domingo 9 de mayo de2021

Wolfwalkers: la joyita animada que nos recuerda por qué tenemos que soltar Pixar
Wolfwalkers (2020) está disponible en Apple TV+
Espectáculos

Wolfwalkers: la joyita animada que nos recuerda por qué tenemos que soltar Pixar

No siempre toda la fama y los premios deben ir para el estudio de la lamparita. Además de honrar la mitología celta, la película del estudio irlandés Cartoon Saloon defiende el lenguaje de la ilustración y la pluma de los dibujantes, amén de una preciosa banda sonora.

Wolfwalkers: la joyita animada que nos recuerda por qué tenemos que soltar Pixar
Wolfwalkers (2020) está disponible en Apple TV+

Durante la temporada de premios, la pelea por la “mejor” película de animación suele inclinarse por la última de Pixar. Por supuesto que siempre ha sido merecido: desde la trascendental “Toy Story” (1995) ningún mortal se atreve a poner en discusión la alta vara del estudio de la lamparita, hoy convertido en una marca más del monopolio Disney. Sin embargo, a veces es sano que, como espectadores, aprendamos a soltar. Y en estos raros 2020 y 2021, con salas cerradas y el streaming como salvación, qué mejor que darle una oportunidad a una de las (tantas) propuestas que son de otras latitudes y ADN.

“Wolfwalkers” (2020), disponible para ver en Apple TV+ (y en algunas bahías de la web para los entendidos), es una película irlandesa dirigida por Tomm Moore y Ross Stewart. Está producida por Cartoon Saloon, un estudio de animación fundado por tres estudiantes universitarios en 1999 y reconocido por su excelencia y estilo único. Mientras Disney, Pixar, DreamWorks, Illumination y demás apuestan por la animación completamente digital y en 3D, los de Cartoon Saloon defienden el lenguaje de la pintura, la acuarela y la ilustración a mano.

Wolfwalkers (2020)

El largometraje nos traslada a mediados del siglo XVII, más precisamente a la ciudad irlandesa de Kilkenny, que está bajo el dominio inglés. El pueblo está liderado por el autoritario Lord Crowmwell (Simon McBurney), quien está obsesionado con avanzar sobre el bosque aledaño y acabar con los lobos que lo habitan, ya que representan una amenaza para explotar la tierra y ampliar la economía.

La hija del cazador asignado a la tarea es Robyn (Honor Kneafsey), una niña rebelde que se hace amiga de una chica salvaje llamada Mebh (Eva Whittaker). Esta última tiene el poder de transformarse en lobo y guiar al resto de la manada junto a su mamá, que está espiritualmente desaparecida. Ambas adolescentes emprenden una búsqueda con ritos ancestrales, música y sororidad.

Al igual que el resto de las producciones de Cartoon Saloon, “Wolfwalkers” emplea animación clásica: cada cuadro es digno de enmarcar. Incluso, en la opinión personal de quien escribe, es inevitable detener la reproducción de la película para apreciar hasta el último trazo y la conjugación de colores elegida. Apenas el estudio japonés Ghibli, de Hayao Miyazaki, todavía conserva semejante nivel de belleza empleando las técnicas de animación tradicional. Es posible hasta distinguir cómo el pulso de cada animador le otorga el encanto a cada escena.

Para quienes estén familiarizados con los universos de Disney y Pixar, quizás algunos pasajes y desarrollos narrativos les recuerden a “Pocahontas” (1995), “Mulán” (1998) o “Valiente” (Brave, 2012). Pero además de una defensa de la ecología contra el capitalismo, en “Wolfwalkers” hay un homenaje muy didáctico a la mitología celta, fortalecida por el lazo de amistad de las dos niñas y la fantasía desplegada a su alrededor. Todo esto sin edulcorar al espectador con diálogos expositivos y siendo lo suficientemente estimulante para los más pequeños, más acostumbrados a otras propuestas de ruidosos chistes y flatulencias.

Wolfwalkers (2020)

“Wolfwalkers” también es el cierre de la trilogía del folclore irlandés de Moore, después de las preciosas “El secreto del libro de Kells” (The Secret of Kells, 2009) y “La canción del mar” (Song of the Sea, 2014). La primera se sitúa en una abadía del siglo IX y tiene a un pequeño monje que se inicia en el arte de la miniatura, además de enfrentarse a criaturas míticas en el bosque. Mientras que la segunda es una fábula infantil humanista sobre el dolor y la pérdida que viven dos hermanos.

Curiosamente, ambas producciones fueron nominadas al Oscar en 2010 y 2015, respectivamente. Y en ambas oportunidades perdieron contra “Up: una aventura de altura” (Pixar) y “Grandes héroes” (Big Hero 6, de Disney).

A la racha se le puede sumar la película más popular de Cartoon Saloon: “El pan de la guerra” (The Breadwinner, 2017). Es un drama animado dirigido por Nora Twoney, cofundadora del estudio, y centrado en una niña afgana que se hace pasar por varón para recuperar a su papá en una tierra arrasada por la guerra. Su nominación quedó eclipsada por el triunfo de “Coco”, también de Pixar.

Wolfwalkers (2020) también es el cierre de la trilogía del folclore irlandés de Tomm Moore

A las mentes creativas detrás de Cartoon Saloon, que en la mayoría de las veces fallan en recuperar la inversión en cada proyecto, no parece preocuparles la estatuilla denegada por una academia de Hollywood tan conservadora, cómoda y predecible. Más todavía en esta etapa de pandemia, que obligó en “Wolfwalkers” a que, por ejemplo, algunos cantantes de la banda sonora grabaran las pistas en su casa o los responsables optaran por el Zoom para las decisiones de posproducción.

“Siempre he tenido la filosofía de, si podés hacerlo con un presupuesto más bajo, tenés más libertad”, sintetizó el director Tomm Moore sobre los desafíos que enfrenta cada vez que quiere concretar un filme. Dependerá del público descubrirlos y reconocerlos. Al resto ya se los sabe de principio a fin.

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