El Papa Francisco despegó anoche desde Roma rumbo a su primer viaje a Myanmar y Bangladesh.
El Papa Francisco despegó anoche desde Roma rumbo a su primer viaje a Myanmar y Bangladesh.
El Sumo Pontífice arribará hoy a Rangún, en Myanmar. El jueves seguirá viaje a Bangladesh.
Esta gira tiene lugar a la sombra de la crisis en torno a la perseguida minoría musulmana de los rohingya, cientos de miles de los cuales huyeron de Myanmar a Bangladesh. Hay gran expectativa respecto de si el papa se referirá al tema o no.
El momento culminante de su viaje de seis días será una reunión con la Premio Nobel de la Paz y jefa de gobierno de facto de Myanmar, Aung San Suu Kyi, quien fue duramente criticada internacionalmente por no posicionarse claramente en la crisis de los rohingya.
En Bangladesh, Francisco participará en un encuentro interreligioso, en el que también habrá miembros de la minoría rohingya. Según el programa oficial, no está previsto que el papa visite uno de los gigantescos campos de refugiados.
Es la primera vez que un papa visita Myanmar, en el sudeste asiático y de mayoría budista. Bangladesh, de mayoría musulmana, recibió hasta ahora sólo la visita de Juan Pablo II.
En ambos países hay solo una pequeña minoría católica. El Vaticano comunicó que Francisco quiere transmitir un mensaje de “reconciliación, paz y perdón”.
Tenso clima
De joven, Bidhan Kamol Rosario dejó su pueblo católico para luchar por la independencia de Bangladesh. Ahora, se pregunta sobre su futuro en este país, en el que el auge del extremismo islamista infunde temor en las minorías religiosas.
La pequeña comunidad católica de Bangladesh espera con impaciencia la visita del Papa Francisco a este empobrecido país del sureste asiático, la primera en más de tres décadas, del 30 de noviembre al 2 de diciembre.
El viaje llega en un momento en el que, según los fieles, nunca antes había sido tan difícil ser cristiano en este país de mayoría musulmana. Desde hace unos diez años, Bangladesh avanza hacia un islam rigorista.
“Durante la Guerra de Liberación, queríamos un Bangladesh magnífico que integrara a gente de todas las razas, creencias y religiones”, recuerda Rosario, de 65 años, en alusión al conflicto de 1971 que desembocó en la independencia del antaño Pakistán Oriental.
“Nunca he querido ventajas o favores para mí, solo la igualdad de derechos para todos”, continúa. “Pero, ahora, tengo la sensación de que no hay igualdad para nosotros”.
Según los responsables católicos locales, muchos de sus parroquianos decidieron irse de Bangladesh en los últimos años frente a la reciente oleada de ataques yihadistas, que también afecta a otras minorías como la hindú.
El año pasado, dos conversos fueron asesinados. El propietario de una tienda de ultramarinos, católico, también fue brutalmente asesinado con arma blanca.
Los cristianos representan menos del 0,5% de los 160 millones de habitantes de Bangladesh y han vivido durante siglos en armonía con la mayoría musulmana.
Jugaron un papel importante en la historia del país. Todavía hoy, sus escuelas y hospitales ofrecen un apoyo vital a los pobres. Rosario forma parte de la pequeña comunidad católica descendiente de mercaderes portugueses instalados en el siglo XVII en Nagori, un conjunto de pueblos cerca de Daca, la capital.
Advertencia de monjes budistas
En la víspera de la llegada del Papa Francisco a Myanmar, un grupo budista radical le advirtió al Pontífice que durante su visita no debe apoyar a la minoría musulmana rohingya, la misma que desde hace meses es obligada a escapar de ataques y abusos del Ejército, en lo que la ONU y Estados Unidos ya calificó como una “limpieza étnica”.
“Le damos la bienvenida pero, si apoya a los extremistas bengalíes y rohingya, se ganará críticas”, fue la advertencia explícita pronunciada por U Thaw Parka, el vocero de la más influyente organización religiosa birmana, Ma Ba Tha (Asociación Patriótica de Myanmar), de corte integrista y anti-islámico.
“Esperamos que el Papa no haga ese tipo de discurso”, agregó el monje, quien también adelantó “nuestro agradecimiento” si Francisco se limita a “hablar de paz y a dar su bendición”.
Anoche, Francisco partió desde el Vaticano para iniciar hoy una visita oficial de cuatro días a Myanmar y Bangladesh, los dos países que son hoy escenario del éxodo de más de 600.000 rohingyas en sólo tres meses, lo que desató una crisis humanitaria y encendió alarmas en todo el mundo.
Ayer, al pronunciar el tradicional rezo del Angelus frente a 30.000 fieles en la Plaza San Pedro, Francisco habló de su viaje: “Les pido acompañarme con la oración, para que mi presencia sea para esas poblaciones una señal de cercanía y de esperanza”.