El cine europeo perdió a uno de sus íconos más radicales y persistentes. Béla Tarr, el director húngaro que llevó el tiempo cinematográfico hasta sus límites y convirtió la desolación en una forma de belleza, murió este martes a los 70 años. La noticia fue confirmada por el realizador Bence Fliegauf a la agencia MTI en nombre de la familia, según informó Efe.
Figura central del cine contemporáneo, Tarr construyó una obra tan austera como influyente, marcada por extensos planos secuencia, el uso casi ritual del blanco y negro y una concepción del cine como experiencia física y moral.
La unión superadora del cine y la literatura
Su fructífera asociación creativa con el escritor László Krasznahorkai —Premio Nobel de Literatura 2025— dio lugar a algunos de los títulos más decisivos del cine de autor europeo: "Tango Satánico" (1994), adaptación homónima de más de siete horas considerada su obra cumbre, y "Armonías de Werkmeister" (2000), basada en "La melancolía de la resistencia". A ese corpus se suman filmes clave como "La condena" (1987), donde ya se insinuaba su deriva hacia una exploración metafísica del derrumbe social y existencial.
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Comparado a menudo con Michelangelo Antonioni y Andréi Tarkovski, Tarr rechazó de manera frontal los códigos industriales del cine comercial. “No creo en la honestidad ni en la autenticidad del cine de Hollywood”, afirmó en más de una ocasión, defendiendo la necesidad de que la pantalla represente “personas reales, de una manera honesta y sincera”. Si en sus primeros trabajos se volcó a retratos crudos de la marginalidad, con el paso del tiempo su cine se volvió cada vez más abstracto y angustiante.
Sobre el director
Nacido el 21 de julio de 1955 en Pécs, comenzó a filmar como autodidacta antes de ingresar en 1977 a la Escuela Superior de Teatro y Cine de Hungría.
En la década de 1980 trabajó en la histórica Mafilm, y a lo largo de su carrera realizó cerca de medio centenar de películas. Fue reconocido con el Oso de Plata en el Festival de Berlín por "El caballo de Turín" (2011), filme tras el cual anunció su retiro de la dirección, aunque continuó vinculado a proyectos teatrales independientes.
En 2024 recibió el Premio a la Trayectoria del Festival Internacional de Cine de Tokio y, en marzo del 2025, el Premio Honorífico 2025 del D’A-Festival de Cine de Barcelona. Al entregarle esa distinción, Pere Alberó, director de la ECIB, lo definió como “el cineasta vivo más importante del momento” y sostuvo que su obra seguía siendo, aún hoy, “un misterio”.