Contamos también cosas de nuestra vida, hay participación constante con el público, hay nostalgia, hay alegría, hay monólogos, hay canciones, hay tango. Sinceramente sale un espectáculo muy lindo. Tanto que el público se pone de pie al final, porque se quiere ir a su casa… (risas)
Y en el caso de Mendoza es muy especial. Lo adelantamos a las 19.30. A cada espectador le vamos a hacer un chequeo cardíaco (risas), le tomamos la presión, y al final le regalamos un test, porque hay que hacer el aguante para después ir a ver a Argentina. Y nos vamos todos juntos a verlo.
—¿Tuvieron que cambiar el horario por el partido de Argentina?
—Sí, claro. Por eso incluimos ese chequeo, porque con Argentina siempre se sufre, y este partido lo vamos a sufrir de nuevo. Así que imaginate, primero hay que saber sufrir... y ahí canta Miguel ese tango: "Primero hay que saber sufrir, después amar, después llorar…"
—¿Cuántos años llevan trabajando juntos con Miguel?
—Somos la unión de dos individualidades, cada uno tiene su show, pero juntos llevamos 25 espectáculos y 30 años. Ya nos conocíamos del primer espectáculo, arriba y abajo del escenario. Nos queremos mucho con Miguel.
Ahora en el verano él estaba haciendo otro show y yo estaba haciendo comedia, y nuestro productor dijo: "Vamos a hacer una gira." Nos juntamos porque nos da muchísimo placer hacerlo. Federalizar los espectáculos. Y nos divertimos, conocemos siempre la cultura del país.
Yo siempre digo que para amar a nuestro país hay que conocerlo. Y en cada vinito que tomamos, en cada comida, está la identidad del país, la cultura de cada provincia, de un público que además nos recibe tan cálidamente.
—Después de tu paso por la política, has vuelto con todo al mundo del espectáculo…
—Siempre lo hago, soy un artista que hace política. Pero mi actividad, de lo que vivo, es de lo artístico, de mi trabajo en el teatro: tengo teatro en Mar del Plata, produzco espectáculos. Ahora, casualmente, en la calle Corrientes con Miguel hacemos una comedia que se llama "Argentinder", que debuta el 13 de agosto.
Pero a mí me apasiona la política, no tengo miedo en decirlo, porque es increíble que la gente siempre le hace asco a la política. Pero si no hay política, hay dictaduras. Yo creo que siempre hay que hacer algo de política. La gente ha entendido que lo que hay que cambiar son los políticos, a través de los votos, pero no las políticas. La política es lo único que te permite resolver las cuestiones centrales de la sociedad.
—Y ahora que se asoman las nuevas elecciones, ¿no te tienta volver, aspirar a algún cargo?
—¿Aspirar a un cargo? No. Pero sí a expresarme políticamente. Pero estoy muy lleno y pleno con la actividad artística, que también me apasiona; yo creo que la mejor actividad del mundo es hacer reír. Pero no aspiro a cargo alguno. Sí me gustaría que la Argentina tenga una visión más inclusiva, más federal. Es decir, que tenga un proyecto nacional, que sea inclusivo, que sea federal, y que haya una redistribución del ingreso. Creo que en el mundo de hoy, la Argentina debería tener un proyecto consensuado.
—¿Y qué tenés para decir de este momento político?
—¿Vos querés que te amargue la nota?
—No, todo lo contrario. Decime algo que me dé esperanza…
—Yo creo que los argentinos tienen que producir en las próximas elecciones un nuevo viraje, que no sea pendular otra vez. Lo que estoy diciendo es que ha llegado el momento de llegar a acuerdos.
Lo que la Argentina tiene que mantener de nuestra cultura —la identidad cultural argentina— es lo más valioso que tenemos. Lo estamos viendo con el fútbol, con nuestro canto, con nuestra cultura en todas las provincias. Me parece que mantener esa identidad es clave. Yo, por ejemplo, no estoy de acuerdo con esa dependencia absoluta de los Estados Unidos; me parece absolutamente grave, gravísima.
Estoy preocupado, por supuesto, por la gran recesión y por responder solamente a las políticas exigentes del Fondo Monetario; me parece insólito. Y creo que todo eso lo van a cambiar.
Fíjense que este cambio que hoy tuvimos, durante el gobierno, lo hicieron los jóvenes. Pero los jóvenes son los que van a cambiar el futuro también, el futuro inmediato. Se han dado cuenta de que ya llamaron la atención con su voto, y lo pueden cambiar, lo pueden mejorar.
Yo no soy de los que dice "uy, los jóvenes votaron este ajuste". No. Votaron también por algo, porque tampoco se conformaban con lo que tuvieron antes. Entonces tenemos que buscar un acuerdo, y yo creo que los jóvenes son los que cambian el mundo, y seguramente le van a hacer dar cuenta a los dirigentes de que la Argentina necesita un proyecto nacional. Pero sí, un proyecto nacional abierto, que no sea un proyecto como ahora, para un 30% de la población.
—Al final esta nota va derecho a la sección política....
—(risas) Claro, debería ir en la sección política. Sobre todo, ¿sabés qué? Hay que discutir sin soberbia. Eso lo aprendí en el Senado: discutir sin soberbia, respetando lo que piensa el otro, es decir, respetando el pensamiento distinto. No ofender.
Yo fui el primer productor de Javier Milei en teatro. Ahí lo conocí, me pidió que lo dirija y lo produzca en “El consultorio de Milei”, y desde ahí venimos discutiendo. Pero yo respeto su pensamiento, aunque no comparto su idea.
—¿Pongo esto o no?
—¡Claro que sí! Se puede ver en internet, en YouTube: la famosa secuencia cuando le pega a la piñata del Banco Central con un palo y después lo terminan llevando con un chaleco de fuerza, muy gracioso. Era un espectáculo muy divertido, iban muchos jóvenes. Pero después nos peleamos en "Intratables" y desde ahí no nos hablamos más. Mi pregunta era muy simple, y la puedo hacer ahora, seguro que se va a enojar: ¿cómo resolvés la desigualdad con el anarco-liberalismo? Y ahí se enojó muchísimo conmigo.