13 de agosto de 2014 - 00:00

Ganó la tristeza

En conferencia de prensa anunciaron ayer que el actor de 63 años se suicidó ahorcándose con un cinturón, luego de intentar sin éxito cortarse las venas.

El subjefe de policía del condado de Marín, Keith Boyd, ofreció ayer más detalles sobre el deceso del actor ocurrido el lunes y confirmó lo que ya se sospechaba: fue suicidio. Robin Williams se quitó la vida ahorcándose con un cinturón en el dormitorio de su casa de California y no en el garaje, como se especuló en un principio.

Según Boyd, “el cuerpo fue encontrado sentado en su habitación, con un cinturón alrededor del cuello y el extremo de la correa atada entre la puerta del armario y el marco de la puerta”. Boyd añadió también que Williams tenía “algunos cortes superficiales en las muñecas” y había un cuchillo en el lugar del hecho.

Según el portal estadounidense TMZ, el actor fue encontrado por su asistente personal quien, después de golpear la puerta de su casa en la localidad californiana de Tiburón, se preocupó al no recibir respuesta. La mujer de Williams, Susan Schneider, no estaba en la casa en ese momento.

La causa de la muerte fue caratulada como de “asfixia”, aunque se aclaró que la investigación todavía sigue su curso y que en las próximas horas se realizarán una serie de exámenes toxicológicos cuyos resultados se conocerán en las próximas siete semanas.

El diario New York Post, por otra parte, agregó que Williams estaba teniendo “problemas económicos serios”, algo que él mismo contó en una entrevista el año pasado en la que también comentó que la primera vez que había dejado las drogas fue cuando su hijo Zachary nació hace 30 años.

Curiosamente, el último tuit y post en Instagram que Robin Williams publicó fue para felicitar a otro de sus hijos, Zelda, el pasado 31 de julio, cuando cumplió 25 años.

Según las autoridades forenses, el actor fue visto con vida por última vez en su casa, alrededor de las 10 de la noche del domingo.

Poco antes del mediodía del lunes, el departamento de policía recibió una llamada de emergencia de la casa, donde el actor fue declarado muerto.

El payaso con lágrimas

Era el tipo más gracioso de la sala y, precisamente por eso, les resultaba tan difícil a sus amigos y admiradores aceptar que bajo esa fuente de energía frenética y aparente buen humor eterno residían demonios tan oscuros que llevarían a Robin Williams al suicidio.

No era un secreto que el actor ganador de un Oscar lidió por años con brotes periódicos de consumo de drogas o alcohol y depresión: él mismo hacía referencia a ello en sus rutinas de comedia.

Pero la noticia de su suicidio el lunes en su casa de la bahía de San Francisco, dejó tanto a sus amigos en Hollywood como a sus vecinos en el vecindario de Tiburón igualmente pasmados y afligidos.

“Fue tan repentino y él era un tipo maravilloso. Es una pérdida enorme para toda la comunidad”, dijo Daniel Jennings, quien vive al otro lado de la calle de Williams en el tranquilo barrio donde el actor a menudo fue visto andando en bicicleta y deteniéndose a hablar con sus vecinos. Algo que nunca hizo, dijeron, fue actuar como una celebridad.

“Era realmente amable con todos los vecinos”, dijo Daniels. “Realmente apreciamos su amabilidad”.

“Esta mañana perdí a mi esposo y mi mejor amigo, al tiempo que el mundo perdió a uno de sus artistas más queridos y seres humanos más bellos. Estoy totalmente abatida”, dijo la esposa de Williams, Susan Schneider.

“En nombre de la familia de Robin, pedimos que se respete nuestra privacidad durante este momento de profundo dolor. Cuando se le recuerde, esperamos que no se concentren en la muerte de Robin sino en los innumerables momentos de alegría y risa que dio a millones”.

Williams había sufrido ataques recientes de depresión profunda, dijo su representante, Mara Buxbaum. Apenas el mes pasado, el actor anunció que volvía a un programa de tratamiento de 12 pasos que dijo que necesitaba luego de 18 meses consecutivos de trabajo. Se había sometido a tratamiento en 2006 luego de una recaída tras 20 años de sobriedad.

Williams bromeó sobre esa recaída durante una gira de comedia, diciendo, “Fui a rehabilitación en el condado del vino para mantener abiertas mis opciones”.

Del mismo modo, cuando se supo que tenía problemas de drogas a principios de la década de 1980, Williams respondió con un chiste que por un tiempo se convirtió en un lema para el consumo de drogas recreacionales en su generación: “La cocaína es la manera como Dios te dice que ganas demasiado dinero”.

Un gran profesional

Sus problemas nunca parecieron afectar su talento. Desde que saltó a la fama a fines de los 70 como el extraterrestre en la exitosa serie televisiva “Mork & Mindy”, hasta sus monólogos teatrales y numerosas películas taquilleras, el pequeño actor de pecho fuerte despotricó y gritó como si acabara de salir de una celda de aislamiento.

Ruidoso, rápido y frenético, parodió a todos: desde John Wayne hasta Keith Richards, imitando a un inmigrante ruso con la misma facilidad que a una jauría de perros nazis.

Fue una bomba vestido de señora en “Papá por siempre” o como un genio en la cinta animada “Aladdin”.

Curiosamente, ganó su Oscar por un papel dramático, aunque igualmente intenso, como profesor en la película de 1997 "En busca del destino".
Ganó Globos de Oro por "Buenos días, Vietnam", "Papá por siempre" y "Pescador de ilusiones".

Sus créditos también incluyeron “Popeye” de Robert Altman (un gran fracaso de taquilla), “Moscú en Nueva York” de Paul Mazursky, con la actriz cubano-venezolana María Conchita Alonso; “Hook” de Steven Spielberg y “Los enredos de Harry” de Woody Allen.

“Robin fue un tormenta eléctrica de genialidad cómica y nuestra risa era el rayo que lo sostenía. Era un amigo y no puedo creer que se haya ido”, dijo Spielberg.

Más recientemente, Williams apareció en la saga de películas “Una noche en el museo”, interpretando al presidente Theodore Roosevelt en las comedias en las que el guardia de seguridad interpretado por Ben Stiller debe lidiar con figuras de cera que cobran vida y siembran el caos cuando el museo cierra. La tercera película de la serie está en posproducción y su estreno se anuncia para fines de este año.

En abril, Fox 2000 dijo que estaba desarrollando una continuación para “Papá por siempre” y Williams estaba en conversaciones para participar en la producción.

Williams también volvió brevemente a la televisión el año pasado con “The Crazy Ones”, de la CBS, una serie de comedias sobre un padre y una hija al frente de una agencia de publicidad, que protagonizó junto a Sarah Michelle Gellar. El programa se canceló luego de una temporada.

En los últimos meses había terminado los rodajes de “Merry Friggin' Christmas” y “Una noche en el museo: el secreto de la tumba”, que se estrenarán este año, y “Absolutely Anything”, que llegará a los cines en 2015.

Hacia la cumbre

Nacido en Chicago en 1951. Williams recordaba que era un chico tímido que hacía reír a su madre con una imitación de su abuela. Empezó a superar la timidez en la secundaria, donde ingresó al club de teatro y luego fue aceptado en la Academia Juilliard, donde en varias clases él y Christopher Reeve fueron los únicos estudiantes y John Houseman el profesor.

Alentado por Houseman a dedicarse a la comedia, Williams se identificó con los más salvajes y rabiosos intérpretes: Jonathan Winters, Lenny Bruce, Richard Pryor, George Carlin. Sus actos no eran cálidos y encantadores. Sólo eran ellos mismos.

“Uno ve el mundo y ve lo aterrador que puede ser a veces y aún así intenta lidiar con el temor”, dijo en 1989. “La comedia puede lidiar con el temor y aún así no paralizarte ni decirte que se irá. Uno dice, ok, tenemos varias opciones aquí, podemos reírnos de ellos y entonces una vez que te ríes de ellos y expulsas el demonio, puedes lidiar con ellos. Eso es lo que hago cuando actúo”.

¿Cómo fue que Williams llegó a la cumbre? Explicarlo demoraría dos veces más que el tiempo que necesitó en llegar.

¿Alguien más en el mundo ha logrado eso? Para nada. Williams era una fuerza natural. El mundo lo conoció como el alienígena estrafalario de “Mork & Mindy”, un comediante que elevó la improvisación a una forma de arte y también demostró una rara versatilidad en papeles más serios.

Recorrió sin baches la comedia y el drama durante una época brillante en Hollywood en los años 1980 y 1990.

En 1997 la revisa Entertainment Weekly nombró a Williams el hombre vivo más cómico y al año siguiente lo consideró entre los 25 mejores actores del mundo, una doble distinción que lo convirtió en algo poco común.

Williams tocó a todas las generaciones y grupos desde su debut como cómico en los años 1970 con Steve Martin, John Belushi, Dan Aykroyd y Billy Crystal. Se destacó brillantemente en un momento en que la escena la dominaban dos escuelas de comedia -”Saturday Night Live” y Johnny Carson- y Williams se sentía igualmente cómodo en las dos.

Williams fue la voz del genio en “Aladdin” y un disc jockey hiperkinético “Buenos días, Vietnam”. En “Papá por siempre” fue un padre que se disfrazaba de mujer para ver a sus hijos y en “La jaula de los pájaros” era el homosexual que regenteaba un bar de travestis.

Fue maestro de inglés en “La sociedad de los poetas muertos”, científico en “Despertares” y prisionero de guerra en “Una señal de esperanza”. En “The Angriest Man in Brooklyn”, película independiente de este año, Williams hace el papel de un hombre a quien le dicen por error que le queda una hora y media de vida.

Pero fue en el escenario, frente a las luces, donde Williams brilló con más intensidad. Las improvisaciones, las tangentes y las imitaciones eran como un torrente dirigido a la audiencia. Era como cocaína escénica, una droga de la que abusó en la vida real y que, naturalmente, formaba parte de su comedia.

Como muchos comediantes, Williams parecía impulsado por sus demonios. Tuvo una vida personal complicada, sufrió de depresión y recibió tratamiento por adicciones.

“Uno tiene una voz interior crítica, un impulso interior que dice: ‘Vamos, puedes hacer más’. Ésa es la que te mantiene en movimiento”, dijo Williams.

“Tal vez es un demonio, algunos dicen que es una musa. ¡No, no es una musa! ¡Es un demonio! ¡Vamos, hijo de perra! ¡Jajajajajaja! ¡El pequeño demonio!”.

Al final de cuentas, Williams tenía necesidades que nadie pudo satisfacer. Los millones de personas en el mundo a quienes hizo reír durante cuatro décadas no fueron suficientes.

Además de su esposa, Williams deja a su hija Zelda, de 25 años, y a sus hijos Zachary, de 31, y Cody, de 22.

LAS MAS LEIDAS