26 de septiembre de 2013 - 22:51

Frente a nuevos desafíos

Comprender, organizarse y actuar, fue el lema de los Congresos Nacionales CREA y también lo fue para un conjunto de personas quienes, representando a casi todas las instituciones privadas y públicas que actúan en el conglomerado vitivinícola, decidieron levantar la vista, imaginando un futuro a 20 años, innovando institucionalmente, creando el PEVI 2020 y la Coviar. Con este capital social reimpulsamos la nueva vitivinicultura que nos enorgullece como argentinos.

El moderno paradigma de agronegocios dice que los productos avanzan corriente arriba, desde la genética, la producción, la industrialización, el fraccionamiento y la distribución, hasta llegar al encuentro con el consumidor. Este paradigma, haciendo usos de sus preferencias soberanas, selecciona, paga y emite señales; todo esto regresa corriente abajo reorientando y retribuyendo a los actores que crearon valor. Este ciclo se repite indefinidamente.

Este proceso es de un gran dinamismo, tanto a nivel local como internacional, donde se lucha sin tregua buscando la tan ansiada competitividad. Los talentos son permanentemente convocados para que aporten su creatividad para crear valor que pueda ser capturado y distribuido por el conglomerado.

Nos parecemos así a un complejo entramado de redes interconectadas, muy asociados a lo territorial, con una diversidad de actores con diferente proximidad, a veces actuando de manera directa y otras como complementadores.

Estos procesos de innovación son los que construyen competitividad de manera sustentable, generando beneficios económicos, sociales y ambientales. Se originan de manera sistémica, es decir en lo tecnológico, en lo organizacional y en lo institucional. Surgen en cualquier punto del conglomerado; desde las mismas empresas, desde los Institutos de Ciencia y Técnica o Fiscalización, desde las Universidades, desde las organizaciones sociales o desde el sector político. Desencadenando interacciones que sinergizan las potencialidades de los actores, con una única búsqueda, satisfacer las demandas del consumidor, ganando espacio en los mercados.

Al trabajar para recuperar la competitividad perdida, debemos comprender que los valores que están en juego no son solo los de nuestros viñedos, de nuestras bodegas y de nuestras marcas. Es la fenomenal construcción social que hemos logrado en el conglomerado la que está en peligro, es nuestra misma historia y razón de ser.

Así como trabajando en equipo innovamos para sorprender al mundo con la irrupción de nuestros malbec, debemos hacerlo para recuperar la competitividad perdida que nos aleja de los mercados.

Es tarea de todos.

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