Antes de hablar de inteligencia artificial, trabajo híbrido o nuevas generaciones, Fernando Podestá plantea una premisa que atraviesa todo el mercado laboral actual: las empresas ya no pueden gestionar personas como lo hacían hace veinte años. Socio y director de LinkUp, consultora especializada en gestión del talento, sostiene que las organizaciones enfrentan una transformación profunda impulsada por la tecnología, los cambios demográficos y las nuevas expectativas de quienes buscan empleo.
Embed - "La formación de la fuerza laboral depende de las empresas como constructores de talento"
—¿Cómo está hoy el mundo de los recursos humanos y qué están demandando las empresas?
—Las áreas de Recursos Humanos están atravesando cambios enormes que están transformando la forma en que trabajamos y, en definitiva, la forma en que vivimos. Ya no alcanza con administrar personal. Hoy las organizaciones necesitan evolucionar hacia una verdadera gestión de personas y de talento. Eso implica entender cómo está cambiando el mercado laboral y cómo impactan factores como la tecnología, los cambios demográficos y las nuevas preferencias de quienes buscan empleo.
—¿Qué cambió concretamente en el mercado laboral?
—Hace algunos años las empresas elegían a los trabajadores. Hoy también ocurre al revés. Los jóvenes eligen dónde trabajar, con quién hacerlo, qué horarios tener y qué equilibrio construir entre trabajo y vida personal. Las organizaciones pueden resistirse a esos cambios o adaptarse y comprender cómo funciona la nueva fuerza laboral. Las recetas que funcionaban hace veinte años ya no alcanzan.
—Uno de los grandes debates actuales es la presencialidad. ¿Dónde está el equilibrio entre productividad y flexibilidad?
—Hay una tendencia de las empresas a pedir el regreso a los lugares de trabajo después de los cambios que dejó la pandemia. Sin embargo, los jóvenes siguen valorando mucho la flexibilidad. Quieren trabajar algunos días desde sus casas, disponer de tiempo para sus proyectos personales y priorizar aspectos vinculados a su bienestar. Las empresas que quieran atraer a los mejores talentos tienen que desarrollar políticas que contemplen esas expectativas.
—Planteas que hay que pasar de gestionar recursos humanos a gestionar talento...
—Entendiendo que no existe una única receta para todos. Las organizaciones tienen que construir propuestas de valor adaptadas a las distintas realidades de las personas. No tiene las mismas necesidades un joven que recién comienza su carrera laboral que alguien con hijos o responsabilidades familiares. La clave está en la flexibilidad y en la capacidad de diseñar propuestas que resulten atractivas para cada perfil.
—¿Ya no se trata de retener personas?
—A mí me gusta más hablar de cautivar que de retener. El objetivo es generar condiciones para que las personas quieran quedarse porque encuentran oportunidades de desarrollo y bienestar dentro de la organización.
—¿Cómo ves a Mendoza frente a estos cambios?
—Todavía hay mucho por hacer. Cuando fundamos la consultora, los socios veníamos de trabajar en grandes corporaciones y buscamos trasladar esas experiencias a las empresas mendocinas. Muchas organizaciones todavía entienden Recursos Humanos como un área administrativa dedicada a liquidar sueldos o resolver cuestiones operativas. Sin embargo, su verdadero rol es ayudar a los líderes a gestionar equipos y desarrollar talento.
—¿Qué herramientas consideras fundamentales?
—Todo lo relacionado con misión, visión, valores, descripción de puestos y definición de comportamientos organizacionales. Pero no como documentos guardados en un archivo o cuadros colgados en una pared. Son herramientas que deben estar vivas porque ayudan a ordenar la relación entre líderes y colaboradores.
—¿Cómo está impactando la inteligencia artificial en el trabajo?
—Está generando una transformación muy profunda. Como ocurrió con todas las grandes innovaciones tecnológicas de la historia, habrá trabajos que desaparezcan, otros que se transformen y nuevos puestos que surgirán. Personalmente no le tengo miedo a la inteligencia artificial. Creo que debemos incorporarla como una herramienta para ser más productivos.
—¿Puede reemplazar puestos laborales?
—Algunas tareas sí. Sobre todo aquellas más operativas o repetitivas. En Estados Unidos ya se observa que ciertas funciones iniciales que realizaban los jóvenes profesionales pueden ser ejecutadas por inteligencia artificial. Pero eso no significa que desaparezca la necesidad de incorporar personas. Lo que cambia son las competencias requeridas.
—¿Existe una brecha entre la universidad y el mercado laboral?
—Sí, aunque no es responsabilidad exclusiva de las universidades. La formación de la fuerza laboral depende de la universidad y depende también de las empresas como constructores de talento. Ninguna organización puede esperar que una persona llegue completamente formada. También debe asumir un rol activo en el desarrollo de talento.
—¿Las empresas están formando menos que antes?
—Creo que sí. Se han perdido figuras que históricamente transmitían conocimiento y enseñaban el oficio dentro de las organizaciones. Las empresas deberían volver a trabajar en cuadros de reemplazo y en planes de desarrollo.
—¿Y qué ocurre con los oficios?
—Hay una demanda muy fuerte. Encontrar buenos carpinteros, plomeros, gasistas o especialistas metalúrgicos es cada vez más difícil. Son perfiles muy valorados porque existe escasez de oferta.