Desde la altura de la Quebrada de Humahuaca hasta los escenarios que hoy la ovacionan, Micaela Chauque ha trazado un camino que desafía los roles tradicionales de la música andina.
La música, instrumentista, luthier y docente norteña será esta noche una de las figuras principales del Americanto. En charla con Estilo habló de la música andina, de sus instrumentos y de cómo la mujer impone su protagonismo en un ambiente tradicionalmente dominado por hombres.
Desde la altura de la Quebrada de Humahuaca hasta los escenarios que hoy la ovacionan, Micaela Chauque ha trazado un camino que desafía los roles tradicionales de la música andina.
Nacida en 1979 en la comunidad indígena colla de Finca Santiago, en Iruya (Salta), y criada en Tilcara (Jujuy), su historia es un testimonio vibrante de cómo la música puede ser territorio, raíz y revolución sonora.
Atravesada por el viento del norte y la intensidad de las voces ancestrales, Chauque se formó en canto, quenas y sikus desde muy joven, y con tenacidad aprendió incluso a construir sus propios instrumentos, abrazando la luthería como un oficio inseparable de su obra. Su labor no se limita a interpretar: es música viva, investigación profunda del folclore andino y una pedagogía que transmite saberes que de otro modo hubieran quedado en pantallas de memoria.
Uno de los capítulos más singulares de su trayectoria ocurrió cuando obtuvo —con la aprobación de los ancianos de su comunidad— la autorización para tocar la quena, instrumento tradicionalmente ejecutado solo por hombres. Además de un hito personal, este gesto simbolizó el pulso de una tradición que late entre resignificación y continuidad.
Con una carrera que supera dos décadas, Micaela ha compartido escenarios con referentes como Jaime Torres, ha sido invitada por Divididos y ha llevado la música de los Andes a festivales internacionales. En 2019 su álbum Jallalla fue reconocido con el Premio Carlos Gardel como Mejor Álbum Folklórico de Artista Femenina, consolidando su lugar en el universo de la música popular argentina.
Hoy, entre talleres, giras y encuentros como el Jallalla Warmi —festival que ha dado voz a cientos de artistas mujeres—, Chauque sigue tejiendo un puente entre tradición e innovación, invitando a escuchar la copla y los sikus no como reliquias del pasado, sino como pulsos contemporáneos de identidad y resistencia. Estilo habló con ella durante estos días previos a su actuación de esta noche en el Americanto.
—¿Qué expectativas te crea tu presentación del sábado en el Americanto?
—Felices con venir a Mendoza. Es un festival legendario para nosotros, más para los que hacemos música andina.
—¿Cuánto arraigo sentís que tiene en Mendoza el folclore andino?
—Bueno, en principio creo que el público que reúne el festival Americanto, de acuerdo a las memorias que tengo, siempre tiene que ver con la música latinoamericana. Creo que el público está acostumbrado a escuchar nuestro género musical, porque en definitiva el sonido de la quena y del sikus es algo que se difunde muchísimo en Mendoza. De hecho, hay carreras en la universidad, hay expertos inmensos que han hecho historia dentro de la música del género, de la música folclórica del noroeste argentino. Por lo tanto estoy muy contenta de poder reunirme con muchos de los colegas que amamos esta música, que hace alianza por ahí con el género de carnavalito con los guaynos, las cuecas, el bailecito, con la destreza instrumental y desde luego con el canto.
Así que bueno, eso esperamos nosotros también llegar a la expectativa de un público que de por cierto siempre es exigente.
—No sólo sos música e instrumentista, sino también docente e investigadora, ¿qué podrías decir acerca de las expresiones y los instrumentos de la música andina: la copla, la quena, los sikuris?
—La copla es un canto que se acompaña con caja. Y hay tantos estilos y formas de interpretar en el norte de Argentina. En Salta y Jujuy hay muchas maneras, en Tucumán también, y luego si nos vamos un poquitito más a Cuyo ya encontramos esto de la vidala. Que también es lo mismo, es el canto con caja, pero con una composición melódica distinta. Que también se puede cantar en dúos. La letra misma cambia, la copla es una forma poética antigua que se incorpora al canto indígena y que se habla en español y que se canta según la métrica del canto español. Así que imagínate que se trata de una tradición de por lo menos más 500 años en nuestro territorio argentino.
Y por otro lado, sikuris es una palabra aimara que significa tocador del instrumento de viento tipo flauta de pan. Y eso es una práctica precolombina, que se ha difundido en toda la región andina y que también se tocaba en Mendoza. El sikus es el instrumento de viento que genera distintos tipos de melodías y que, a lo largo del tiempo, fue cambiando de afinación, hasta que al día de hoy más o menos se ha normalizado como una un instrumento diatónico, hasta cromático, un instrumento de soplar pero que tiene las mismas cantidades de notas que un piano de tres octavas.
—¿En Mendoza hay grupos o bandas de sikuris?
—Sí. Conozco de aquí una gran cantidad de bandas de sikuris, intérpretes de este instrumento, el sikus, en las cuales he notado muchos jóvenes. Siempre fue una tradición de uso de masculino. Pero ahora también hay bandas de sikuris mujeres, y de paso menciono a las Kantutas Warmis Sikuris, de Guaymallén, que hace poquito estuvieron en la Quebrada Humahuaca interpretando sus cañas y sus sikus. Y están los “Huevo de Cóndor” para mencionar otra banda de sikuris muy conocida en Mendoza.
—Has sido pionera y has trabajado mucho por la incorporación de la mujer a la música andina…
—Hicimos hace poquito, una semana atrás, el Encuentro Nacional de Mujeres Artistas "Jallalla Warmi" que reúne a todas las manifestaciones artísticas de mujeres. Vienen de todo el país, pero también del extranjero: de Chile, de Perú, de Ecuador. Y felizmente han llegado de distintos puntos increíbles unas 122 propuestas de mujeres. En tres días consecutivos de jornadas completas hemos tenido actividades artísticas, musicales, de danza y visuales, cien por ciento cupo femenino. Quiero decir que logramos un festival solamente de artistas mujeres, con la finalidad de mostrar y de reconocer el valor que tienen las mujeres artistas en Argentina.
—En la Quebrada Humahuaca fuiste aceptada y autorizada para tocar la quena, que es un instrumento tradicionalmente destinado a los hombres. ¿Qué significado tiene esto para vos y para la región?
—Creo que también fue como uno de los hitos históricos de mi carrera porque es algo que por ahí nadie se lo esperaba. Es como una especie de sorpresa hasta el día de hoy leer algo así. Uno piensa que la música es de todos y que todos la pueden interpretar, pero sabemos que no es así. Los grupos folclóricos que contratan en los festivales, de chamamé, de música andina, de todos los géneros, están integrados por hombres. Ni siquiera alcanza a un treinta por ciento la participación de mujeres en los festivales.
—¿En la actuación de este sábado vas a presentar también un nuevo álbum?
—Sí. Este año estamos lanzando nuestro cuarto álbum que se llama Corazón de agua. Y una de las características de este álbum es que la mayoría de las canciones son propias. Eso me da mucha alegría porque es un logro después de 24 años de carrera musical poder hacer un disco con canciones propias. Así que eso es lo que vamos a mostrar este sábado: un espectáculo que hemos preparado con canciones propias, con melodías que nos van a remitir a la copla, a los sikuris, pero sobre todo al carnaval norteño. La gente que vaya se encontrará con el mensaje cultural y musical que nos une a lo largo de los Andes y creo que también podrá divertirse porque traemos una tradición de mucha alegría.
El Americanto 2026, que comienza esta noche, se perfila como uno de los hechos culturales más relevantes del verano mendocino. Y propone un encuentro de alto nivel con la música de nuestros pueblos y una celebración de las raíces latinoamericanas a través de sonidos, historias y ritmos compartidos.
El festival tendrá lugar este sábado 24 y domingo 25 de enero, desde las 21 hs, en el Teatro Independencia.
La programación ofrece una grilla que combina artistas internacionales, nacionales y locales, diseñada para reflejar la diversidad sonora del continente y fortalecer los lazos culturales entre distintos pueblos.
Apertura con voces andinas
La primera jornada, sábado 24 de enero, arranca con la presencia de Micaela Chauque (ver entrevista aparte), destacada artista docente y luthier cuya música se sumerge en la tradición andina con sensibilidad contemporánea. Chauque, fundadora del Encuentro de Mujeres Artistas de la Quebrada, ha sido clave en la revalorización de repertorios ancestrales con perspectiva propia.
A continuación, sube al escenario Markama, un grupo con trayectoria desde 1975, cuyo nombre en quechua significa “al pueblo”. Su trabajo es una travesía por las músicas andinas y latinoamericanas, integrando instrumentos tradicionales con una estética abierta y creativa que busca encuentro y reconocimiento colectivo.
Completa la noche la actuación de Marcelino Azaguate, intérprete con ascendencia huarpe que fusiona sonidos étnicos y contemporáneos, y Mariana Lara, cantante y autora vinculada a la música testimonial latinoamericana, con honda conexión emocional y poética.
Domingo con el canto popular
Mañana domingo, el festival tendrá su gran momento con la actuación de la cantante peruana Susana Baca, figura emblemática de la música popular latinoamericana Cantante, compositora e investigadora, Baca ha ganado múltiples Grammy Latinos y ha sido ministra de Cultura de Perú, además de presidenta de la Comisión Interamericana de Cultura de la OEA. Susana, a mediados del año pasado, visitó Mendoza y fue designada Doctora Honoris Causa por la UNCuyo. Su obra es un puente entre tradiciones afroperuanas y expresiones contemporáneas, que la convierte en una de las voces más influyentes del continente.
También estarán Uruguayeses, trío que recorre los géneros tradicionales de Uruguay con autenticidad y fuerza; Víctor Hugo Cortez, cantor y compositor con una sólida trayectoria en el folclore mendocino; y Yasmín González, artista local cuya música fusiona composición propia con repertorio popular latinoamericano.
Más allá de las actuaciones, Americanto 2026 se propone como un espacio de promoción y difusión de la música y la cultura popular latinoamericana, con el objetivo de fortalecer identidades regionales y estrechar la unidad y fraternidad entre pueblos. Esta mirada integradora busca que la música no sea solo un espectáculo, sino también una experiencia de encuentro comunitario y reconocimiento de raíces compartidas.