Sólo el accionar del Gobierno puede estructurar a la oposición, que hasta ahora no ha podido capitalizar la saga de errores que viene cometiendo el kirchnerismo en diferentes áreas de la administración nacional.
Las consecuencias que está pagando el oficialismo, y que se observa en el descenso de la imagen positiva de Cristina Kirchner, son producto de los tropiezos del Ejecutivo y de su desacertada política comunicacional, que se funda en la convicción de que la Presidenta no necesita ni debe tener intermediarios entre ella y la ciudadanía.
El cacerolazo del 13 de setiembre sirvió, sin embargo, como combustible para esta oposición con autoestima por el piso. Se puede notar un antes y un después de ese día ya que muchos dirigentes, de casi todas las fuerzas políticas, salieron del letargo y comenzaron a hablar de 2013. Por ahora, son sólo un cúmulo de gestos que pretenden expresar acercamientos y tantear la respuesta de la sociedad.
Aunque esté todo muy verde, algunas imágenes o declaraciones son elocuentes y se puede advertir que está en ciernes un polo opositor de centro-derecha y la conformación de otro polo opositor de centro-izquierda.
Estos trazos gruesos no disimulan que el armado de la oposición en sí misma es por demás caótico y encierra tantas contradicciones como especulaciones posibles. La historia tiende a repetirse, por lo que habrá que ver si estas estrategias derivan en una victoria como la de las legislativas de 2009, lo que alcanzaría para sepultar la suerte del proyecto re-reeleccionista del cristinismo; o en una derrota fenomenal como la del año pasado, que le abrirá las puertas al oficialismo para continuar en el poder más allá de 2015.
Para muestra de estos desaguisados valga un botón. Esta semana se inició con la foto entre Mauricio Macri y Hugo Moyano, que dejó frases que buscaron provocar los ánimos oficialistas en las que insinuaron hasta la posibilidad de compartir una fórmula presidencial.
Sin embargo, dos días después, el macrismo aportó los votos de sus diputados para sancionar una ley enviada por Cristina Kirchner (a pedido de la Unión Industrial Argentina) que fue fuertemente resistida por la CGT de Moyano y la CTA opositora.
Mientras Moyano, afuera del Congreso, comparó los cambios a la Ley de Riesgos de Trabajo con la ley de "la Banelco" de flexibilización laboral, los legisladores del PRO acercaron sus porotos para que el kirchnerismo aprobara la norma con holgura. En el peronismo disidente, donde hay voces pro-empresariales como en el macrismo, algunos diputados optaron por retirarse del recinto para no votar con el kirchnerismo y también para no votar en contra de Moyano, con quienes los líderes territoriales del peronismo no oficialista vienen hablando para armar una propuesta opositora en 2013.
Desde el Frente Amplio Progresista -que tiene base sindical, la CTA de Pablo Micheli- y desde el radicalismo se entonó un fuerte reproche al kirchnerismo, que debió soportar que lo acusaran de ir en contra de los trabajadores que dice defender, porque la ley es la consagración de la eliminación de la doble vía que hasta ahora tenían los empleados siniestrados.
Concretamente, la norma impulsada por Cristina obliga a los trabajadores a optar de forma excluyente por cobrar una indemnización de las ART o no recibir un peso de éstas, ir a la Justicia y esperar años a que se expida. Y a tomar esta decisión en no más de quince días, ni bien sufrió el daño o la incapacidad y es preso de una situación de debilidad y necesidad extrema.
El otro punto que amalgama a la oposición es la guerra del Gobierno contra los medios de comunicación críticos, en especial el Grupo Clarín. La avanzada sobre la Justicia para que la Corte resuelva cuanto antes el conflicto en torno al artículo 161 de la Ley de Medios, que otorga un año para que los empresarios se desprendan de las licencias que están por encima de los topes fijados, llena de pánico a todos los opositores, incluso a aquellos con viejos desencuentros con este multimedio.
El proyecto de ley para reglamentar el per saltum y las denuncias penales del Gobierno a los miembros de la oposición en el Consejo de la Magistratura son parte de la misma estrategia.
Radicales, peronistas disidentes y el Frente Amplio Progresista no sólo temen por la salud de las instituciones republicanas sino por su propio futuro político. Miran el nuevo mapa comunicacional que el kirchnerismo forjó a fuerza de publicidad oficial en estos tres años, en los que la Ley de Medios casi no fue aplicada, y hacen el siguiente razonamiento: si hoy en Capital Federal hay cinco canales de TV de los cuales 4 son pro-gobierno, ¿qué pasará si el kirchnerismo reduce a Clarín? ¿Deberán enfrentar un largo silenciamiento como el que ya padecen en los medios oficialistas pero ahora en todos los medios de comunicación?
Para finalizar, un comentario.
El domingo último el diario porteño Página 12 publicó una brillante entrevista a la filósofa belga Chantal Mouffe, quien defendió a lo largo de la misma su tesis de que es necesario pensar la democracia y la política bajo la lógica del "agonismo" y no del "antagonismo", porque ésta última, conocida como lógica de amigo-enemigo, tiende a eliminar al otro, en cambio la primera plantea una relación de adversarios y ayuda a articular sociedades más democráticas.
"La tarea fundamental de una política democrática es crear todas las instituciones y los procedimientos para permitir al conflicto manifestarse de una manera agonística. Si eso no existe, el conflicto aparece bajo formas violentas.
Por eso creo que hay responsabilidad de los partidos, que tienen que considerar a los otros como adversarios, no como enemigos a eliminar. Pero también es necesario a nivel del Estado que existan los canales que permitan esa expresión", dijo Mouffe.
La pensadora, que como su marido, el argentino Ernesto Laclau, defiende los gobiernos kirchneristas, dejó así planteada una enorme crítica a todo el sistema político argentino, que alcanza a opositores y oficialistas dado que ambos buscan la eliminación del otro.
Esto es más claro, según la opinión de este periodista (no lo dice Mouffe), en el kirchnerismo. Pero también aparece la lógica del antagonismo en la oposición argentina, que construyó su única victoria electoral, la de 2009, machacando en contra de la figura de Néstor Kirchner.
Y cuando éste falleció (mañana se cumplen dos años) se quedó sin antagonista y no supo mostrar propuestas. El problema de llevar adelante este cambio cultural que sugiere Mouffe en la Argentina de estos días es que ni uno ni los otros se atreven a ceder. Unos por miedo a una destitución anti-democrática (predicción-eje del relato oficial) y los otros por el avance del Gobierno sobre la Justicia, los medios, los organismos de control, el Parlamento y un largo etcétera.
