11 de mayo de 2014 - 01:15

A la espera de una nueva devaluación

“Las liquidaciones de las exportaciones de soja terminarán en junio y desde ese momento habrá que caminar por un terreno más complejo.”

Ante el sostenimiento de la inflación y las formas en que se manejan los temas cambiarios, el mercado está convencido de que llegará en un plazo no muy largo.

Es un secreto a voces en el mercado. Tanto los operadores como los economistas e investigadores, incluyendo a políticos tanto oficialistas como opositores, están esperando una nueva devaluación. Las dudas se centran en la oportunidad y la magnitud. Y es aquí donde comienzan las apuestas.

Esta expectativa mantiene paralizadas las inversiones y hacen jugar las especulaciones, tanto que en el mercado de futuros, el dólar oficial se opera en torno a los 11 pesos para fines de 2015, lo que representa más de un 40% respecto del valor actual.

Desde ya, para sostener este nivel de expectativas, todos suponen que el Gobierno no atacará el déficit fiscal, que seguirá emitiendo para cubrirlo, que se mantendrá el cepo cambiario y la necesidad de volver a devaluar. Las dudas rondan en cuanto a la necesidad de hacerlo de a poco o de golpe, descontando una inflación lanzada del 40% anual.

Y aquí es donde comienzan a jugar las internas dentro del Gobierno. En principio, la Presidenta ha depositado toda su confianza en el ministro de Economía, Axel Kicillof, quien, según comentan los que rondan el poder, es el ministro que más poder ha tenido este Gobierno.

Kicillof opera bajo una lógica cargada de ideología que lo ha convencido que la emisión monetaria y el déficit fiscal son inocuos y hasta pueden ser virtuosos, y que las subas de precios y la inflación son solo el resultado de una puja entre sectores económicos. Para el ministro, la inflación no es un fenómeno monetario.

Pero el ministro también sabe que muchas medidas adoptadas, además de impopulares, son ineficientes, como el cepo cambiario, pero también sabe que ha entrado en un terreno complicado. Las reservas están muy comprometidas y, salvo la cosecha de soja, no tiene fuentes de ingreso de divisas, pero tiene el riesgo de salidas por importaciones de energía y pagos de deudas.

Kicillof quiere sustentar la fantasía de mantener congelado el dólar oficial en 8 pesos para evitar nuevas presiones inflacionarias. Incluso, cree que con los Precios Cuidados puede conseguir que los precios se mantengan a raya, algo que no se verifica en la realidad.

El ministro tenía, a comienzos de año, la esperanza que la recomposición de reservas pudieran provenir de las inversiones que YPF podría atraer para Vaca Muerta, más los posibles arreglos con el Club de París, que le permitiría emitir deuda en los mercados internacionales. Pero ambas fuentes no se ven posibles, al menos por el momento.
 
Las petroleras internacionales no quieren invertir si no pueden remitir utilidades a sus casas matrices, Club de París no avanza por la negativa de Cristina y del mismo ministro de aceptar las auditorías del FMI, condición no negociable para los países acreedores.

Ante este panorama, el ministro avanzaría en una variante muy peligrosa y es autorizar a las provincias a emitir deudas en el exterior para conseguir ingreso de dólares, poniendo en serio riesgo la solvencia de la mayoría de las jurisdicciones. Es que las tasas que deberían afrontar son usurarias, pero el ministro haría la vista gorda con tal de recibir divisas. En definitiva, los problemas serán para los que asuman en 2015.

La puja con Fábrega

El presidente del Banco Central es un hombre de perfil bajo y un técnico reconocido en el mercado financiero por su seriedad. Tanto es así que sus decisiones han sido de gran valoración, a  la hora de forzar la caída del valor del dólar paralelo. Fábrega demostró conocer el mercado y los sistemas con los que operan los banqueros privados. Hasta ahora ha tenido éxito, pero es consciente que las medidas adoptadas son solo transitorias y ahora depende la forma en que Kicillof afronte el combate de la inflación.

Y este es el principal punto de diferencia entre ambos funcionarios. Para el titular del BCRA es importante que la cotización del dólar no se atrase respecto de la inflación, pero sabe que lo ideal es pararla. Lo concreto es que la suba generalizada de precios del primer cuatrimestre ya se habría consumido la devaluación de enero.

Pero el ministro insiste en sus políticas y Fábrega espera en silencio. El joven ministro está comenzando a recibir cuestionamientos del parte del entorno presidencial, más allá de la confianza que la Presidenta le ha dispensado. Los que diseñan el futuro político del kirchnerismo le están cuestionando su fracaso en la lucha contra la inflación y temen que la devaluación sea inevitable.

Las perspectivas

Las liquidaciones de las exportaciones de soja terminarán en junio y desde ese momento habrá que caminar por un terreno más complejo. Si bien Kicillof sueña terminar el año con 30.000 millones de dólares de reservas, la realidad muestra que, pese a las compras efectuadas, los gastos de divisas no han permitido más que superar apenas los 28.000 millones.

El déficit no da muestras de disminuir en forma importante, más allá de algunas subas tarifarias por eliminación de algunos subsidios. Por lo tanto, la situación fiscal exigirá mayor emisión monetaria y el riesgo inflacionario seguirá latente.

Pero, hasta ahora, Fábrega ha conseguido hacer disminuir los avances de precios merced a una brusca suba de las tasas de interés que mantiene casi estancada la economía. El ministro quiere que las tasas bajen y el titular del BCRA lo hace muy lento para evitar una nueva escalada. El sí cree que la inflación es un fenómeno monetario.

El panorama es complejo. Las exportaciones no crecen por la pérdida de competitividad del tipo de cambio y la economía doméstica no crece por efecto de las tasas y la inflación. Con los condicionantes ideológicos de Kicillof, no parece haber muchos caminos.

Una devaluación no es la solución y solo serviría para postergar, con alto costo, las decisiones que habría que tomar para enfrentar la inflación. Pero a la vista de los hechos, parece ser el único camino esperable. Solo falta saber el momento y la intensidad. El mercado solo sabe que no será en el largo plazo.

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