—Hablemos del show que van a ofrecer aquí en Mendoza…
—Mirá, estamos presentando nuestro último disco que se llama Florece en el Caos, y en este espectáculo vamos a tocar buena parte de ese disco. Varias de sus canciones, pero al ser un espectáculo extenso —de más de 2 horas— con seguridad tocaremos todos los clásicos, algunas canciones que no tocamos hace mucho, y alguna sorpresita también.
Después, el espectáculo busca ser bien rockero —si bien pasa por todos los climas— es una apuesta bien potente. Y por otro lado, la propuesta visual va a ser novedosa: el arte está enfocado en lo que es la salida del álbum y en la estética del disco.
Ya te digo, es un espectáculo de dos horas y pico, bien potente, que al recorrer toda la discografía de la banda tiene canciones para todas las edades.
—¿Cómo es Florece en el Caos?
—Es un disco que fue grabado íntegramente en Montevideo, en nuestro estudio. Contó con la producción artística de Nico Cotton y de Carlos Imperatori en ingeniería de sonido. Es un disco bien directo. Buscó ser —y lo es— un disco rockero, donde las canciones, salvo la última, la que le da el cierre al disco, que se llama "Carta por jugar", todas tienen un sonido bien orgánico, bastante similar al que intentamos tocar en vivo, al que buscamos cuando nos presentamos en vivo. Son canciones bien directas, con temáticas variadas en sus letras, pero con una apuesta fuerte, un sonido bien guitarrero.
—¿Y cómo es el trabajo creativo entre ustedes, cómo salen las canciones?
—En este caso, a diferencia de discos anteriores —donde de repente las composiciones venían ya un poco más vestidas—, con arreglos que nacieron del trabajo colectivo. Emiliano (Brancciari), que es el compositor de todas las canciones del disco, las trajo casi de primera toma, cuando tuvo la inspiración y las grabó. Eso que uno hace con la guitarra —en su caso con un teléfono, registrándola ahí por primera vez— eso fue lo que nos presentó.
Entonces la propuesta artística fue bastante más abierta, y la participación de todos nosotros en la generación del arreglo final de la canción fue bastante más fluida. Después, la otra curiosidad de la grabación, al menos para nosotros, fue que en vez de grabar por secciones —que es lo usual, que uno va pasando las canciones y primero graba la batería y el bajo de todas las canciones— en este caso fuimos canción a canción. Empezábamos desde esa primera versión que teníamos y de ahí la trabajábamos hasta llegar a tener grabada toda la canción, y una vez que la teníamos finalizada, hacíamos lo mismo con la siguiente. Así fue el desarrollo de toda la grabación del disco.
—Leí por ahí que hay una aspiración conceptual en el disco, en la intención de reflejar el caos de la época, el odio, la violencia. ¿Es así?
—Sí, tal cual. El nombre de alguna manera quiere reflejar eso: que cuando las cosas se ponen difíciles, en algunos momentos de la vida, cuando está todo tan revuelto, son los momentos actuales los que va a vivir uno. Siempre hay un reflejo de eso en las canciones, así que va un poco por ese lado: encontrar en las canciones un lugar donde tener un poco de pausa, reflexionar acerca de los temas, pero de otra manera, y encontrar un poco de contención ahí.
—¿Ven la canción como un espacio de reflexión?
—Bueno, para nosotros sí es importante que las letras tengan significado y que a cada uno le resuene también de la manera que quiera. Por eso me gusta que las letras transmitan de manera directa la manera como hablamos, con las palabras con las que nos comunicamos, que no sea muy sofisticado o un lenguaje que no nos sea propio.
Y por otro lado, las letras cobran un significado según cómo cada uno la interprete. Obviamente hay algunas que son quizás un poco más efímeras, pero en general se busca eso: que cada uno tenga su propia vivencia con la canción y la pueda interpretar como quiera. A veces las interpretaciones son completamente diferentes, y bueno, de eso se trata, como cuando uno lee un libro y se va imaginando la historia. Cada uno, al final, lee el libro que quiere leer, o escucha la canción que quiere escuchar.
—También hubo algunas colaboraciones importantes en este disco, ¿no?
—Bueno, tenemos colaboraciones, sí, pero no es un disco con muchos invitados. Está Ciro Martínez en la canción "Todo mal". En general, los invitados que cantan en nuestras canciones, a la hora de grabar un disco, son invitados que, cuando escuchás la canción en el momento de la pregrabación —cuando estamos preparando las canciones— es como que la canción te sugiere que tal o cual voz quedaría muy bien. Te da la sensación de que casi la escuchás ahí. Eso fue un poco lo que nos pasó con "Todo mal": una vez que la trajo Emi, era como que lo escuchabas a Ciro cantando.
Entonces la colaboración surge de ahí, además de que por suerte con Ciro tenemos una muy buena relación —empezamos colaborando en vivo con ellos—, así que estuvo buenísimo.
—Y a vos, siendo este un disco más rockero, ¿de qué manera te exigió como trompetista?
—Te diría que los vientos tienen momentos donde, como es habitual en otros discos, están bastante al frente y llevan adelante una melodía o un motivo que le da identidad a la canción. Pero en otros momentos están jugando ahí en la trama, mezclados con las guitarras y los teclados, generando más bien textura, sin tanto protagonismo. Así que estuvo bueno, porque fue un trabajo bien diferente donde aportamos desde distintos lugares. Mauricio (Ortiz), saxofonista, toca saxo tenor pero también saxo barítono, y eso agrega otra sonoridad. Yo toco trompeta y clarinete, y eso también cambia un poco la tímbrica, porque el clarinete es un poco más apagado, entonces para determinados motivos queda más lindo, porque quizás no es tan estridente.
Después también está el trombón —trombón a pistón y otro tipo de instrumentos alrededor de esa sonoridad— que también aportan diferentes texturas. Todo eso junto, quizás por momentos no se escucha tan presente, suena medio extraño, pero estamos ahí, mezclados con los demás instrumentos, dándole sonoridad. Eso nos encanta: tanto estar como "extraño" como estar ahí participando directamente en la canción. En todos los casos lo que buscamos los músicos es el mejor aporte que podamos hacer para la canción, y muchas veces el mejor aporte es ese: estar ahí, sin protagonismo. Así que estamos felices con eso.
—Llevan como grupo varias décadas juntos, ¿cómo es la convivencia hoy?
—Bueno, hemos ido creciendo y por suerte eso repercutió positivamente en la relación entre nosotros. La verdad que hace muchos años que estamos juntos, y por lo tanto la banda atraviesa todas nuestras vidas personales. Cuando empezamos, algunos estábamos en el secundario, otros en la universidad, algunos trabajando, pero creo que la inmensa mayoría vivíamos con nuestros padres. Después aparecieron las novias, después, mucho más tarde, los hijos. Y bueno, todo eso lo fuimos haciendo juntos, pasando de a uno por todo. Hoy en día tenemos todos hijos, entonces te vas acompañando, y hubo que aprender a convivir, a aprender a crecer. Tuvimos momentos difíciles, también golpes duros, como la pérdida de un compañero (Marcel Curuchet, el tecladista que falleció en 2012 tras un accidente de moto en Estados Unidos, mientras la banda estaba de gira, NdR) —situaciones espantosas que no querés vivir, pero que generan también un fortalecimiento de grupo y una manera nueva de comunicarte. Así que te diré que hoy en día estamos en nuestro mejor momento, porque nos llevamos bárbaro.
Creo que entendemos bien al compañero y tenemos siempre ese propósito común: trabajar para el proyecto, para las canciones, tratar de darle el mejor espectáculo posible y que cada compañero la pase bien. Entonces, con los años, por suerte, tenemos una muy linda relación.
—¿Y cómo es la relación con el público mendocino?
—Recontra cercana. Yo recuerdo las primeras veces que íbamos y no dejaba de sorprendernos que cantaran nuestras canciones. Personalmente tengo varios amigos de Mendoza, que conocí a través de la banda, con quienes tengo muy buena relación y contacto casi permanente. Ahora volvemos al Arena, que es un lugar donde ya hemos tocado y que nos resulta muy familiar, nos gusta mucho. Muy lindo lugar para ir a ver un espectáculo, porque suena muy bien y permite que se luzca bien la puesta en escena, las luces, la escenografía, todo ese tipo de cosas. Es un muy buen lugar, así que damos por descontado de que el show va a ser una fiesta.