La calidad del vino está ligada en gran medida a la de la uva que le da origen. Los componentes que ella tenga que migran al mosto-vino durante la vinificación, que se transforman y provocan sensaciones en el consumidor, hacen que un producto sea más o menos apreciado.
Como se sabe, la calidad de la uva está influenciada, entre otros factores, por las condiciones meteorológicas del año de cosecha (en este caso, primavera-verano 2012 y verano-otoño 2013) y en cierta forma también de la primavera del ciclo anterior (sobre todo octubre-noviembre de 2011).
Considerando que la presente es una opinión y que surge de la experiencia y conocimientos personales, de intercambios con un gran número de profesionales del medio, que no se trata de un censo ni de un trabajo científico y tomando como base los conceptos vertidos en la introducción, puede afirmarse que en líneas generales la vendimia 2013 ha sido de muy buena calidad.
Considerando la heterogeneidad de las poblaciones, obviamente ha habido partidas regulares (muchas uvas blancas y tintas tempranas que sufrieron daños por excesivo sol y otras que se sobre maduraron) y otras excelentes (algunos Syrah, Cabernet Sauvignon y Malbec, de zonas más tardías, que maduraron muy bien en un otoño templado-fresco y prolongado).
Siempre teniendo en cuenta el gran volumen y no las excepciones, puede afirmarse que la sanidad fue excelente.
Hubo adecuados contenidos de azúcar y por lo tanto de alcohol. Los rendimientos fueron superiores a los de 2012. Buenas características frutales (fruta fresca), lo que -ayudado por la buena sanidad y el trabajo en bodega- ha dado vinos frescos muy agradables. La concentración fue algo menor, relacionada mayormente con esos rendimientos más elevados. En general, algo menos de polifenoles (antocianos y taninos) y por lo tanto vinos algo menos estructurados.
Quizás no sea la 2013 una añada para crianzas demasiado prolongadas, con la excepción lógica de algunas partidas pequeñas. Argentina, desde hace mucho tiempo, ofrece período a período vinos de gran calidad. Las añadas varían entre buenas y excelentes, aunque a veces las condiciones meteorológicas sean extremas. Eso tiene mucho que ver con el factor humano. Todos los que trabajan, desde la viña hasta la copa, cada año más, son capaces de superar esa variabilidad que la naturaleza plantea. ¡Salud por toda esa gente!