Peteco Carabajal: "Mercedes se comportó conmigo como una madre"

El músico recuerda el vínculo que construyó con Mercedes Sosa y revela escenas poco conocidas de la cantora: su hospitalidad, su exigencia, el dolor del exilio y la ayuda decisiva que le brindó en uno de los momentos más difíciles de su vida.

Invitado a participar en De raíz cantora, el espectáculo que este fin de semana celebra en el Independencia el legado de la artista junto a su nieta Araceli Matus, Peteco reconstruye en esta conversación una Mercedes distinta de la figura monumental que conoce el público. Habla de la anfitriona generosa, de la intérprete capaz de apropiarse de cada canción que elegía, de la mujer marcada por el exilio y también de la compañera que tendía la mano cuando alguien la necesitaba.

Lejos de los recuerdos repetidos, el músico santiagueño en charla con Estilo ofrece un puñado de escenas íntimas que iluminan la dimensión humana de una de las voces fundamentales de la música popular argentina. Entre evocaciones, reflexiones y hasta alguna estrofa cantada en plena charla, la entrevista termina dibujando un retrato entrañable de Mercedes Sosa, contado por alguien que primero la admiró desde abajo del escenario y, con el tiempo, tuvo el privilegio de compartir con ella la música y la vida.

—Llegaste a Mendoza para un homenaje que tiene que ver con la figura de la Negra. ¿Cómo fue tu relación con Mercedes?

—Se podría decir que llegué... no tarde, pero cuando Mercedes estaba en la Argentina, yo recién arrancaba a cantar. Después, cuando vino en el año 81 el disco del Ópera, yo cantaba con los Carabajal. No había tenido con ella ningún tipo de relación como compañera o amiga. Pero sí tenía ya una historia, porque mi viejo cantaba con los Manseros Santiagueños y nos contaba que Mercedes cantaba en las peñas, que era parte del elenco, una compañera. Y los primeros temas que sacó, "Zamba del Chaguanco", "Zamba para no morir", todos esos temas fueron verdaderas creaciones. De ahí yo la conocía, y una vez fue a Morón —nosotros vivíamos en Morón— a pasar un domingo en la casa de un paisano tucumano. Nosotros llegamos también a esa casa, y ahí la acompañé con la guitarra, sin darme cuenta en ese momento de la trascendencia de lo que estaba haciendo. Con el tiempo ella se acordaba de que le había llamado la atención que yo la había acompañado en una zamba, creo que fue "Zamba para no morir".

(Canta Peteco):

"Romperá la tarde mi voz

Hasta el eco de ayer

Voy quedándome solo al final

Muerto de sed, harto de andar".

—Bellísima.

—Esa no es de las zambas fáciles, ¿cómo te podría decir? Es una zamba de las consideradas en su momento modernas, del Nuevo Cancionero.

—Claro, la letra de Lima Quintana.

—Sí, sí. La acompañé sin ningún problema, haciendo los tonos. Yo tenía doce años en ese momento, y ella se acordó, ya de grandes, de que yo la había acompañado y de que le había llamado la atención cómo tocaba la guitarra.

Esa era la relación que yo tenía con Mercedes antes. Y después, a partir de que ella grabó primero "Mi abuela bailó la zamba", y después "Como pájaros en el aire", "De fiesta en fiesta", "Al despertar", "Viejas promesas"... la verdad que Mercedes me ayudó muchísimo en ese sentido, dando a conocer mis canciones en Europa.

En los años en que empezó a tocar con Mercedes, Peteco atravesaba una de las experiencias más dolorosas de su vida. Se había separado de Úrsula, una diplomática austríaca destinada en la Argentina. Ella regresó al exterior con el hijo de ambos, Juan, cuando el niño tenía apenas unos meses. Durante años, el músico no pudo verlo. La gira con Mercedes Sosa le ofreció entonces una posibilidad única: acercarse hasta Kenia, donde madre e hijo residían entonces, para reencontrarse con él. De esa historia, marcada por la distancia y la ausencia, nació una de sus canciones más conmovedoras: "La estrella azul".

—Aparte vos la acompañaste a Mercedes en algunas giras, ¿no?

—Sí, sí, en el año 90 fui de gira con ella. Y acá voy a contar algo lindo: fui a la casa a pedirle si me podía llevar de gira porque yo quería viajar a Kenia, a Nairobi, donde estaba mi hijo. Quería ir a verlo y necesitaba un empujón, una ayuda, para acercarme al menos a Europa, porque de ahí ya iba a ser más fácil. Entonces fui, le dije directamente que quería ir a ver a mi hijo y le pregunté si me podía llevar con el grupo, que yo le ofrecía mi servicio como músico.

—Y además, creo que ella hizo alguna gestión con una embajada para saber dónde estaba tu hijo, ¿no?

—Sí, también, sí. Y esa vez que fui a hablar con ella, a pedirle que me lleve, llamó a Fabián, su hijo, que era su mánager, y le dijo: "Fabián, Peteco viene con nosotros en la gira." No le preguntó si hacía falta, si se podía. Nada, le dio la orden directamente, así como te lo estoy contando. Grandiosa. Realmente conmigo se comportaba casi como una madre, o una hermana grande. Muy compañera. Me ayudó en ese viaje, me ayudó mucho en todo sentido: anímicamente, con trabajo, con dinero, y sobre todo me alentó mucho para que hiciera ese viaje, para que fuera a ver a mi hijo.

—Además ella hizo una versión de "La estrella azul", la canción que escribiste para tu hijo, que trascendió.

—Ese tema no se lo pasé yo. Yo ya la había grabado, y ella la escuchó y la grabó directamente. Con "Como pájaros en el aire" sí, yo se lo hice escuchar. Un día me invitó León —yo no la conocía, bueno, sí la conocía pero no estaba invitado— y él me dijo "vamos, vamos, yo te llevo", y me llevó. Yo había hecho la canción, era nueva. En un momento se armó la guitarreada, empezamos a cantar, yo agarré la guitarra y la canté ahí. Fue realmente una conmoción. La canté dos o tres veces, me pidió que la cantara de vuelta. Hermoso. Y ahí nomás ya la incorporó a su repertorio.

—¿Y esas guitarreadas eran por gusto nomás, o eran ensayos?

—No, no, a ella le gustaba armar reuniones en su casa. Invitaba de pronto a algún periodista, gente del ambiente, algún compañero artista, hacía una comida... buena anfitriona.

—¿Y ella cocinaba, además?

—Sí, sí, le gustaba eso, le gustaba encontrarse con compañeros ahí en su casa. Brindaba su casa, hermoso.

—Qué buenos recuerdos.

—Sí, aunque también, imaginate, Mercedes fue una mujer muy sufrida, tuvo una vida dura. Pasó por muchas cosas duras y tristes, como el exilio, por ejemplo, que es una de las cosas más terribles que nos puede pasar. Cuando te sacan de tu lugar, de tu tierra, y vas a abrirte una nueva vida en un lugar donde no sos dueño, donde no tenés el conocimiento —que es tan importante— de las cosas, de tu lugar, de tu raíz, de tu identidad. Se pierde todo eso con el exilio, y ella lo tuvo que sufrir. Fue una mujer muy sufrida en ese sentido, que tuvo que pelearla muchísimo en Europa para consolidarse, para consagrarse. Y eso hacía que fuera una persona que no se iba a callar, que no iba a andar con flojera. Era dura.

Ahora lo puedo decir: cuando empezamos a relacionarnos, a tocar juntos, yo la evitaba. No porque no me gustara estar con ella, sino porque no quería que hubiera ningún roce, nada. Cuidaba mucho, respetaba mucho esa amistad que ella me había brindado. No la gastaba. Podría haber ido a su casa más seguido, qué sé yo, ese tipo de cosas, pero siempre con cuidado.

—Pero ella siempre parecía tener muy buen humor, de hacer bromas y eso.

—Sí, sí, totalmente. Es tucumana.

—¿Y a vos te jodía? Digo en el sentido de hacerte bromas, chistes...

—No, no. Ella tenía un trato especial, y como te digo, yo cuidaba de que no hubiera mucho gasto en la amistad, que no se gastara la cosa. Y en la gira, por ejemplo, alguien te dice "qué lindo ir de gira con Mercedes, me imagino lo que habrán hecho"... Y no, nada, porque todos los días tocábamos. Probábamos sonido a eso de las cinco, seis de la tarde, porque las funciones eran temprano. Íbamos en una combi a algún teatro, probábamos sonido, los instrumentos, los micrófonos, las voces, y en un momento dado aparecía ella: "Buenas tardes, señores músicos" —no la habíamos visto en todo el día—. Probaba uno o dos temas, ya con su micrófono listo, y ya está. De ahí se metía en su camarín, nosotros teníamos los nuestros. O sea que la veía recién en el escenario, y después del escenario bajábamos y ya no la veía más hasta el otro día. Se iba a dormir, a descansar. Nosotros de pronto íbamos a tomar algo, a caminar, a comer algo, el grupo.

Y me pasó algo parecido cuando fuimos a Estados Unidos, ella me invitó al Lincoln Center de Nueva York. Estaban en el hotel con Charly. Yo me imaginaba que íbamos a tocar juntos. Bueno, estábamos en el teatro y en un momento me sacan del camarín —yo estaba solo ahí, ya había empezado el show— y entra Charly con una comitiva, venía no sé de dónde, lo pararon con nosotros. Me sacan a mí, y él pasó directamente al escenario, terminó de tocar, lo sacaron del escenario como a una estrella. Y no lo vi más. O sea que no pude disfrutar ni de Charly ni de Mercedes tampoco.

—Claro, me imagino. Muy de divos...

—Sí, es un mundo muy especial.

—Y ahora te tocó nada menos que participar de este homenaje, "De raíz cantora", con la nieta de Mercedes. ¿Cómo es esa relación, cómo se sienten?

—Con Araceli no nos conocemos hace mucho tiempo, pero nos queremos, somos familia prácticamente, y estoy muy feliz de que me hayan convocado para este homenaje. Voy a hacer lo mío: cantar algunos temas míos que ella tenía en su repertorio, y algunos temas de otros autores también, porque eso era lo grandioso que hacía Mercedes, prácticamente los hacía suyos. No podía ser de un autor y quedar así nomás: ella hacía una creación única y lo transformaba en propio. Así que hoy, si bien no son canciones de ella, la vamos a manejar de esa manera, como creadora.

—¿Y Araceli, a su vez, cuenta anécdotas de su abuela?

—Por ser su nieta, me imagino que tiene mucho para decir. Ha sido una familia chica, con Fabián —el hijo, ¿viste?—, Araceli, los hermanos de Mercedes, que cocinaban, hacían panes, ese tipo de cosas, con identidad. Gente buena, gente de provincia, como se dice.

—¿Tenés registro de cómo se acordaba Mercedes de Mendoza?

—Ha sido muy importante ese tiempo, porque fueron sus comienzos al lado de su compañero Matus, el papá de Fabián. Toda una vida juntos, toda una historia de lucha, de compromiso. Sí, fue muy importante el movimiento del Nuevo Cancionero, que escribió, se podría decir, una página gloriosa para todos nosotros, dando principio, con un manifiesto, a una nueva expresión dentro de la música popular, con esos autores, esos compositores, esos cantores. Y creo que todos nos hemos sentido representados con el Nuevo Cancionero.

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