Muerdo se prueba por primera vez en Mendoza y en el Teatro Independencia

Con una trayectoria consolidada entre España y América Latina, el artista murciano apuesta por un formato minimalista que pone en primer plano la palabra, la emoción y el vínculo con el público.

Así como para Paskual Kantero, más conocido como Muerdo, será la primera ocasión para descubrir al público mendocino, para muchos mendocinos será también la primera oportunidad para adentrarse en vivo y directo en la obra de este murciano, de 37 años, que desembarcará en Mendoza el miércoles 25 con una presentación en el Teatro Independencia, a las 21 hs, en el marco de su gira “Volver a donde nacen las canciones”.

Lejos de la lógica expansiva de los grandes festivales —donde ha sabido moverse con naturalidad en escenarios como Cosquín o el Gran Rex—, esta nueva etapa del cantautor propone un repliegue deliberado: reducir la escala para amplificar el sentido. En formato acústico, acompañado por un único músico multinstrumentista, Muerdo revisita su repertorio desde un lugar más desnudo, casi artesanal, como si cada canción fuera despojada de sus capas para revelar su pulso original.

Esa búsqueda no es menor en un artista cuya identidad se ha construido precisamente en el cruce: entre la canción de autor española y las músicas latinoamericanas, entre lo íntimo y lo social, entre la raíz y el viaje. Con una trayectoria que incluye discos como Flores entre el acero, Viento Sur y La mano en el fuego, y colaboraciones a ambos lados del Atlántico, Muerdo ha sabido trazar un mapa sonoro donde conviven el folclore, el flamenco, la trova y los ritmos urbanos.

“Volver a donde nacen las canciones” —el nombre de la gira que lo trae a estos pagos— no es solo un título: es una declaración estética. Un intento por restituir el momento primigenio en que la música todavía no es espectáculo sino impulso, respiración compartida. En tiempos de sobreproducción y vértigo, la apuesta por la cercanía y la escucha atenta se vuelve, también, una forma de resistencia. Estilo pudo entrevistar al artista quien habló sobre esta gira, sus viajes, las fuentes de su música, su vínculo con Argentina y Latinoamérica y su próximo EP.

—¿Primer toque en Mendoza?

—Sí, nunca habíamos tenido la oportunidad de venir a tocar. Yo sí conozco un poco desde el turismo, pero la verdad que venir a tocar, y además en esta gira que es tan especial porque es acústica, retrospectiva de toda mi trayectoria y de mi repertorio, y hacerlo en un teatro tan bonito como el Independencia, nos tiene muy felices.

—Me llamó la atención el nombre de la gira, “Volver a donde nacen las canciones”. ¿Por qué ese título?

—Bueno, porque tratamos de recrear en la gira esa intimidad. Veníamos varios años girando con banda grande, haciendo eventos más masivos, tipo Cosquín, Baradero, estuvimos en el Rex también. Y queríamos regresar un poco a la esencia: vestir las canciones de otra manera, desnudarlas, reducirlas a su mínima expresión, que para mí es su máxima. Evocar esa intimidad en la que las canciones nacen.

—A propósito, ¿cómo es el laboratorio de tus canciones?

—Las ideas surgen muy naturalmente, normalmente cuando estoy tranquilo, caminando por la ciudad o por la naturaleza, en un estado de meditación activa. Ahí nacen los primeros gérmenes de la canción. Después las voy elaborando más en el estudio, con músicos y compañeros.

—Tengo la idea de que sos una suerte de cantautor viajero, con mucho recorrido por América Latina. ¿De dónde viene ese interés y cómo manejás la mezcla entre lo español y lo latinoamericano?

—Bueno, la verdad es que, incluso antes de viajar al continente, en mi universo sonoro ya estaba la música latina, porque en casa, en España, se escuchaba son cubano, salsa, trovadores como Atahualpa Yupanqui o Jorge Cafrune. Todo eso quedó ahí, como un remanente en mi universo personal.

Y cuando empecé a viajar a Latinoamérica, vine por primera vez en 2012, empecé a vincularme más a esas sonoridades y a mezclarlas con lo que me es propio. Yo soy del sur de España, y al fin y al cabo la sonoridad mediterránea, flamenca, está implícita en lo que hago, porque está implícita en lo que soy. Entonces esa mezcla nace de una manera muy natural.

El proyecto, como bien decís, está muy ligado al viaje. Yo siempre digo que el viaje alimenta a Muerdo y Muerdo alimenta el viaje. Es algo indisoluble, está en el ADN del proyecto. Y esa mixtura sucede de forma muy natural, tratando siempre de acercarnos con respeto a otras músicas.

—¿De dónde surgió el nombre artístico Muerdo?

—No tiene ninguna historia particular. Surgió medio en broma y quedó. No es que tenga un mensaje profundo detrás. Pero es una palabra interesante porque es una acción, no tiene género, no tiene número, y refleja un poco esa actitud incisiva ante la vida.

—Mencionabas recién el vínculo con artistas latinoamericanos, supongo que también te respaldarás en la fuerte tradición de cantautores que hay en España, ¿con quiénes concretamente?

—Sí, claro. En mi primer álbum, por ejemplo, colaboró Luis Eduardo Aute, fue mi primera colaboración musical. Aute fue un gran padrino, un gran amigo y una gran referencia.

Después he colaborado con Pedro Guerra, con Javier Álvarez, tengo mucha amistad con Ismael Serrano. Son todos referentes. Y, por supuesto, Serrat y Sabina.

Y también con autores de mi generación como Rozalén o El Kanka, con quienes hay un diálogo. Ese diálogo también se extiende a artistas argentinos con los que he colaborado: el Bahiano, Lisandro Aristimuño, Gauchito Club (de Mendoza), entre otros. Hay un vínculo muy fluido con Argentina.

—En varias de tus letras hay una sensibilidad social marcada. ¿Cómo estás viviendo este momento tan complejo a nivel global?

—En lo que tiene que ver con lo argentino, trato de expresar mi opinión con mucho respeto, porque no conozco la realidad cotidiana del país y, además, Latinoamérica ha tenido suficientes injerencias extranjeras como para que venga un cantante europeo a dar lecciones de política.

Pero en el contexto global sí veo un giro preocupante hacia políticas invasivas, expansionistas, intolerantes con los migrantes y los colectivos minoritarios. Y eso, como decís, lo siento como una amenaza a la democracia y también al estado de paz mundial que hemos tenido en los últimos cien años y que parece estar en riesgo.

—¿Sentís que la música puede aportar algo en este contexto?

—Sí, creo que la música aliviana las situaciones difíciles. Y el artista también debe ser un cronista de su tiempo, una luz, un faro que alumbre una realidad que a veces es difícil de entender.

—Con esa mezcla de influencias —folclore, ritmos urbanos, flamenco, rock—, ¿cómo definirías tu música?

—La definiría como algo totalmente mestizo, multicultural y ecléctico. La línea que une todo es mi voz, tanto sonora como poética. Y a partir de ahí, todo lo demás es impredecible.

—¿Qué proyectos se vienen y cómo pinta 2026?

Estoy grabando un EP con otro artista español del flamenco jazz, Diego Guerrero. Estamos revisitando clásicos latinoamericanos. El último que hicimos fue “Cambalache”, con una big band de 24 músicos.

Es un EP de seis canciones que revisita clásicos de Latinoamérica. Y además está la gira, con más de sesenta fechas ya cerradas, que me va a ocupar prácticamente todo el año.

—Leí algo sobre esa versión de “Cambalache”. ¿Cómo la trabajaron?

La llevamos a un territorio un poco más ameno, menos melancólico, más inspirado en las orquestas de los años 50 y 60, tipo Tito Rodríguez, Sinatra, esa onda más liviana.

Tratamos de respetar la lírica y el espíritu del tema, que sigue tristemente vigente, y traerlo a dialogar con la realidad de hoy.

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