Puntualmente en nuestra provincia, la producción se divide 80% para cultivos industriales (donde la vid y el olivo están incluidos), 10% para las hortalizas (con un dominio del 53% del ajo), 8% de frutales, 1% de cereales y un 1% de otros cultivos.
La mayor parte de la producción orgánica argentina está destinada a la exportación con un incremento del 38% respecto a 2020, principalmente en los productos industrializados, siendo Estados Unidos el principal destino con el 46% del volumen exportado. Las ventas a la Unión Europea disminuyeron un 10% y constituyeron el 38% de lo exportado. Reino Unido representó el 4%, mientras que Suiza y Japón se llevaron el 1% del total exportado, respectivamente.
Si hablamos del mercado interno, la relevancia sigue siendo escasa como destino específico de la producción, aunque se caracteriza por su diversa oferta de productos. Respecto a 2020, el año pasado los productos con destino a consumo final dirigidos al mercado local disminuyeron y participaron en un 1,2% del volumen certificado.
Vino orgánico: un mercado #que tiene todo por ganar
Este mes el INV publicó el ya mencionado primer reporte sobre productos orgánicos vitivinícolas. En ese relevamiento se ve reflejado un incremento del 27% de vides orgánicas en Argentina en la comparativa de 2020 y 2021 y un aumento del 76% si se miran los números del año pasado y 2012.
De las 96.476 hectáreas cosechadas bajo certificación orgánica, 9,6% corresponde a vid. Argentina en 2021, cosechó 9.300 hectáreas de vid certificada como orgánica, lo cual representa el 4,4% del total cultivado en el país. Y, si bien la producción de uva orgánica es aún baja en comparación con los países más importantes en la materia, el promedio anual de crecimiento es alto, situándose en el 38% (2018-2021).
Los datos provisorios de la campaña 2022 indican que fueron 142 establecimientos los que ingresaron uva orgánica por un total de 706.171 quintales. Mendoza recibió el 60,9% de ese total, La Rioja es la segunda en importancia con 18,6% y San Juan en tercer lugar con 17,9%. El Malbec es el que tiene mayor volumen, con Malbec (30,1%), seguido por Cereza (14,7%). Luego siguen tres variedades blancas: Torrontés Riojano (9,5%), Chardonnay (5,5%) y Pedro Giménez (5%).
Como sucede con el resto de los productos orgánicos, la exportación es el mercado que más demanda. En 2021, se vendieron al exterior 11,1 millones de litros de vino orgánico, 2,4 millones de litros de mosto concentrado orgánico y 887 toneladas de pasas de uva orgánica. Cabe destacar que los tres productos tuvieron un aumento respecto al año anterior.
El mayor volumen exportado de productos vitivinícolas orgánicos se destinó a Estados Unidos (20,7% del total), de la mano del mosto concentrado. Le siguieron Dinamarca (16%), Suecia (14,9%), Reino Unido (10,1%) y Alemania (8,8%), los cuales importaron principalmente vino orgánico. En tanto, las pasas de uva se destinaron a Alemania, Países Bajos, Estados Unidos y Austria entre otros.
El mayor productor de vino orgánico es Grupo Avinea, que con sus seis fincas distribuidas en Mendoza y Chubut cuenta con 355 hectáreas certificadas. “Ser orgánico es parte de nuestra filosofía de trabajo; está en nuestro ADN, con lo cual el desarrollo de vinos orgánicos es algo que venimos trabajando en estos últimos 12 años. Para nosotros es un orgullo y una responsabilidad ser punta de lanza de los vinos orgánicos de Argentina y embajadores del vino orgánico en los mercados internacionales”, declaró Juan Pablo Murgia, Gerente de Enología del grupo propietario de bodegas como Argento y Otronia.
“Manejar nuestros viñedos sosteniendo un equilibrio con el sistema agroecológico es algo muy importante desde el punto de vista de la conservación, el cuidado del medio ambiente y la sustentabilidad de nuestras fincas. Porque un viñedo manejado de forma natural, entrega una fruta con mejor expresión resaltando el carácter de lugar, de la variedad y del terroir”, planteó.
Sobre el manejo orgánico, el enólogo afirmó que es fundamental la interpretación del lugar y el seguimiento de los ciclos de forma muy precisa, tanto de la vid como de las malezas y los insectos y plagas. “Para intervenir lo menor posible y mantener la naturaleza de un lugar hay que conocer mucho más del funcionamiento agroecológico del mismo, es decir para hacer menos hay que conocer más”, dijo. Y agregó que es fundamental anticipar y prevenir los fenómenos climáticos, principalmente las lluvias y la humedad.
Avinea exporta a más de 50 mercados en el mundo, donde los principales son europeo, Brasil, Canadá y Estados Unidos. “Vemos tanto a nivel nacional como internacional un creciente interés del consumidor en los vinos orgánicos. Observamos un consumidor cada día más interesado en llevar adelante una vida equilibrada con pleno conocimiento sobre los productos que elige”, opinó Murgia.
Tanto en ellos como en los críticos se ha dado un cambio de percepción de la categoría: “En relación a los críticos, vemos muy buenos puntajes en los últimos años a vinos orgánicos, lo que habla de su crecimiento y protagonismo en la industria. Recientemente Decanter premió como Best in show y medalla de platino a un vino orgánico Pacheco Pereda Cabernet Franc y medalla platino el Argento Single Vineyard Agrelo Malbec, esto reafirma el camino emprendido hace más de 10 años”, completó el enólogo.
¿Por qué se necesita la #certificación orgánica?
“Se entiende por producto “orgánico”, “ecológico” o “biológico”, en adelante “orgánico”, a todo sistema de producción sustentable en el tiempo, que mediante el manejo racional de los recursos naturales, sin la utilización de productos de síntesis química, brinde alimentos sanos y abundantes, mantenga o incremente la fertilidad del suelo y la diversidad biológica y que asimismo, permita la identificación clara por parte de los consumidores, de las características señaladas a través de un sistema de certificación que las garantice”, define la Ley 25.127.
Una de las certificadoras que oficia en Argentina es Letis, una empresa global con presencia en 27 países que se encarga de auditar y certificar mediante un equipo interdisciplinario de especialistas los estándares de calidad y sustentabilidad en productos y procesos de la agroindustria.
Para la institución que existe en el país desde 25 años, la certificación es una garantía de confianza para el consumidor, mientras que la para el productor representa un doble beneficio: el cuidado de sus trabajadores, la comunidad y el medioambiente y ventajas comerciales.
Sobre este aspecto, Aniela Galli del Área de Desarrollo de Letis Argentina explicó: “En primer lugar, la posibilidad de diferenciar su producción con un valor agregado, lo cual le permite ingresar a mercados internacionales muy competitivos, con precios premium, diferenciándose de los commodities. Por otro lado, en 2021 se implementó un importante cambio en los derechos de exportación que deben pagar los productos que cuentan con certificación orgánica. De esta forma, actualmente la mayoría de los productos tienen una alícuota del 0%”.
La certificación orgánica consta de siete pasos y se renueva anualmente: solicitud del servicio, revisión de documentación, coordinación de auditoría, auditoría, revisión de informe de auditoría, emisión del certificado, seguimiento anual y renovación anual de la certificación. “El proceso de certificación, en principio, es igual para todos los sectores productivos. La diferencia radica en los puntos de la normativa que se deben cumplir, que varían según el tipo de producción y la etapa del proceso productivo”, detalló Galli.
En los últimos años, en Letis, y particularmente en Mendoza, han recibido un constante aumento en las consultas e interés de los productores por la certificación. “Este crecimiento podemos verlo más marcado en el sector vitivinícola, donde cada año un importante número de fincas y bodegas se suman a este camino. También es notable el crecimiento de las consultas por parte de productores que están muy comprometidos con los fundamentos de la producción orgánica. La cantidad de establecimientos orgánicos que certifica Letis en Mendoza viene aumentando, en promedio, un 30% anual”, puntualizó Galli.
Como se puede ver, la certificación orgánica es un proceso que demanda mucho esfuerzo por parte de los productores. Aun así, existen algunos errores que cometen de manera frecuente. “Sucede que algunos productores comienzan el proceso de certificación pensándolo únicamente como un negocio, cuando en realidad, si bien se obtienen beneficios económicos, para poder sostener el sistema de producción orgánica es necesario un convencimiento y compromiso mayor por parte del productor”, argumentó Mauricio Castro, integrante del Área de Desarrollo de Letis.
“En algunas ocasiones, se cree que lo único necesario para producir de forma orgánica es sustituir los insumos: cambiar un insumo convencional por un insumo que actúe de la misma manera pero que sea permitido para la producción orgánica. Cuando en realidad, comprometerse con este tipo de producción implica cambiar las tecnologías de los procesos: entender que los procesos ocurren de una manera diferente”, destacó. Asimismo, Castro aclaró que en Letis cuentan con un equipo que acompaña a los clientes a lo largo de todo el proceso para poder lograr un cumplimiento exitoso.
Un negocio de nicho cada vez más grande
“Con lo orgánico yo siempre tengo el lema de que primero hay que venderlo y después producirlo”, sostuvo Vicente Defelice, miembro de la Comisión Directiva del Movimiento Argentino para la Producción Orgánica (MAPO). El productor de rosa mosqueta y alfalfa comenzó a trabajar con el cultivo orgánico en Mendoza incluso antes de que exista la ley que lo regula y ha sido uno de los promotores de la creación del MAPO. Desde su larga experiencia aseguró que el mercado orgánico siempre ha sido un nicho, pero que en el último tiempo es cada vez más grande.
“Por el efecto pandémico y la concientización de la gente sobre los alimentos que consumen, la demanda ha ido creciendo y es una de las actividades mundiales con mayores perspectivas de crecimiento. Si bien todavía se puede decir que es un nicho, pero ya está tomando otros niveles”, declaró Defelice.
Tal como lo reflejan los números y la experiencia del productor, las perspectivas están puestas en el mercado, aunque Defelice aseguró que no descuidan la demanda interna. En cifras, las exportaciones de ajo aumentaron un 38% de 2020 a 2021. En el caso del vino las ventas fuera del país subieron un 6,4%, mientras que el mosto concentrado de uva tuvo un crecimiento exponencial de 146% y las pasas de uva un 40,8%, por citar los ejemplos más relevantes para Mendoza.
Con una alta demanda, las posibilidades para crecer en la producción orgánica están, pero existen algunos inconvenientes que pueden frenar las perspectivas para la provincia y el país.