Hoy, de vuelta en Buenos Aires, Solá disfruta de una nueva etapa profesional y personal. Además de protagonizar Mi Querido Presidente, se animó a debutar como director teatral con Match for Love. Reflexivo y frontal, suele definirse como un “actor a la antigua”, convencido de que el público argentino es exigente, pero también el más apasionado y leal.
Miguel Angel Sola y Maxi de la Cruz
Miguel Angel Sola y Maxi de la Cruz
LM comunicación
En charla con Los Andes, el actor reflexiona sobre el país, habla de sus premios y de esta comedia a la que define con “humor inteligente”.
—Con Mi Querido Presidente volviste a la Argentina y tuvo un recibimiento cálido del público. ¿Cómo fue esa vuelta al escenario nacional?
—En realidad hicimos un largo peregrinaje por el interior del Uruguay, fue muy bonito. Ya mañana me embarco para Montevideo, íbamos a hacer una función en El Galpón y terminamos haciendo cinco. Después volvemos a Buenos Aires y Mendoza, porque me toca esta semana de lunes a jueves filmación. Luego retomamos aquí en el Apolo de Buenos Aires. Ha sido una función bendita, desde el comienzo la gente la tomó para sí y nos han pedido que sigamos acá. Después, ya Dios dirá. Pero por mí me quedo en Argentina.
—¿Estás filmando?
—Sí, un amigo cineasta que está viviendo en España me pidió un favor muy grande para su cuarta película llamada Rojo Pasión y le dije que sí.
Miguel Angel Sola y Maxi de la Cruz
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—¿Qué te sedujo del texto y de los personajes para aceptar el proyecto?
—Es muy inteligente la comedia. No tiene nada que ver con el “jaja jijiji” sin sentido que tienen por lo general las comedias. Pero esta no, esta es muy inteligente, muy sensible. La gente se ríe mucho, pero después sale preguntándose cosas sobre la vida, sus elecciones, incluidas las políticas y sobre todo acerca de qué elige uno ser con lo que tiene. Somos los únicos bichos capaces de transformar lo que somos en lo que podríamos ser. A veces lo hacemos mal y a veces sabemos revertir. De eso habla la obra. Está tan bien escrita. La frase final del presidente, el personaje de Maxi de la Cruz, es el porqué de toda la obra.
—¿Cómo te encontrás vos en esa química actoral con Maxi de la Cruz?
—Muy bien, es un actorazo. Y un tipo muy particular porque él se ha dedicado a hacer teatro de una manera muy graciosa, me alegra el día dentro y fuera del escenario. Lo pasamos muy bien. El sistema de trabajo fue muy lindo. Primero nos conocimos por Zoom porque yo estaba en España. Apareció Maxi del otro lado y Max Otranto, un director primerizo que nos supo llevar con inteligencia. Somos dos extracciones de actores completamente diferentes, pero con un vínculo en común: queremos hacer bien las cosas y nos divertimos. Fue mágico desde el primer día. Nos seguimos llamando, escribiendo, cuidamos la garganta, mientras no estamos trabajando estamos atentos. Nos dio mucho vuelo, muchas alas: “inventen, jueguen, destruyan lo hecho el día anterior”. Esa es la dinámica del espectáculo, que la comedia nunca se seque, que siempre haya sorpresa y diversión. Un sentir juntos el paso del tiempo como si fuera por última vez y por primera vez. Eso es hermoso en el teatro, te permite seguir sintiendo tu primera vocación.
Miguel Angel Sola y Maxi de la Cruz
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—¿Alguna vez dijiste que no te llamaban para trabajar en Argentina?
—Es verdad.
—¿Qué cambió para vos hoy? Porque además de esta obra estás dirigiendo Match for Love. ¿Cómo sentís tu reencuentro con el público argentino?
—Cambiar no cambió, no me siguen llamando de aquí. El amigo que me llamó para trabajar es argentino, pero vive en España. Con él ya hice una película que fue Pasaje de Vida y salió una muy buena. Pero de aquí no me han llamado. Los únicos que me llamaron para trabajar fueron Pablo Echarri y Martín Seyfeld, con los que hice La Leona. Después, ya me llamó Roberta Sánchez y Carlos Silva. Me llamaron para hacer Germán, Últimas Viñetas, que son los últimos meses de la vida de Oesterheld. Fue una maravilla de miniserie, pero no tuvo trascendencia.
—Germán Últimas Viñetas salió en la televisión pública.
—Sí, pero los medios de comunicación ni siquiera la nombraron. La Leona, por ejemplo, fue la última ficción que se hizo aquí, con calidad extraordinaria. No figura en ningún lado. Eso no se repite. ¿Por qué? Puedo entender que las causas políticas hagan que este país sea la cagada que es, porque éramos una potencia intelectual, emocional, éramos los que descubríamos talentos del mundo, los que impulsamos el psicoanálisis, la odontología, la cardiología, estudios fuertes que nutrieron al resto del mundo… éramos monstruos y ahora somos esos desechos de orcos que caminan por las calles, aparecemos como Walking Dead. Estamos desesperados porque no sabemos cómo salir, porque estamos en una encrucijada terrible: lo que fuimos y lo que no podemos ser. Pero la sociedad no reacciona ante lo que se ve ocurrir aquí.
—¿Está en plataformas?
—No lo sé, yo no soy adicto a las plataformas, así que no tengo idea. Pero búscalo: Germán Últimas Viñetas.
—Sin embargo tus películas, al estar en plataformas, siguen vigentes para el público.
—No se trata de eso. Si yo te pongo un cartel que diga: "Tome caca, es maravilloso", y te lo pongo todos los días en todos los canales y medios, y los consumos sanos no lo pasan en ningún lado, te puedo asegurar que la gente va a tomar caca siempre.
—Lo que pasa es que las plataformas son la única alternativa. La televisión abierta se quedó sin ficción.
—Sí, bueno, pero yo la hice muy buena y por eso la siguen pasando.
Miguel Angel Sola y Maxi de la Cruz
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—¿Cómo te sentís con eso?
—Yo luché media vida por lo otro, por ser seres orgullosos de estar en pie, humanos. ¿En qué quedó todo eso? Me fui 30 años, vuelvo y me encuentro que para la sociedad soy un viejo meado. No coincido. El titular del diario sigue siendo la cara de un imbécil al lado de otro imbécil. Hay algo que pasó acá que no entiendo, después de haber luchado contra todo tipo de dictadura, nos ha llenado en 40 años de democracia de nuevos ricos, indecentes, clases políticas indecentes y un país sin rumbo. Hemos sido un país que peleó por sus libertades, por sus derechos. Ahora, ¿qué somos? ¿Qué estamos haciendo?
—¿Por qué te fuiste?
—Yo nunca me fui, porque no me integré a otro país. Yo fui a vivir a otro país porque en el mío, en la época de Menem, me amenazaban de muerte, no me dejaban trabajar y empezaban a amenazar a mi hija de 2 años. Entonces me tuve que ir. Pero yo llevo toda la geografía de mi país en mi corazón, en mi cuerpo, en mi cabeza. He conocido lugares preciosos, sé que eran culturas valiosas, pero también estaban los años horrorosos de guerras y hambrunas. Vengo acá y encuentro que se está reproduciendo poco a poco todo aquello. Vas por la calle y ves tipos de 20 años que te están pidiendo guita. ¡Andá a laburar! Y si no encontrás laburo, rompete el alma para conseguir lo que querés. Pero no podés estar todo el día crackeado en la calle.
—Hablemos de tu trayectoria. Recibiste innumerables premios a lo largo de tu vida. ¿Qué importancia tienen esos premios para vos?
—Yo creo que todo eso ya pasó. Los premios me los han dado personas que no conocía, de cuatro continentes. Lo último que me tocó hacer como protagonista fue una película hermosa que se llama El último traje. Fue a 18 festivales, recibió 17 premios como mejor actor, mejor película o del público. ¿Los viste publicados? No pasó nada. La productora no se interesó en pelear por ella. Ahora, fijate los titulares que pueden dedicarle a películas hechas por actores que sí tienen un andamiaje publicitario. Yo no tuve esa suerte, pero sí la suerte de hacer muy buenos trabajos. La gente me para para recordarme trabajos de hace 30, 40, 45 años.
Miguel Angel Sola y Maxi de la Cruz
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—Eso es lo que te digo: seguís vigente en la memoria del público.
—Me encantaría que fuese así. No sé si es así. Tengo 75 años y tengo que seguir viviendo y comiendo de esto hasta que me muera. No tengo ahorros, ni casa propia. Desde hace 20 años vivo alquilado. Eso me iguala con la gente que merece vivir de otra manera y con aquellos que no quieren, porque el negocio es la miseria. Tengo que vivir en este país. Todos los que creímos en el trabajo y el estudio como fuente de hacer grande un país… ¿Qué hacemos? Esa es mi pregunta. Vos me preguntás por los premios, ya pasaron. Son 170 premios de personas que no me conocieron y me los dieron porque creyeron que el trabajo era digno. Eso ya pasó. Lo que queda ahora es el mañana, el hoy y el día de Mendoza, los cinco días en Montevideo, las 50 funciones en el Teatro Apolo. Después, la incertidumbre de siempre.
—¿Qué te gustaría hacer como actor o director?
—Tuve un solo sueño: hacer Galileo Galilei. Nunca tuve la oportunidad. Me ofrecieron hacer El Eternauta siete veces, pero nunca se concretó. Me hubiese encantado. Me quedó pendiente hacer Sarmiento. Me lo ofrecieron más de 10 veces y nunca se pudo concretar. Me hubiese gustado mostrarlo desde otro punto de vista. Espero que haya un mañana que respete mi capacidad como actor. Si vienen papeles pequeñitos como han venido siempre, bienvenidos sean. Lo haré con la misma fuerza y entrega. Haré teatro hasta que el físico diga “basta”.
La inteligente propuesta de Mi querido Presidente
Mi Querido Presidente desembarca con fuerza: hilarante, elegante y profundamente humana. La comedia propone una premisa solo aparente: un presidente recién electo, interpretado por Maxi de la Cruz, sufre una desconcertante picazón en la nariz justo antes de su discurso inaugural. Eso lo lleva a buscar ayuda... de un psiquiatra, encarnado por Miguel Ángel Solá, y lo que parecía una revisión profesional se transforma en un duelo verbal donde cada palabra es arma y abrazo al mismo tiempo.
Maxi de la Cruz
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La chispa surge desde el inicio de la puesta La construcción del humor está llena de pequeñas trampas: primero incomoda, luego seduce y finalmente conmueve con su inteligencia emocional. La clave del espectáculo radica en la química particular entre sus protagonistas. Solá, lejano al registro cómico, entrega una performance medida y poderosa. De la Cruz, por su parte, despliega un talento orgánico y espontáneo: “Trabajar con Miguel es un lujo… nos divertimos muchísimo y eso lo transmite al público”, comparte el comediante ElTreceTV. Y él mismo lo define: “Nos sacamos chispas arriba del escenario... un duelo actoral que llevó con fina armonía la comedia disparatada y reflexiva”, aseguró en una reciente entrevista en Página 12.
Bajo la dirección de Max Otranto, la puesta se desarrolla en un solo escenario, vibrante y preciso, donde la escenografía intensa acompaña cada chiste, cada pausa. Es una comedia sin panfletos, que hace reír —pero con una punzada de verdad—. Esta obra confirma que, en teatro, la palabra sigue siendo territorio de poder... y de risa compartida.