7 de mayo de 2026 - 11:13

Tiene una actuación célebre del cine, retrata la codicia y fue elegida como la mejor película del siglo XXI por The Guardian

Esta película pertenece a esa categoría incómoda y fascinante del cine que deja marcas en los espectadores.

En tiempos donde las plataformas empujan algoritmos frenéticos, sagas interminables y películas diseñadas para consumirse rápido y olvidarse todavía más rápido, hay obras que funcionan como una experiencia más allá del visionado. "Petróleo sangriento" (There Will Be Blood, 2007) pertenece a esa categoría incómoda y fascinante del cine que deja marcas.

La monumental película dirigida por Paul Thomas Anderson ("Una batalla tras otra") fue elegida por el medio británico The Guardian como la mejor película del siglo XXI en su prestigioso ranking de las 100 mejores obras desde el año 2000. Y alcanza con verla una sola vez para entender por qué.

"Petróleo sangriento" (2007) de Paul Thomas Anderson

"Petróleo sangriento" (2007) de Paul Thomas Anderson

Un retrato feroz sobre el poder y la ambición

Estrenada en 2007 y basada libremente en la novela "Oil!" de Upton Sinclair, la película sigue el ascenso de Daniel Plainview, un buscador de plata convertido en magnate petrolero en la California de principios del siglo XX. Pero reducirla a una historia sobre petróleo sería quedarse apenas con la superficie. En realidad, es una disección brutal sobre el capitalismo norteamericano, la religión como espectáculo, la masculinidad tóxica y la soledad del poder.

La actuación de Daniel Day-Lewis es, directamente, una clase magistral de interpretación.

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Cada movimiento corporal, cada silencio y cada explosión verbal construyen un personaje monstruoso pero hipnótico. Su Daniel Plainview parece un animal salvaje atrapado dentro de un empresario exitoso.

El actor trabaja desde la fisicalidad: la forma de caminar, la voz cavernosa, la mirada endurecida por la ambición. Habita el personaje, algo que derivó en el Óscar a Mejor Actor.

La puesta en escena que transformó al cine moderno

Gran parte de la fuerza de "Petróleo sangriento" también está en cómo está filmada. PTA utiliza planos abiertos que convierten los paisajes petroleros en escenarios infernales y construye tensión con una puesta en escena seca, incómoda y casi obsesiva. La fotografía de Robert Elswit tiene una textura terrosa y áspera que transforma cada encuadre en algo pictórico.

"Petróleo sangriento" (2007) de Paul Thomas Anderson

"Petróleo sangriento" (2007) de Paul Thomas Anderson

Por otra parte, la banda sonora compuesta por Jonny Greenwood rompe con la lógica clásica de Hollywood. Hay cuerdas disonantes, atmósferas perturbadoras y momentos donde el sonido parece anticipar la locura antes de que aparezca en pantalla.

Lo extraordinario del filme es que jamás busca agradar. Es una película incómoda, lenta por momentos, cargada de tensión psicológica y con un clímax tan feroz como inolvidable. Justamente ahí radica su grandeza.

El cineasta construye cine adulto en el sentido más puro de la expresión: una obra que exige atención, paciencia y sensibilidad para leer todo lo que ocurre debajo de los diálogos, algo que en las plataformas se ve poco.

Por qué "Petróleo sangriento" sigue siendo una obra maestra casi veinte años después

Casi dos décadas después de su estreno, la película sigue creciendo. Cada revisión revela nuevos detalles, nuevas capas y nuevas interpretaciones.

En una época dominada por franquicias y fórmulas repetidas, "Petróleo sangriento" todavía se siente peligrosa, incómoda y profundamente humana. Tal vez por eso continúa ocupando un lugar tan alto en la historia del cine contemporáneo: no intenta complacer al espectador, sino enfrentarlo consigo mismo.

"Petróleo sangriento" (2007) de Paul Thomas Anderson

"Petróleo sangriento" (2007) de Paul Thomas Anderson

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