21 de febrero de 2026 - 07:00

Una noche para volar con lo mejor del rock argentino

El proyecto Música para Volar, con más de una década de trayectoria, llega a Mendoza en su gira de verano ofreciendo interpretaciones únicas de los himnos nacionales en un espectáculo que re versiona el canon del rock en formatos sinfónicos y de cámara.

La música popular y la tradición académica suelen caminar por veredas distintas, pero hay proyectos que desafían esa separación y encuentran puentes entre dimensiones en apariencia lejanas. Ese es el caso de Música para Volar, el ensamble argentino que vuelve a Mendoza con su Gira de Verano 2026 para presentar un espectáculo que resignifica clásicos del rock nacional bajo un prisma de arreglos orquestales, cuerdas y metales.

La cita es el sábado 21 de febrero a las 21 en Casa Agostino (entradas en Entradaweb), un espacio vitivinícola del corredor de Barrancas, en Maipú. El lugar —famoso por su entorno natural y la conjunción de paisaje y cultura— brinda el escenario ideal para este tipo de experiencias musicales que invitan tanto al oído como al espíritu a viajar más allá de lo cotidiano.

Clásicos que se reinventan

El repertorio que Música para Volar propone para la presentación de este sábado recorre material emblemático de tres figuras mayúsculas del rock argentino: Soda Stereo, Charly García y Fito Páez, además de obras de la etapa solista de Gustavo Cerati. Lo que lo distingue es su tratamiento: no es sólo mera reproducción, sino de una reinterpretación sensible y estructurada que combina la energía rockera con el refinamiento de los arreglos para cuerdas y vientos.

El resultado es una paleta sonora que dota a canciones muy conocidas de nuevas dimensiones emotivas. Violines, violonchelos y metales —como trombón, trompeta y saxo— dialogan con la instrumentación típica del rock (guitarra, bajo, batería y piano), creando sonidos que suenan familiares y, al mismo tiempo, sorprendentes.

La mirada contemporánea de Música para volar no sacrifica la esencia de las composiciones originales, sino que la amplifica. La propuesta aspira a que el público no solo escuche, sino que “vuelva a sentir” piezas que forman parte de la memoria sentimental de varias generaciones, reactivando vínculos afectivos con cada melodía.

Más de una década de vuelo

Desde su formación hace más de 12 años, Música para Volar ha desarrollado una identidad propia en el cruce entre la música popular y la tradición orquestal. Integrado por músicos como José Matteucci (batería y voz), Alexis Thompson (guitarra), Julieta Sciasci (bajo y voz) y Bruno Moreno (piano y arreglos), el grupo ha construido un camino que los ha llevado por escenarios de toda Argentina y Latinoamérica, incluyendo Chile, Uruguay, Bolivia y Paraguay.

La carrera de Música para Volar ha tenido distintos momentos, desde conciertos sinfónicos con orquesta y coro hasta funciones más íntimas con formatos de cámara o mezclas eléctricas. Esta versatilidad ha permitido que sus espectáculos se adapten a distintos públicos y lugares, desde teatros hasta espacios al aire libre, siempre con un sello de cuidado estético y profundo respeto por las obras que interpretan.

El rol de Bruno Moreno al frente de los arreglos es central: su escritura permite que cada instrumento ocupe un lugar expresivo dentro de la sonoridad colectiva, y que, a la vez, se perciba una coherencia estilística a lo largo de todo el espectáculo. La convivencia entre lo académico y lo popular no está reñida: se trata de un diálogo continuo que emerge de cada pasaje musical y que el público puede sentir en carne propia.

Una noche con múltiples sentidos

Más allá de la experiencia musical, el formato elegido para esta presentación hace que el espectáculo se desarrolle como un momento integral. El público que asista a Casa Agostino no solo escuchará música, sino que vivirá una puesta en escena que articula paisaje, sonido y comunidad en una sola trama. Las bodegas —espacios que ya tienen un lugar cultural y social en Mendoza— funcionan como escenarios ideales para este tipo de encuentros donde la música establece un puente entre tradición popular y nuevas sonoridades.

La elección de clásicos tan arraigados en la cultura nacional genera un efecto de reencuentro: muchos espectadores acudirán con historias propias atadas a esas canciones, y la propuesta del ensamble les permite revisitar esos recuerdos con una nueva luz. Esta experiencia interpelará tanto al melómano veterano como a quienes se acercan por curiosidad, encontrando en cada arreglo una invitación a sentir de forma distinta piezas que muchas veces se dieron por sentadas.

El reencuentro con la memoria colectiva

En un contexto donde la música en vivo recupera espacios y centralidad, propuestas como la de Música para Volar subrayan la importancia de resignificar repertorios que forman parte del acervo popular. No se trata solo de nostalgia, sino de una exploración profunda sobre cómo las canciones que marcaron generaciones pueden seguir resonando en el presente, transformadas pero nunca despojadas de su fuerza original.

Con su combinación de energía rockera, sensibilidad orquestal y puesta escénica cuidada, el concierto del 21 de febrero promete ser, para Mendoza, una noche memorable.

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