16 de marzo de 2013 - 00:46

Francisco, Cristina y las chances de una nueva relación

Difícil equilibrio el que deberá mantener Cristina Fernández. Todos, incluso sus amigos bolivarianos, celebran a un Papa que ella no puede celebrar por sus grandes enfrentamientos pasados. Sn embargo, algo deberá cambiar ante la nueva entidad de Bergoglio

"No escuchen lo que digo, miren lo que hago", gustaba decirles el presidente Néstor Kirchner a los empresarios cuando recelaban ante sus arrebatos públicos supuestamente anticapitalistas. Esa idea parece haber inspirado a Cristina Fernández en el comportamiento que como Presidenta siguió en las horas inmediatamente posteriores a la elección de Jorge Bergoglio como el papa Francisco.

Si bien contaba con algún indicio de que Bergoglio podía ser el elegido (el martes, una fuente del nuncio apostólico en el país le hizo saber al Gobierno que el argentino había arrancado en punta desde la primera votación), no tuvo tiempo de digerir el mal trago: quien había sido considerado por Néstor Kirchner como "el jefe de la oposición" por sus fluidos contactos con dirigentes no kirchneristas, había sido elegido jefe de la Iglesia Católica. Ni bien el flamante Papa argentino apareció en los balcones que dan a la Plaza de San Pedro, el secretario de Culto de la Cancillería, Guillermo Olivieri, recibió un llamado desde Olivos. "Prepará todo que vamos a la asunción", le ordenó la Presidenta.

Después le siguió un mensaje estrictamente protocolar, que contrastó con la efusividad de otros presidentes latinoamericanos: "¡Tenemos papa latinoamericano! ¡Que viva Francisco I!" (Rafael Correa). "La más alta y digna consideración" (Raúl Castro). "Alguna mano nueva (por Hugo Chávez) llegó y Cristo dijo llegó la hora de América del Sur" (Nicolás Maduro). Y hasta de Barack Obama, que saludó a un "americano, campeón de los pobres".

De frío y distante, hasta con un dejo de resentimiento, coincidió en calificarse el mensaje de la Presidenta. Pero si hubiera sido efusivo, celebratorio por demás, diferente a lo que fue -un mensaje de jefe de Estado a jefe de Estado-, ¿no se habría calificado su reacción de oportunista, pretenciosa de subirse a la ola triunfalista por tratarse del primer Papa argentino y latinoamericano?

Hasta ahí, la reacción tuvo bastante de rapidez de reflejo y madurez política. Pero sobre el final del día, acaso porque está en su visceral concepción política, cayó en la mezquindad. Terminó por reconocer que el miércoles era un día histórico porque "hay un Papa que pertenece a Latinoamérica". Y después le deseó que ratifique la opción por los pobres "porque este es un gobierno que ha estado siempre optando por los que menos tienen". Un desafío político al otrora "jefe de la oposición", pero que por esas horas había pasado al escenario planetario como jefe de una institución milenaria.

Acaba de trascender el liderazgo nacional, que ciertamente ejerció: Bergoglio no sólo fue un detractor desde sus homilías de las políticas del kirchnerismo durante la última década, sino también un jugador político tras bambalinas, como cuando convenció al obispo Joaquín Piña de pelear al frente de una alianza opositora en Misiones para abortarle el proyecto reeleccionista a Carlos Rovira, el gobernador aliado del kirchnerismo.

Pero si se trata de mezquindades, contrarias a la prédica de diálogo social que tuvo Bergoglio desde la crisis de 2001, durante estos días también las hubo desde la oposición. Por caso, Ricardo Alfonsín fue invitado y aceptó ser parte de la comitiva de Estado que junto a la Presidenta estará el martes en la asunción de Francisco, pero eligió ir por las suyas a Roma. Otro fue Hermes Binner, quien sobreactuó al decir que habría rechazado el convite de haber sido invitado a integrar la comitiva oficial.

Después del impacto, el Gobierno buscará tener gestos de conciliación, que supone serán correspondidos desde El Vaticano. "La Casa Rosada está dispuesta a responder con hechos de reciprocidad, hacia una nueva relación, frente a este nuevo escenario, en tanto, como es esperable, se respete el principio básico de no injerencia en los asuntos internos", aseguró a este diario una alta fuente gubernamental. Por lo pronto, en la Rosada se valoró el pedido público de Francisco de que no viajen a Roma la cantidad de dirigentes de todo tipo que tenía intención de hacerlo, en una suerte de "argentinización" de una ceremonia mundial.

La reciprocidad de parte del Gobierno será dada cuando se discuta el proyecto de reforma del Código Civil y Comercial que la Presidente decidió apurar y que volverá a debatirse en la comisión bicameral el jueves próximo. Pese a presiones de las comunidades aborígenes y de iglesias evangélicas, no habrá cambios al artículo 33 que desde la reforma de 1968 equiparó a la Iglesia Católica con los otros poderes del Estado como personas jurídicas de carácter público, no privado.

También otra señal será sobre el aborto no punible cuando se debata el futuro Código Penal. Se sabe que Cristina Fernández tiene una posición personal de oposición a su legalización. "Pero políticamente será distinto que ella baje la posición de no avanzar con ese tema", anticipó aquella fuente.

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