23 de noviembre de 2014 - 00:00

Espectros: cuando el cerebro y el cuerpo se desajustan

Las apariciones han sido un pilar de la ficción y el drama durante siglos, desde el padre de Hamlet hasta Betsabé, en “The Conjuring”, la exitosa película de terror del año pasado.

Pero bajo ciertas circunstancias, gente real también puede creer que tiene cerca una persona inexistente; los que practican montañismo extremo, por ejemplo, a menudo informan este fenómeno.

Algunas personas con tipos relativamente raros de lesiones cerebrales también experimentan esta “sensación de una presencia”. Un estudio con una docena de dichos pacientes, publicado en la revista Current Biology, sugiere que esta sensación fantasmal pudiera surgir cuando el cerebro de una persona no integra correctamente las distintas señales que recibe de las extremidades, como las generadas por el tacto e información sobre su posición en el espacio.

Los investigadores también reprodujeron la ilusión en el laboratorio con voluntarios sanos, con ayuda de robots especialmente diseñados. “Este es el primer estudio sistemático de un fenómeno que es bastante conocido pero raras veces analizado biológicamente”, dice Henrik Ehrsson, especialista en autopercepción del Instituto Karolinska, en Estocolmo. “Es fascinante”, señala.

En el estudio, el equipo investigador de neurocientíficos y expertos en robótica utilizó distintos tipos de imagenología cerebral para averiguar qué regiones del cerebro estaban dañadas en pacientes con tendencia a experimentar sensaciones de presencia. Compararon estas regiones con las afectadas en pacientes de control que habían experimentado otros tipos de alucinaciones complejas.

La única región singularmente asociada con la sensación de una presencia fue la corteza frontoparietal, donde están integrados distintos tipos de información sensorial y motora.

Otras dos regiones, la corteza temporoparietal y la ínsula, también estaban lesionadas tanto en los participantes del estudio como en los pacientes de control. Las tres regiones se han asociado a la autoconciencia corporal.

Los resultados muestran que no todo tipo de apariciones emergen del cerebro de la misma forma. “Muestran que las redes neuronales implicadas en la sensación de una presencia no son las mismas que las involucradas en experiencias extracorporales o al ver un doppelgänger (doble fantasmagórico de una persona viva)”, dice Olaf Blanke, principal autor del estudio y neurocientífico cognitivo del Instituto Federal Suizo de Tecnología de Lausana (EPFL, por su sigla en inglés).

Blanke sospecha que el efecto podría deberse a que el cerebro percibe erróneamente la fuente e identidad de las señales del cuerpo generadas por el tacto, la percepción de uno mismo en el espacio (también conocida como propiocepción) y el movimiento. Blanke diseñó experimentos para ver si era posible inducir la ilusión en voluntarios sanos, confundiéndolos con lo que los estaba tocando.


Esclavo de sincronización 
El equipo creó un sistema robótico maestro-esclavo para probar la premisa. En una serie de experimentos, los participantes (que desconocían los propósitos de los investigadores) debían mover una palanca del robot maestro frente a ellos con el dedo índice derecho; un robot esclavo detrás de ellos posteriormente les tocaba la espalda con un movimiento similar, ya fuera enseguida o con un retraso de medio segundo.

Ese toque era la única información sensorial que los participantes recibieron sobre su entorno: tenían los ojos vendados y llevaban audífonos que emitían ruido blanco para tapar el sonido de los movimientos del robot.

Cuando la respuesta del robot era inmediata, la mayoría de los participantes pronto comenzó a sentir que ellos mismos se estaban tocando, pese a que estaban estirándose hacia delante.

Pero cuando había una demora, con mayor frecuencia sentían que el toque provenía de alguien o de algo más. Muchos tuvieron la sensación fantasmal de que tenían cerca una presencia tocándolos en la espalda. También sintieron que sus cuerpos estaban más atrás en la sala de lo que realmente estaban, y más cerca de la presencia invisible.

En otro experimento, otro grupo de participantes fue colocado frente a cuatro personas que estaban conversando, y se les dijo que una o más podrían estar en la misma habitación cuando llevaran a cabo la prueba. Durante el experimento, el toque retrasado los llevó a sentir que había varias personas en la habitación, pese a que estaban solos.

Las ilusiones fueron causadas por la falta de correspondencia entre la información sensorial esperada y la real, dice Blanke, quien ahora desea escanear el cerebro de voluntarios sanos mientras hacen la prueba para ver si el área del cerebro que se activa en ellos es la misma que está dañada en los pacientes.

Alterar la habilidad del cerebro para reconocer su propio cuerpo nos enseña algo muy fundamental sobre nosotros mismos, dice Giulio Rognini, uno de los experimentadores del EPFL. Cuando el cerebro no funciona bien “a veces puede crear una segunda representación del cuerpo, que ya no es percibida como ‘yo’ sino como alguien más, como una presencia”, afirma.

Los experimentos también pueden arrojar luz sobre el origen de algunas alucinaciones experimentadas por personas con esquizofrenia, agregan los investigadores.

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