17 de marzo de 2026 - 12:59

Pablo Echarri: "Los actores van a los reality shows porque no tienen trabajo"

En la previa al estreno de su nueva obra de teatro, Pablo Echarri habló y recordó su carrera, su militancia y los cambios en la televisión.

Actualmente al frente de SAGAI, Pablo Echarri transita una etapa de fuerte exposición mediática atravesada por su rol dirigencial y su regreso sostenido a la ficción. Con una trayectoria que va desde el fenómeno televisivo de "Resistiré" hasta producciones recientes en plataformas como Disney+, el actor consolidó un recorrido que combina popularidad, diversificación y posicionamiento público.

En ese marco, enfrenta una intensa agenda de prensa en la antesala de su nuevo proyecto teatral. “¡Antes duraban mucho más!”, ironiza al inicio de la jornada, en referencia a la extensión de las entrevistas, en un tono que mezcla experiencia y naturalidad frente a la exposición. La instancia también habilita un gesto de acercamiento con algunos medios: “Me puso contento que tengamos una instancia de charla… Ojalá que sea el comienzo de una buena relación”, señala sobre su vínculo con el diario Clarín.

El motivo central de su presente es el estreno de “Maldita felicidad”, la comedia que debutará el 19 de marzo en el Metropolitan de Buenos Aires. Allí compartirá elenco con Paola Krum, Carlos Portaluppi e Inés Palombo, en una obra que propone revisar, desde el humor, las nociones contemporáneas de bienestar. “Contento de volver al escenario en un momento tan complejo… sobre todo por la salud mental”, resume el actor, al explicar las razones que lo impulsan a este regreso teatral.

A continuación, momentos de la entrevista publicada originalmente en el diario porteño.

-¿Fuiste el último galán?

-Fue un momento de la tele con buen presupuesto y un cambio de temática que empezó a mezclar actualidad. Pero con menos dinero, dejaron de suceder hechos artísticos donde el nuevo venía a comerse todo. Con dificultades para que más jóvenes que nosotros pudieran hacer novelas que penetren.

-¿Esas superproducciones a lo “Montecristo” o la telenovela clásica ya no cuajaría hoy en los estándares de plataforma actual?

-Sí, ¿por qué no? El audiovisual no se derrumbó en el mundo, sólo en la Argentina. Es desandar un camino y sumarse a la lógica mundial de exhibición. No tengas duda que la primera novela que se haga acá, que lo rememore, va a ser un éxito extraordinario.

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-¿El escenario te barrió de vicios televisivos?

-Se actúa de otra manera. Igual mi última novela fue en 2015, así que vicios tengo otros, jaja.

-¿Por ejemplo?

-Los últimos años me ocupé muchísimo en cuestiones de derechos, legislativas, institucionales en mi otra actividad. Pero cuando volví al escenario, me redescubrí como actor.

-¿Uno mejor?

-Mejor de lo que era. Tal vez no sea mucho, jaja. Pero todos mejoramos con la edad. Y estos roles, para un viejo de 56 años, son muy divertidos.

-Con “Camaleón” volviste al audiovisual, pero seguís eligiendo las tablas. ¿Hay algo en la nueva forma de hacer ficción que genuinamente no te convoca? ¿O ya venías desencantado?

-No es desencanto. "La Leona" fue producción mía con Telefe, y cuando abro una productora y viene una sucesión de eventos económicos y políticos -porque asume un gobierno que busca romper con eso y no encausar- me dediqué a eso y a la gestión institucional. Las plataformas como grandes productores y exhibidores tampoco vieron en mí alguien a quien querían explotar o ponerle foco. Así que no hubo una relación tan estrecha. Y aunque siempre son bienvenidas, hace años dejé los sueños de gran expansión. Del 99 al 2001 filmé películas que me dieron la posibilidad de insertarme en el mundo de producción, sobre todo española. Pero tenía que irme a vivir afuera y no iba a dejar a mi familia. Tampoco la hubiera arrastrado a Nancy.

-Con Nancy las pasaron todas, como ser blanco de escraches sistemáticos por su alto perfil militante. ¿Te hiciste a prueba de balas?

-Las balas son balas y están hechas para entrar. Cuando no entra porque tenés chaleco, te crean una de teflón para que te entre más y pasa con las palabras o cuando deciden atacarte. Decir: no me entran las balas o no me duelen los cachetazos sería estúpido, tendría que ser de mármol. Pero ya hice un máster de exposición y el boleto viene cargado de impuestos. Como cuando Luca (el hijo de Nancy y Matías Martin que fue foco de críticas recientes) tomó la decisión de exponerse como comunicador, supimos que iba a ser objeto de ataque. Porque su ADN está constituido con una historia detrás. Con Nancy la vivimos juntos. Mientras uno no toma posición, el afuera no se pone nervioso. Y cuando decís: 'Soy esto", se vuelven locos. Y el sentimiento de: “Cómo los amamos a Nancy y Pablo”, se definió. Una parte de ese amor se amargó, se secó. Y lo otro se llenó de sentido. Es una cuestión genética, no una decisión. Ser así es a pesar nuestro. Nuestra construcción amorosa también fue a conciencia. La confianza y el diálogo como herramienta generó algo que se parece mucho a lo que soñábamos.

-El otro día la preguntaron a China Suárez, tu colega en “Camaleón”, si la gente podía separar su vida de su obra. ¿Qué termómetro tenés sobre vos?

-Es, tal vez, la parte oscura del trabajo del actor y la popularidad que no se puede disolver. Uno va construyendo un combo que es todo.

-Cuando se reencontraron Solita Silveyra y Laport para repetir la pareja televisiva en teatro, el efecto no fue igual. ¿Ya nadie está exento a la realidad que azota la industria?

-Lo que tiene que haber es un buen texto, acorde a estos tiempos. Y la mirada del director es vital. Lo demás acompaña, pero no define.

-¿Lo tuyo con Paola Krum, tu pareja antológica televisiva (hoy co-protagonista de tu obra) es más que una acción de marketing?

-Nos conocemos mucho. Compartimos cine, TV y teatro cuando éramos jóvenes con La Banda de la Risa, en La Trastienda. Hay una escena emblemática de Montecristo, que cuando me ve, empieza a hacerle ruido el corbatero porque se le acelera el corazón. Paola tiene esa capacidad. Una verdad apabullante y manejo de comedia con la misma maestría.

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-“Los buscas...” fue tu gran apertura en tele, pero no todos saben que estuviste cerca de hacer “Montaña Rusa”.

-Mi primer casting fue Canto rodado y me dijeron que me dedique a otra cosa, que no pierda el tiempo. El viaje en colectivo de vuelta me dolió, pero me encontré la realidad del medio. Después tuve una estrella extraordinaria, porque quedé en Canal 9. Y cuando Patricia Weber me llamó para Montaña, otra vuelta, que ya no pude, me llevaron a ver los decorados y conocí a Nancy. El primer contacto visual fue un flechazo.

-El crecimiento del reality cada vez con más actores protagonistas es una realidad. ¿Entendés los números del fenómeno?

-Me encanta la forma en que lo decís: cómo los actores son convocados. Los actores van porque no tienen trabajo. Pero está bien cómo lo exponés porque la realidad se ve así. Te aseguro que si Andrea (Del Boca) hubiera tenido un personaje en la novela de la tarde, haciendo de la tía del protagonista o de mala o madre de alguien, no hubiera pensado en "Gran Hermano". Pero el formato está súper vigente. Ver actuar visceralmente a tanta gente disímil e insuflada para que explote, es del pasado reciente, pero del presente más que nunca. En MasterChef, el actor ve una posible puerta en streaming, radio o novela corta. Yo no pude ver una serie vertical entera. Lo digo como una incapacidad. Reconozco que perdí un poco esa capacidad onírica de incorporar nueva música o ver todo lo que hay dando vueltas. Mi condición personal hace que lo más me interesa sea lo que toco con las manos, lo más crudo. Eso me ocupa mucho el día.

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