10 de mayo de 2014 - 21:39

Futuro y política

La política enfrenta un desafío inevitable: tratar con dos tipos de problemas que exigen modos diferentes de pensamiento, fundados en un proyecto nacional coherente que sea nuestra forma de ser pero inserto en el mundo globalizado.

Las últimas elecciones en el país mostraron una extraordinaria coincidencia en los eslóganes de prácticamente todos los candidatos, esto fue una constante apelación al futuro. Es claro que ninguno piensa en hacer campaña mediante una apelación al pasado. Una segunda y paradójica coincidencia es que inmediatamente alcanzados los resultados electorales todos los candidatos descartan esta parte del discurso político.

He sostenido en diversas conferencias que esto no se debe a una naturaleza particularmente maligna de los políticos que mienten con plena conciencia de que no cumplirán sus promesas. Una de las razones de este abandono radica en que las restricciones externas a la plena libertad de acción de la dirigencia política no han sido consideradas al momento de formular su programa de acción.

Los problemas que se presentan como requiriendo la necesaria intervención de la dirigencia política son usualmente de tipo interno, responden a necesidades de la población establecida dentro de los límites tradicionales del Estado y las campañas se orientan a proponer soluciones para ese tipo tradicional de problemas.

En materia política, la percepción de la realidad es en alto grado dependiente de la forma en que se concibe la actividad política. Si a la misma se la confunde con la lucha política, se la visualiza como una guerra permanente, como un conflicto irresoluble entre amigos y enemigos; las razones de los otros no encuadran sino en el deseo de nuestra destrucción, lo que justifica que deseemos lo mismo para ellos.

Pero si a la política se la entiende en su sentido arquitectónico, como construcción a partir de los elementos existentes, sobre todas las fuerzas y actores de la sociedad política, se impone la capacidad de diálogo, la disposición a escuchar a quienes piensen distinto, convicción de que la oposición puede contribuir a un mejor conocimiento de las cosas. Esto en relación con los estilos políticos.

Pero en función del contexto, la percepción de los tiempos que nos tocan vivir, el kairós, requiere entender que la política hoy ha dejado de responder al simplismo de la división clásica de política interna y política internacional. Comprender también que la complejidad y la incertidumbre son componentes siempre presentes en los grandes problemas globales, los que a su vez no reconocen jurisdicción o institución responsable de dar soluciones a los mismos.

Estos son la expresión de las tendencias transnacionales, las que desde las perspectivas de los Estados Nacionales son, en su verdadera naturaleza, tendencias mundializantes, es decir, se desarrollan y evolucionan a escala mundial, por encima y a pesar de las fronteras nacionales.

Que el mundo de la Guerra Fría ha cambiado no quedan dudas, pero entender qué es lo que está cambiando y cuáles son sus consecuencias no ha sido comprendido por muchos de los representantes de las clases políticas de nuestros países, lo que pone en cuestión la función de liderazgo que debiera caracterizar esta dirigencia.

La globalización con la emergencia de tendencias y actores transnacionales ha sido caracterizada por la aceleración de la historia, la reducción del tamaño relativo del mundo, y la crisis de las instituciones tradicionales: desde el Estado Nación a la Iglesia Católica, pasando por las educativas y por la propia familia.

Otro componente fundamental de la sociedad actual es la explosión del conocimiento científico-tecnológico. La variable ciencia y técnica puede verse como el motor transformador de las condiciones de la existencia humana, por sus investigaciones en la constitución de la materia, las fuentes de energía, la estructura genética de la vida y los nervios de la vida social, analizados mediante la teoría de la información social y las nuevas tecnologías de la información y de las comunicaciones.

Asimismo, las diversas manifestaciones de esta variable nos permiten percibir la profunda transformación del conocimiento humano. Lo que se fundamenta en los nuevos aportes científicos que provienen de la física de partículas, la biología molecular, la astrofísica, la cibernética, y un conjunto de teorías que fundamentan un nuevo paradigma científico emergente. Desde este punto de vista, el conocimiento humano convencional aparece totalmente "desbordado" por el nuevo orden de magnitud puesto de manifiesto por la ciencia y técnica.

Desde esta perspectiva, tendencias y actores transnacionales y la explosión del conocimiento ponen en descubierto nuevas dimensiones del espacio y del tiempo y opera con un nuevo orden de magnitud que torna obsoletas a las formas convencionales del pensamiento humano.

El Estado Nacional, el sistema internacional basado en aquéllos y también nosotros, los habitantes del planeta, -hemos quedado "desubicados" con respecto al espacio en que nos desplazamos, "desfasados" en el tiempo que nos toca vivir y finalmente "desbordados" por la explosión del conocimiento científico y tecnológico.

La política enfrenta el desafío inevitable de tratar con dos tipos distintos de problemas que exigen dos modos diferentes de pensamiento, pero ambos tienen que fundarse en un proyecto nacional coherente, el que será nuestra forma de ser en un mundo cada vez más global.

Los políticos, por una parte deben estar capacitados para liderar a los ciudadanos en los problemas cotidianos del país, cuya solución depende -todavía- de recursos y esfuerzos nacionales. En relación con los problemas globales es urgente incorporar un nuevo tipo de asesorías con acceso a la información disponible en el mundo, que realicen los estudios necesarios en cada una de las áreas de los distintos ministerios y sectores del Estado, asegurando la reubicación del mismo con respecto a los cambios dimensionales del espacio, del tiempo y/ del conocimiento.

Cuando la aceleración de la dinámica global excede nuestra capacidad de anticipación es imperioso aplicar el extendido herramental de los estudios de futuro a la visión política.

Apelar al futuro para tener éxito en la política seguirá siendo insuficiente si no se aplican métodos y técnicas prospectivas a la toma de decisión, política sin prospectiva es política sin futuro.

LAS MAS LEIDAS