Este jueves se estrena en Mendoza y gran parte del mundo “Puente de Espías” (Bridge of Spies, 2015), una película que vuelve a reunir a Steven Spielberg y Tom Hanks por cuarta vez.
Este jueves se estrena en Mendoza y gran parte del mundo “Puente de Espías” (Bridge of Spies, 2015), una película que vuelve a reunir a Steven Spielberg y Tom Hanks por cuarta vez.
La trama, basada en hechos reales, cuenta un incidente ocurrido en la década del sesenta. Un avión espía estadounidense es derribado por el ejército enemigo cuando sobrevuela territorio soviético. Sorprendentemente, el piloto, Francis Gary Powers, logra escapar pero es capturado.
El abogado James B. Donovan (Tom Hanks) será el encargado de negociar y obtener su liberación. En esta entrevista, Hanks cuenta el proceso de filmación, cómo fue trabajar nuevamente con Spielberg y qué podemos esperar de la película.
-Contanos qué te atrajo del proyecto.
-Esta temática siempre me fascinó debido al lugar y el tiempo en que transcurren. Siendo niños nos enseñaron que había tipos malos en el otro lado del mundo y que levantaron una Cortina de Hierro para mantener a la gente dentro y a nosotros fuera, y que estaban determinados en destruir nuestro estilo de vida para hacernos vivir igual que ellos.
Así que mientras crecía esto era parte de nuestras vidas y se nos inculcó que teníamos que vivir, ser mejores seres humanos y los cuidadores del mundo pues había esta otra versión de la vida -que existía esta anti-versión de gobierno y la libertad- y que intentaba apoderarse de nosotros.
No podía entender cómo funcionaban las cosas por allá, se veían como nosotros y de alguna manera se vestían como nosotros, pero lo que yo quería saber era lo que sucedía dentro de sus cabezas.
-Pero está claro que no era así...
-Exacto. Mientras crecía, me traté de educar en las diferencias entre occidente y lo que estaba del otro lado de la Cortina de Hierro. Sabía que Francis Gary Powers era un piloto de U-2 que había sido derribado por la Unión Soviética, que fue un enorme incidente internacional y que hubo un intercambio que lo trajo de regreso, pero no conocía ninguno de los detalles o de la persona de James Donovan.
Me encanta leer la historia y descubrir algo nuevo -en particular acerca de un tema en el cual me siento bien versado- y cuando eso sucede es como si una máquina de apuestas me diera su premio mayor. Una de las cosas más emocionantes que le pueden suceder a un actor es que cuando leés un material que es excelente, no sólo te quieren para interpretarlo sino que también es Steven Spielberg el que te lo está proponiendo.
-¿Podés hablar sobre James Donovan, el personaje que interpretás?
-James Donovan es un negociador nato. Es irlandés, duro y no cede ni un ápice. Está dispuesto a meterse a fondo, muy a fondo, en las entrañas mismas de la ley, lo cual requiere de un tipo de atención y energía muy especial.
Así como también tenerle fe a la ley, lo cual tiene. Donovan brindó una fuerte, auténtica y apasionada defensa para este espía soviético, Rudolf Abel, quien fue arrestado y que luego fue seleccionado por el lado contrario para ayudar a facilitar un intercambio que llevaría a un espía de regreso a la Unión Soviética y otro de regreso a los Estados Unidos.
Su único dilema fue “¿puedo permitir que esto se apodere de mi vida?”, porque sabía que el juicio lo iba a consumir. Yo estaba fascinado por las complejidades del personaje pero también sabía que sería un papel de un gran reto.
Fue una extraña combinación de tener que ser muy interno -y permitir que el personaje saliera- y muy externo en toda la prosa que eso involucró; así que sabía que iba a tener que hablar mucho y que gran parte de eso sería en razonar para obtener el triunfo... Tenía que ver con algunos puntos muy específicos que Donovan quería lograr como negociador.
-¿Cómo es la relación entre Donovan y Rudolf Abel, interpretado por Mark Rylance?
-Donovan sintió que Abel era sólo un tipo que hacía su trabajo. “Es un espía y tenemos tipos por allá que hacen lo mismo para nuestro país. No podemos ser tan hipócritas como para mandarlo a la silla eléctrica por hacer el trabajo que le habían ordenado hacer pues eso significaría que nuestros hombres allá podrían sufrir el mismo destino”.
Creo que Abel quedó sorprendido al escuchar este argumento del hombre que era su abogado. No era sólo una jugarreta legal de parte de Donovan, era algo que realmente creía. Este es un hecho irrefutable que se va desarrollando a lo largo de su relación. Lo que Mark aporta a su papel es una autoconfianza completamente desarrollada. No se toma el tiempo para deshacerse totalmente de ella para luego regresar y reconstruirla.
En vez de eso, lo que hace Mark es construir en escena a un personaje que hace pequeñas fintas -sea en un sentido u otro- para luego inyectarle una sacudida de energía aún cuando sigue siendo el mismo personaje que construyó. Muy rara vez he visto a alguien tan versátil sobre los escenarios y poder lograr las demandas de una larga jornada de 10 horas de trabajo al hacer la misma escena una y otra vez.
-Amy Ryan interpreta a Mary Donovan, la esposa de tu personaje. ¿Qué tal es trabajar con ella?
-No hay mujer en el mundo a quien le vaya a gustar que su esposo tome un trabajo que va a causar que una bala sea disparada hacia su casa (ríe). Trabajar con Amy fue asombroso, siempre pensaba que se veía como si apenas hiciera algo y sin embargo ella hacía todo al mismo tiempo.
Tengo que aprender a hacer eso. Siempre termino haciendo muchas caras y hablando demasiado pero Amy es una especie de roca y en nuestras escenas -como padres y una pareja casada- hablamos como auténticos seres humanos: cansados y con una pesada carga que era parte de algo que era mucho más grande que nosotros mismos, lo cual demuestra quienes son en realidad estos personajes.
-Nuevamente tenés la chance de trabajar bajo las órdenes de Steven Spielberg.
-Steven piensa en términos cinematográficos. Su habilidad para interpretar momentos importantes de la historia tan solo por lo que hace con la cámara es la razón por la que es Steven Spielberg. Así lo ha hecho una y otra y otra vez y lo único que uno puede hacer es relajarse y mirar. Steven y yo tenemos una suerte de taquigrafía que es muy buena.
Yo llego con una idea para desarrollar una escena y Steven dice: “Eso es grandioso porque lo que quiero hacer es filmarla toda desde acá atrás, y si te estás moviendo así, hacia ese lugar es a donde se va a dirigir el ojo”. Cuanto te presentás en el set de Steven, ya fue construido todo, no sólo de manera física, sino en lo profundo de su cabeza.
Tu trabajo es hacer exactamente lo que él quiere que hagas, pero también espera que añadas todas esas pequeñas cosas que se te puedan ocurrir. Él ya hasta editó la película en su cabeza mucho antes de que hayas llegado al set. Steven lee el guión miles y miles de veces, una y otra y otra vez, así que sabe lo que va a hacer cinco semanas antes de hacerlo.
Hablando con Steven desde el primer día, de inmediato pude ver en donde se encontraban los retos para mí como actor; en los detalles de la defensa -los detalles de muchas de estas escenas muy específicas- entonces mi trabajo iba a ser acomodarme a esto para que Steven se pudiera volver loco con sus instintos cinematográficos, los cuales son sustanciosos.
-¿Y el resto del equipo?
-Con relación a los demás miembros del equipo del filmación, esas personas hacen trabajos que no puedo ni empezar a comprender. Para mí todo parece como la tarea escolar y siempre parece que están operando en el tiempo justo para lograr su objetivo.
Pero cuando ves los resultados finales, es tan evocativo que aún para alguien como yo que sabe que no es verdad, aún así me quedo pensando en ello durante un buen rato como algo que es posible. Ese es un talento especial.
No hubo un solo día en que no nos presentáramos en el set y pensáramos: “Dios santo, esto no es sólo una extraña y pequeña recreación, esto es una representación tridimensional, auténtica, holográfica de lo que alguna vez fue”.
El punto culminante fue el Muro de Berlín; el cual, para propósitos cinematográficos, probablemente estaba un poco más armado de lo que solía estar, pero por motivos emotivos es una división constructiva tan horrenda como la que uno se puede imaginar. Fue terrorífica y también se sintió como algo muy permanente. Lo que pudo lograr el diseñador de producción Adam Stockhausen con el Muro, encontrar esa perfecta intersección en la ciudad de Breslau, en Polonia, que se acoplaba tan bien a la arquitectura de ese tiempo. Fue algo verdaderamente asombroso.
-Todo al servicio de una gran historia...
-Así es. Incluso desde la fotografía. Lo que amo de trabajar con nuestro director de fotografía Janusz Kaminski es que puedo entender de manera muy rápida las metas que busca alcanzar sólo por el trabajo que está haciendo ahí mismo en el set de filmación, así que tengo el lujo de trabajar con alguien que me va a ayudar.
Con un gran profesional como él, podemos tomar alguna de las películas que ha hecho con Steven, sacarles el sonido, ver sólo las tomas de Steven y la fotografía de Janusz y aún así entenderíamos la historia por completo.
-¿Qué mensaje te quedó de esta película?
-Que no debemos juzgar un libro por su portada. Siempre habrá ignorancia y prejuicio, siempre habrá gente que se va a adelantar a las conclusiones y siempre habrá gente que intentará ponerle una etiqueta a las motivaciones de los demás como “buenas” y “malas”.
Mucha gente pensó en James Donovan como un traidor, pero él no permitió que esto lo desanimara. Pensó que eran idiotas al pensar eso pues sabía que al defender a este hombre, él representaba las cualidades de un verdadero americano. Así que para cualquiera que busque una introducción a la Guerra Fría, “Puente de Espías” es un buen inicio.