Mucho de lo que conocemos sobre rock y folclore argentino se lo debemos a la tarea periodística de más de 50 años ejercida por Víctor Pintos, uno de los referentes del periodismo de música más respetados de nuestro país y Latinoamérica.
Dialogamos con el legendario periodista Víctor Pintos sobre su más reciente libro: “66 historias que merecen ser contadas”. En esta entrevista también repasó los momentos más destacados de su trayectoria profesional y compartió una aguda mirada sobre la música actual y el panorama cultural.
Mucho de lo que conocemos sobre rock y folclore argentino se lo debemos a la tarea periodística de más de 50 años ejercida por Víctor Pintos, uno de los referentes del periodismo de música más respetados de nuestro país y Latinoamérica.
66 historias que merecen ser contadas se titula su último libro, y fue publicado por la editorial Mil Campanas. En sus 206 páginas encontramos una cuidada selección de situaciones, anécdotas y reflexiones de su trabajo como periodista, sobre todo, relacionadas con la música. De él habla en esta charla. "El libro está especialmente dirigido a los más jóvenes. Jóvenes urbanos. De hecho, todos los capítulos son muy cortos, ideal para estos tiempos, para abrir en cualquier lado porque todos los capítulos son independientes, y refieren a una canción y a una historia, y se puede leer en el subte o en el bondi", comienza diciendo Víctor.
El prólogo del libro fue escrito por León Gieco, que admite que "Víctor tiene una memoria envidiable". De hecho el mismo León, es el protagonista de varias historias de este libro porque es muy amigo de Pintos y un personaje crucial en su vida: "Cuando lo conocí personalmente a León fue en Olavarría, mi ciudad natal, en el verano de 1978, cuando él todavía no había escrito Sólo le pido a Dios. León me llevo a Buenos Aires. Ahí hice toda mi vida adulta y escribí en muchos medios reconocidos (Expreso Imaginario, Página/12, Humor, Clarín, La Razón, Sur, Rolling Stone), hice radio y TV (por lo cual gané un Martín Fierro). Esa vez, el cuento es maravilloso, León me dijo: '¿No pensás irte a Buenos Aires? Vos podrías trabajar de periodista allá. Si vas, te presento a Spinetta'. Y me fui."
El desencuentro eterno con Yupanqui, una caminata por avenida Corrientes con Rubén Blades, charlas con Cadícamo y Goyeneche o el rescate de una bolsa de basura de la letra de La rubia tarada, manuscrito de Luca Prodan, son algunos de los fantásticos relatos que propone el autor. Una tarea que siempre fue difícil de mantener y no siempre redituable.
—A lo largo de tu trayectoria, reuniste una buena cantidad de discos, libros, inclusive, mucha memorabilia. ¿Ya decidiste que destino tendrá ese material cuando no estés más?
—Tengo clarísimo que voy a morir en cualquier momento y contra mi voluntad, y obviamente, todo eso que decís, lo heredarán mis hijos, que son tres: la Burbu (40), que vive en Bariloche; Pedro, que está en Buenos Aires y Lucero (16), que está acá en Córdoba. También ya decidí qué hacer con todo mi archivo: doné toda mi discoteca digital a la futura Casa de la Música, que funcionará en Buenos Aires, y que les podrá canciones de todo tipo y procedencia y estilo a los músicos, hoy jodidos económicamente y que, en su momento, nos dieron su arte toda la vida. Y ojalá que algún proyecto cultural me permita hacer, en algún lugar del país, una Casa de la Música donde pueda exhibir a la gente todo lo que pude juntar en mis 52 años de periodista.
Mirando en perspectiva la obra periodística de Víctor Pintos, da la impresión de que siempre busca tener el control de todo. Pero no desde un terco dogmatismo, sino pensando en producir buenos contenidos para el público, oficiando de editor de su propia obra: "Es verdad, me gusta tener las cosas bajo control, y eso no me parece un autoelogio. Pero más allá de eso, entiendo que hay mucho para contar y para explicar, y que eso es valioso, sobre todo porque proviene de alguien que ha sido testigo directo —nunca protagonista ni coprotagonista— de muchas historias que, creo, algún día se deben conocer" escribe Pintos, desde su casa en Agua de Oro, en las sierras de Córdoba, donde reside desde hace más de una década.
—¿Te gustan los libros de música que hoy se editan?
—Algunos. Me encantaron los que hicieron Springsteen, Caetano y Bob Dylan, el que escribió Marcelo Figueras sobre el Indio Solari y los de Fernando Samalea —que, además de tocar muy bien la batería, escribe fenómeno—. Respeto mucho lo de Oscar Filkenstein con León Gieco, y sinceramente no me gustan las biografías "oficiales" (Cerati, Charly), porque se nota mucho que el autor laburó muy controlado.
—¿Qué historia te falta escribir sobre el rock y el folclore?
—Hay muchas. De hecho, ya tengo listo otro libro de este corte. Me gustaría que formalmente se eleve al rock como parte del folclore del país y que el Festival de Cosquín presente a alguien como Miguel Cantilo como un héroe de nuestra música, ya que no lo hizo en su momento con Spinetta, Pappo u otra gente que ya no está. Parece que hay que irse del país y estar en algún punto lejano para valorar que un blues de Pappo o un tema de Invisible son melodías que nos hacen lagrimear como un buen tango de Troilo o una zamba cantada por Mercedes Sosa.
—Hace poco Fito Paez dijo que "a los jóvenes los han domesticado". Los celulares nos alejaron del amor. Hubo un plan y lo lograron" ¿Coincidís?
—Coincido. Fito es un maestro y puso la cara. Y querría sumar que no solo a los jóvenes han domesticado. Para tener un celular y andar por la vida embobado con los tuits, las publicaciones, las historias y todo lo que se muestra en las redes sociales, no es necesario ser joven. Hoy todos estamos en esa. Vos y yo también. Sólo que también leemos libros y escuchamos música. Música vieja y nueva.
—La nueva música urbana es muy diferente al rock clásico. ¿Te gusta?
—La nueva música urbana es el nuevo rock, creo. Sí me gusta. Elijo a Nach de España, a Residente de Estados Unidos hispanoparlante y de Puerto Rico, a Portavoz de Chile, a Wos y Trueno de Argentina. A gente que dice cosas importantes.
—En tu libro anterior, Recuentos (2022, Ecoval) había una selección de tus entrevistas. En este, en cambio, hay anécdotas y relatos escuchados, ¿Te quedan más historias que merecen ser contadas en otro libro?
—En Recuentos puse algunas entrevistas que hice con gente valiosa, quién sabe si las más "célebres". Y claro que siempre hay otras. Ni llegué a contar que me crucé con Piazzolla, Jaco Pastorius, Miguel Cantilo, Juan Baglietto, Botafogo, John McLaughlin y Dino Saluzzi, por nombrar algunos valiosos que todavía no cité. Lamento no haberme encontrado con Troilo, Bob Marley, John Lennon, Violeta Parra o Atahualpa Yupanqui. Y con Bob Dylan, claro. Pero bueno, no soy Maradona.