Este lunes 8 de julio, a las 21 hs, el Teatro Independencia de Mendoza vivirá una noche cargada de emoción, memoria y música de raíz, en ocasión de la Velada Patriótica previa al Día de la Independencia. Pocho Sosa, una de las voces más representativas del folclore cuyano, se presentará junto a la Orquesta Filarmónica de Mendoza en un concierto que promete ser histórico. No será la primera vez que el cantor y la sinfónica compartan escenario, pero sí la más personal: con sus músicos de siempre, arreglos cuidados y un repertorio con sabor a legado, Pocho Sosa se prepara para una velada inolvidable.
“Estoy esperando ansiosamente el 8, ensayando a full con los músicos, porque es una parada difícil. Es la primera vez que la Filarmónica acepta que yo traiga a mis tres músicos: Paulito Amaya, Marcelo Méndez y Eduardo Ordóñez”, dice entre risas, en una charla íntima y extensa con el periodista Walter Gazzo, donde no faltan recuerdos, nombres entrañables y reflexiones sobre la música y la vida.
El sinfónico y el renacer
Pocho recuerda que ya vivió una experiencia sinfónica en 2018, poco después de haber sufrido un ACV. En aquella ocasión, fue convocado por Diego Gareca para participar de la Velada Patriótica del 25 de mayo, bajo la dirección de Popi Spatocco, histórico arreglador de Mercedes Sosa. “Desde entonces me cuido más que nunca. Nunca me había cuidado como ahora. Ni siquiera puedo resfriarme”, asegura. Aquella presentación fue también el punto de partida de un nuevo modo de encarar su carrera: con más conciencia del cuerpo y más apertura hacia los jóvenes talentos.
“Siempre me gustó compartir escenario con artistas nuevos. En este concierto voy a presentar a Alejandro Tapia, hijo de Rafael Tapia, uno de los fundadores de Los Andariegos. Tiene una personalidad hermosa y canta precioso”, dice. La lógica del legado no es nueva para Pocho. “Mercedes lo hizo conmigo y yo lo hago con otros. Así tiene que ser”.
Más de 60 años cantando
Pocho evita hacer balances, pero sabe que su carrera ha sido larga y prolífica. “No me animo a mirar para atrás”, admite. “Con Fabricio, el sonidista del Teatro Independencia, hablamos de eso. Yo quería estar en línea con los músicos, pero me dijo: ‘Vos tenés que estar a la derecha del director de la Filarmónica’. Así como Mercedes Sosa me daba la entrada cuando cantábamos juntos, ahora lo hará el director”.
Los recuerdos de Mercedes, de Jorge Sosa, de Tito Francia, de tantos otros que compartieron camino, aparecen constantemente en la conversación. “Con Jorge estuvimos 45 años haciendo travesuras por todos lados. Él fue quien me bautizó Highlander, después de tantas idas y vueltas en clínicas”.
Sobre su repertorio, asegura: “Tengo 17 discos grabados, de la época en que lo hacíamos a pulmón. Primero en cassettes, después en CD. Ahora estoy preparando un EP con cinco temas, para subirlo a las plataformas”. Y cuenta, entusiasmado, que escuchó una nueva versión de su clásico “Marrón”, adaptada por una joven cantante española: “Le voy a robar el arreglo, es una belleza”.
Un olfato para el repertorio
Aunque no se define como compositor, Pocho reconoce que tiene más de una decena de canciones registradas. “Yo hago la música, pero la poesía se la doy a otros: Jorge Sosa, Vilma Vega...".
Más allá de su humildad, quienes lo conocen aseguran que tiene un don especial para elegir repertorio. “Eso me dice Eduardo Ordóñez: ‘Vos tenés un olfato para elegir canciones y artistas’”.
La tonada en lucha
La charla también deriva en un tema sensible para el cantor: el escaso reconocimiento que la música cuyana tiene en el país. “En el último Cosquín que hice, gané el premio Camín a la trayectoria. En la entrevista después del show dije que los cuyanos estamos muy enojados. No nos tienen en cuenta en ningún festival, salvo Cosquín, que cada tanto se acuerda de nosotros. Y no hablo solo de Mendoza: también de San Juan y San Luis”.
Pocho recuerda una anécdota que lo marcó: “Una vez me contrataron en La Rioja para el Festival de la Chaya. El organizador era mendocino. Cuando iba a subir, me dijo: ‘Pocho, no cantes tonadas, porque tiran el festival para abajo’. Me hirvió la sangre. Subí igual y canté una tonada. Nunca más me llamaron, pero me fui con una tonada".
Y también apunta hacia adentro: “Incluso en nuestro Festival de la Tonada en Tunuyán, a veces lo que menos se escucha es tonada. En cambio, en San Luis o San Juan sí se respetan nuestras formas”.
El trovador que canta por los pueblos
—¿Cómo te definís, Pocho? ¿Trovador, cantante, cantautor?
—Me gusta cuando me llaman trovador. Porque el trovador es el que canta por los pueblos. He tenido la suerte de recorrer muchos lugares con mi guitarra. He cantado en Estados Unidos, Canadá, España, Uruguay, Chile. He recorrido el mundo gracias a esa magia del trovador. En Estados Unidos, por ejemplo, canté en 80 universidades durante una gira de cuatro meses. Pero a los dos meses ya me quería volver: soy muy de acá, me cuesta mucho la nostalgia cuando estoy tanto tiempo fuera de Mendoza.
Los viajes, los festivales, los bares de Buenos Aires en los años setenta, los jingles grabados en Zanessi, los días de bancario en el Banco de Previsión Social. Todo eso forma parte del universo poético de Pocho Sosa, ese trovador que todavía canta con la media voz intacta, como le pidió alguna vez Mercedes.
“Ella me decía: ‘Cuida esa media voz, Pochito. No tomés nada helado. Y que tu repertorio siempre deje un mensaje’. Y en eso me basé, siempre”, concluye.