El Indec confirmó que durante enero pasado la actividad industrial registró un estancamiento, después de haber mostrado dos meses de caída en noviembre y diciembre pasados. El año 2012 finalizó con una retracción de 1,2% según el organismo oficial y del 2,2% según la UIA.
Este estancamiento de enero es más grave si se descompone el análisis y se saca del mismo al sector automotriz. Éste, por su tamaño, suele disfrazar cifras. La producción de autos creció en enero un 10%, lo que significa que la mayoría de los sectores industriales tuvieron retrocesos en comparación el mismo mes del año anterior.
La industria es fuertemente dependiente de la demanda. A diferencia de los cultivos agrícolas, donde las decisiones se toman según estimaciones, en la industria hay respuestas rápidas a las caídas de la demanda, aunque son más lentas si la demanda se dispara.
El desenvolvimiento del sector industrial está mostrando la temperatura del nivel de actividad que, por ahora, dista mucho de mostrar una reactivación, como calculaban algunos optimistas. No obstante, algunos de ellos dicen que dicha recuperación puede llegar en el segundo semestre.
Las causas de estas caídas deben ser vistas por la menor demanda interna, ante la pérdida de poder adquisitivo de los salarios y por las menores exportaciones, producto de la pérdida de competitividad que generan las pinzas de inflación y atraso cambiario.
El problema ya no sólo es la caída del nivel de actividad sino también el empleo. En el segundo semestre del año pasado se estancó la creación de nuevos puestos de trabajo y, ante esta perspectiva, aunque las empresas no lo admitan expresamente, se puede comenzar a desarrollar un proceso negativo de pérdidas netas de trabajo industrial.
El presidente de la UIA ha dicho esta semana que deben moderarse los aumentos salariales, y que los mismos deberían acompañar el crecimiento sectorial, con lo cual, implícitamente, advierte que aumentos salariales sin crecimiento sólo se pueden pagar con menos empleo. Además, el congelamiento de precios con costos crecientes es un aliciente a producir menos, lo que también complicará el abastecimiento, que no podrá ser sustituido con apertura de importaciones.
Las grandes empresas, posiblemente, serán las últimas en tomar este tipo de decisiones, pero mucho más complicadas estarán las pymes industriales, ya que no tienen muchos caminos de escape.
La capacidad industrial ocupada también descendió y hoy está en un 65%, cuando hace dos años estaba cerca del 90%. Esto nos muestra a las claras el proceso que estamos describiendo y que, por ahora, no arroja signos de mejoría inminente.