Bailar hasta morir: cómo es el oscuro mundo del k-pop

El documental de Netflix sobre BlackPink retrató parcialmente el mundo de las academias surcoreanas, lo que alertó a muchos usuarios y periodistas, que indagaron profundamente en el asunto. Cinco factores para entender esa despiadada industria.

BlackPink durante su recordada actuación en Coachella, el año pasado.
BlackPink durante su recordada actuación en Coachella, el año pasado.

Probablemente lo más sorprendente de “BlackPink: Light Up The Sky”, el documental sobre el grupo de k-pop BlackPink que es un fenómeno en Netflix, sea escuchar la liviandad con la que las cuatro protagonistas cuentan cómo ha sido su vida hasta ahora. Ninguna piensa que ha sufrido acoso, bullying, o que ha experimentado alguna de las diferentes caras de explotación, aunque a más de uno la mandíbula le quede por el suelo al ver las cosas que cuentan.

En realidad, lo han naturalizado. El k-pop es una feroz industria que fabrica ídolos musicales todos los años y que se recambia constantemente. BlackPink, formado por cuatro jóvenes de diferentes orígenes, ha sido el mayor suceso después de BTS: sin ir más lejos, son una de las artistas estrellas invitadas del último disco de Lady Gaga, “Chromatica”, en lo que fue -después del furor que causaron en Coachella el año paso- su desembarco por la puerta grande al mercado occidental. Es un lugar al que llegaron después de que su popularidad se expandiera por todo el mundo y las llevara a marcar el récord de visualizaciones en YouTube en un solo día: “How You Like That”, que vieron 86 millones de personas en 24 horas.

Pero para quien quiera conocer más la historia de este cuarteto, ahí tienen el documental de Netflix. Aunque el propósito evidente del mismo sea la promoción, las risitas felices y la complacencia del director no alcanzan a disimular el trasfondo de esa industria. A saber: hablamos de mujeres que siendo muy jóvenes (15 años promedio) audicionaron para entrar a una academia, la de la discográfica YS en este caso, y desde entonces ya no tuvieron vida propia.

No llamaría tanto la atención el asunto si la presunta disciplina de YS no rayara la explotación. Las mismas protagonistas cuentan cómo, en sus tiempos de formación, llegaron a entrenar 14 horas por día, ensayando sin parar durante dos semanas enteras para recién tener un solo día libre. Todo ello, obviamente, obligadas, pues aquí más que disciplina había adoctrinamiento.

De estas y muchas otras cosas más da cuenta un documentadísimo artículo que Juan Sanguino firmó recientemente para El País de España. “La industria del k-pop proyecta una imagen moderna, sana y positiva de Corea del Sur, pero su sistema de fabricación de estrellas esconde contratos abusivos, anulación del individuo y condiciones infrahumanas”, escribió.

A continuación, cinco factores que nos permiten entender mejor el fenómeno del k-pop.

1-Es una cruel industria

Es un negocio serializado: los dueños de las discográficas saben que tienen que sacar al mercado bandas todos los años. Entonces, qué mejor forma que organizar la producción, a la manera de un empresario fordista: las academias cazan a posibles estrellas desde muy jóvenes y las empiezan a “couchear” en baile, canto, ejercicio, protocolos, correcto uso de redes sociales y cómo tratar con la prensa, entre muchas otras cosas. Aunque los elegidos empiezan a formarse muy jóvenes (en algunos casos hasta con 11 años), los productores se hacen de sus armas digitales de “futurología” para saber, mediante softwares, que la inversión es la correcta. Así pueden simular cómo será la voz y la apariencia de los candidatos una década después, cuando puedan triunfar en el mercado.

En Estados Unidos las estrellas nacen, en Corea del Sur se fabrican”, resume Sanguino en el artículo que mencionábamos. Y no es que en Los Ángeles o Nueva York, mecas de la música pop, no haya industria: es que en esos lugares aun se cree en la identidad de los artistas. Ese sello autoral es el que defienden los artistas occidentales, al menos, desde el Renacimiento. En el k-pop, nada es así: la prueba es que allá es casi inimaginable seguir siendo un ídolo después de cierta edad. Al final del documental sobre BlackPink, ellas fantasean (mientras almuerzan) sobre cómo será su vida a los cuarenta años: casadas, con hijos, quizás con otra profesión, pero, eso sí, lejos de la música. Ya serán viejas.

2-Una disciplina esclavista

¿Cómo es un día en una de estas academias? Euodias, quien hizo la “carrera” para ser ídolo de k-pop pero la abandonó a tiempo, habló en febrero de este año con la BBC y dio detalles estremecedores: “Los alumnos nos despertábamos a las 5.00 para practicar antes de las clases escolares, que empezaban a las 8.00, y al terminar algunos se quedaban ensayando hasta las 23.00 para impresionar a los profesores. Los alumnos del grupo B, el menos talentoso, se quedaban dormidos en las esterillas del gimnasio porque eran iguales que las de sus dormitorios. Yo era del grupo A, así que tenía literas”, contó sobre esa disciplina castrense, que ni sus padres podían alterar (es más, si quieren ver a sus hijos, deben solicitar un permiso anticipado).

Aseguró que los profesores (probablemente ante el rápido recambio de los aspirantes) los llamaban por el número que le asignaban en lugar de sus nombres. “Yo tengo suerte porque me eché para atrás a los 18, pero muchos de mis compañeros lo dejaron todo y se encontraron a los 21 sin carrera musical y sin cualificaciones académicas”, dijo, haciendo referencia al hecho de que en muchos casos son juventudes que pierden la posibilidad de terminar el secundario.

Pero no es que, una vez siendo ídolos, la exigencia sea menos: BTS, que es la banda más famosa de l-pop de la historia, asegura que diariamente ensaya entre 12 y 15 horas.

Los integrantes de BTS llegan a ensayar 15 horas por día.
Los integrantes de BTS llegan a ensayar 15 horas por día.

Sanguino explicó: “Los padres deben solicitar permiso anticipado para visitar a sus hijos. Tirar la toalla no es una opción, no solo por la vergüenza que eso causaría en su familia, sino porque tendrían que pagar los gastos de su formación hasta entonces como penalización. La única forma de salir de una academia es convertido en una estrella o fracasando en el intento. Una vez al mes, los ejecutivos de la compañía evalúan el progreso de los alumnos y expulsan a los que no cumplen las expectativas. Pero los que sí consiguen graduarse son máquinas perfectas de hacer pop con una energía entusiasta que jamás flaquea (tienen cámaras apuntándoles constantemente) y unas coreografías sincronizadas que les hacen parecer clones digitales”.

Way, de la banda Crayon Pop, contó en una entrevista que “solíamos practicar bailes con pesas de 4 kilos atadas a los tobillos durante días, para así acostumbrarnos a ese peso y que después nuestros movimientos resultasen más ligeros”.

3- La tiranía de la belleza

Quien eche un vistazo por los diferentes grupos de K-pop notará que los integrantes comparten un estricto canon de belleza: la delgadez ante todo. Los alumnos se pesan en la mañana y en la noche, bajo el terrorífico control de los profesores, quienes les dicen en voz alta cuánto es que pesan. Así logran el control no solo de la persona, sino de sus compañeros o compañeras.

Cuando el peso es más del que permiten, las alumnas se someten a peligrosas dietas. Por nombrar dos: en la del pepino solo se puede comer eso hasta llegar al peso que se quiera; en “la del hielo”, se ayuna y, si se tiene hambre, se mastica hielo para bajar la ansiedad.

A esto se suman las cirugías plásticas. Escribe Sanguino: “Corea del Sur es el país con más operaciones estéticas del mundo (el 50% de las mujeres entre 20 y 30 años se ha retocado), porque no hay estigma social alguno: modificar tu aspecto para alcanzar la belleza es considerado un sacrificio digno y un símbolo de estatus”.

La razón de la extrema delgadez y el quirófano se debe, una vez más, a objetivos comerciales. El principal tiene que ver con el fomento de una imagen irreal, cercana al animé, con cuerpos estandarizados, infantilizados y con rasgos caucásicos, que es el ideal que forjan las publicidades.

Girls' Generation es un grupo de k-pop liderado por mujeres, predecesor de BlackPink.
Girls' Generation es un grupo de k-pop liderado por mujeres, predecesor de BlackPink.

4- ¿Y las ganancias?

El k-pop es una industria que mueve cientos de millones de dólares al año: BTS significa, ella sola, el 0,3% del PBI de Corea del Sur. Con ese estricto control sobre sus vidas, estipulado en contratos que suelen durar hasta 7 años (antes de 2009 eran 13), no es difícil imaginar la impotencia que muchos de estos ídolos sienten.

En varios casos, incluso se denunció a las discográficas por no pagarle los honorarios correspondientes a los músicos. En el artículo mencionado, se enumeran casos sumamente injustos: “En 2009 el miembro de Super Junior Han Geng demandó a SM por multarle cuando se negaba a participar en algún evento y obligarle a trabajar dos años sin un solo día libre, lo cual le causó una enfermedad en el riñón. Krystal de f(x) se desmaya tan a menudo durante los conciertos que es uno de sus rasgos de identidad. En 2011 tres integrantes de Kara denunciaron que su discográfica les pagaba solo 110 euros al mes a pesar de haber generado cientos de miles en beneficios (se estima que las mucho más exitosas Girls' Generation, por el contrario, recibían en torno a un millón al año). El grupo TVXQ también demandó a SM por no dejarles dormir más de cuatro horas diarias y negarse a pagarles si su disco vendía menos de 500.000 copias. Cuando Lee Lang ganó un premio en los Korean Music Awards, aprovechó su discurso de agradecimiento para poner a subasta su trofeo para poder pagar el alquiler”, escribió el autor.

Solo las discográficas más grandes, como SM, JYP y YG, cuidan especialmente la “felicidad monetaria” de sus ídolos, a quienes, por otra parte, no se les está permitido quejarse, porque en la sociedad surcoreana eso es percibido como una “debilidad del carácter”, apuntó el periodista.

5- Cuando la muerte es la salida

Y así, los casos más dramáticos son los que han terminado en suicidio. Reiteradamente recibimos noticias de ídolos surcoreanos que deciden dejar de vivir Fue una depresión, de la que había hablado abiertamente, lo que llevó a Kim Jong Hyun, de SHINee, a suicidarse en el 2017. Fue quizás el caso más resonante, y el que inauguró una serie de suicidios muy mediáticos. Él en vida combatía los prejuicios que hay en su país sobre este tipo de problemas de la salud mental. Pero "buscar tratamiento psicológico o psiquiátrico es percibido como una decisión egoísta que antepone el individuo a la sociedad y, por tanto, es motivo de deshonra familiar porque sugiere debilidad y falta de disciplina”, atenuó Sanguino.

Familiares y amigos de Kim Jong Hyun lo despiden en su sepelio, en 2017.
Familiares y amigos de Kim Jong Hyun lo despiden en su sepelio, en 2017.

También hay suicidios vinculados a la violencia machista, como el de Goo Hara, quien tomó esa decisión después de haber sufrido el ataque de sus fans por haber denunciado a un ex que la había extorsionado con dar a conocer videos íntimos de ella y él.

Sulli, quien además de cantante era actriz, era exmiembro del grupo f(x): se quitó la vida después de años padeciendo abusos en la redes a manos de troles misóginos y machistas, que la machacaron día y noche por su defensa del aborto o de la libertad de las mujeres a no llevar corpiño.

Pocas semanas después de que ellas se suicidaran, en diciembre, el excantante de l-pop y actor de 27 años Cha In Ha se sumó tristemente a la lista.

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