29 de junio de 2026 - 13:50

1871, un granjero dejó cinco vacas abandonadas en una isla remota. 130 años después, el ADN de los animales reveló un secreto

La mezcla genética entre razas Jersey y el cebú del Índico permitió que solo cinco ejemplares generaran una población de miles, resistiendo condiciones extremas.

En 1871, un granjero abandonó cinco vacas en la remota isla de Ámsterdam, en el océano Índico. Durante 130 años, estos animales sobrevivieron sin intervención humana, desafiando las leyes tradicionales de la genética. Un reciente estudio de ADN revela que su éxito no se debió a la evolución rápida, sino a una herencia mixta inesperada.

La isla de Ámsterdam es un territorio inhóspito de 54 kilómetros cuadrados azotado por vientos huracanados. Los cinco animales fundadores se multiplicaron hasta formar una manada de miles de individuos a pesar de la falta de supervisión. Aunque la endogamia alcanzó niveles cercanos al 30%, los genetistas no hallaron pruebas de un colapso genético o enfermedades hereditarias masivas.

image

¿Por qué el enanismo insular no explica la adaptación de estas vacas?

Los hallazgos genéticos de 2024 contradicen un estudio previo que afirmaba que estas vacas sufrieron un rápido enanismo insular para adaptarse al territorio. Aquella investigación sugería que los animales redujeron su tamaño en un siglo como respuesta evolutiva. Sin embargo, la secuenciación de genomas completos no detectó ninguna señal de selección genética para un tamaño corporal reducido en la manada.

Los datos indican que los ejemplares fundadores ya eran pequeños al momento de su llegada a la isla. Su resiliencia biológica ante el clima frío y húmedo se debió a una mezcla de linajes: tres cuartas partes de ascendencia Jersey europea y una cuarta parte de cebú del océano Índico. Esta combinación les proporcionó una base de diversidad genética superior a la que sugería su reducido número inicial.

image

La clave de la supervivencia: crecimiento acelerado y diversidad genética

El crecimiento acelerado de la población fue la clave para su supervivencia a largo plazo. Al multiplicarse rápidamente, la manada logró frenar la acumulación de mutaciones dañinas propias de la consanguinidad antes de que comprometieran la viabilidad del grupo. Los animales se mantuvieron aparentemente sanos hasta que se decidió su erradicación para proteger especies autóctonas vulnerables como el albatros de Ámsterdam.

Aunque los últimos ejemplares fueron sacrificados en 2010, el ADN conservado desde años anteriores permitió reconstruir esta historia. El análisis moderno de las muestras de 1992 y 2006 resolvió cómo cinco animales abandonados lograron colonizar un entorno extremo sin colapsar biológicamente.

LAS MAS LEIDAS