encima". Este papelito improvisado duró menos que nada: el frío, la humedad, la lluvia y los vientos de las islas los desarmaron. Y así fue como los muertos se quedaron sin identidad. "Les quité el uniforme, busqué en cada bolsillo, en los calzoncillos, busqué cartas de sus familia para ponerles nombre".
4 décadas de anonimato
Como cientos de héroes de Malvinas, Cardozo pasó al anonimato durante casi cuatro décadas. Su gesta no formaba parte de lo que la historia contaba. Ahora, cuando se empezó con el trabajo de identificación de los cuerpos, su increíble trabajo humanitario captó la atención del mundo.
Tanto, que junto a Julio Aro, el ex combatiente que ahora trabaja con él en el proyecto "No me olvides", suena como nombre para el Premio Nobel de la Paz.
En 1982, con 32 años, trabajaba en el área de Logística del Ministerio de Defensa de Gran Bretaña, y además de "contener" a las tropas después de la pelea, debía organizar el hallazgo de minas que había sembrado el Ejército Argentino bajo tierra.
“Pensé en mi mamá, que me había dado un abrazo muy fuerte cuando me fui a las islas. Pensé en cada mamá y los enterré con amor, sintiendo a esas madres a mi lado”, cuenta.
Avisó a sus mandos británicos que estaba encontrando cuerpos y fosas comunes. Desde Europa le respondieron que dejara su misión primaria y se dedicara a darles sepultura a los chicos diseminados por las heladas islas.
Diez meses le llevó la titánica tarea. En febrero de 1983, él y su equipo terminaron de sepultar a más de doscientos soldados. Se volvió a Inglaterra, guardó sus anotaciones y Argentina nunca le agradeció.
Medallas de papel
Desde el retorno a la democracia en 1983, hasta 2012, ningún gobierno quiso ocuparse de los que lucharon por el país y quedaron sin identidad, de los familiares angustiados por sus hijos desaparecidos. Allí fue cuando entró en escena Roger Waters : el legendario Pink Floyd no sólo ama a Argentina, sino que ahora forma parte del proyecto "No me olvides", que apunta a devolver la identidad a todos esos chicos, de los que ya se identificó a 90.
Un encuentro mágico en 2008 logró que empezaran los trabajos: el ex combatiente Julio Aro se hizo amigo en Londres de Geoffrey, y le dijo que necesitaba cerrar un círculo. Habían pasado casi treinta años. "Necesito saber dónde están mis compañeros". Todo se puso en marcha y Waters llegó hasta el despacho de la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner con el pedido.
Kirchner llevó el tema a la ONU y a la Cruz Roja Internacional, que hicieron posible que, en 2016, luego de años de negociaciones, se firmara un acuerdo para cerrar la herida abierta.
El trabajo de exhumación para identificar los cuerpos se hizo entre el 20 de junio y el 7 de agosto de 2017. Al finalizar, los profesionales del Equipo Argentino de Antropología Forense y el Comité Internacional de la Cruz Roja aseguraron que la heroica tarea de Cardozo fue tan importante como las pruebas de ADN .
Además de ser la pieza clave para este trabajo, Cardozo ya es como un pariente para los familiares de los caídos. El 26 de marzo de este año fue parte de la ceremonia que se hizo en el cementerio junto a los familiares que pudieron poner los nombres de los héroes en el lugar donde estaban las placas con la leyenda inspirada en Kipling.
“Pude mirar a los ojos y decirles a las familias: yo fui el último en abrazar a su hijo”
Para Geoffrey esta era, es y será la misión más importante de su vida.
Fue formado como soldado, fue formado para pelear, pero en su casa aprendió de humanidad. Su papá, soldado de la Segunda Guerra Mundial, tuvo piedad con los alemanes derrotados. Y él, se siente hermanado con quien fuera "el enemigo argentino".
“Todos sentimos igual. Todos tenemos el mismo corazón. Todos tenemos el mismo cuerpo. Todos amamos. Todos somos seres humanos”.
La otra trama de los cuadernos
"Cada noche, durante mi operativo en Malvinas, yo escribía todo lo que había hecho ese día y tomé notas de todo lo hallado en cada cuerpo", recuerda Geoffrey.
Estos cuadernos escritos minuciosamente quedaron en el olvido, hasta que el ex combatiente Julio Aro fue a Londres para un encuentro amistoso. Geoffrey le tocó como traductor, se hicieron amigos y Julio le confesó su angustia acumulada durante décadas: "Quiero saber dónde están los chicos muertos que pelearon conmigo".
Corría el año 2008 y Cardozo se dio cuenta con asombro de que todo seguía igual a como lo había dejado en los '80, que nadie se había ocupado de devolverles la dignidad a las familias. Y decidió desempolvar esos cuadernos con dibujos, diagramas y números, donde había anotado cada detalle de cada cuerpo que había enterrado."Nunca imaginé que pasarían tantos años y me di cuenta de lo importante que fue enterrarlos con tanto profesionalismo".
Cardozo le entregó a Aro ese documento, clave para lo que se lograría después. Y ambos lograron llegar a Roger Waters, un enamorado de Argentina que se puso al hombro la causa "No me olvides" y le dio el petitorio en mano a la ex presidenta Cristina Kirchner.
Aro y Cardozo quedaron hermanados para siempre. Premiados por el Senado de la Nación -al que fueron invitados por la senadora Pamela Verasay- pasaron por Mendoza, contaron su experiencia en la Universidad Nacional de Cuyo y tienen un petitorio con miles de firmas en Change.org porque la humanidad considera, con mucho criterio, que son merecedores del Premio Nobel de la Paz.