21 de noviembre de 2025 - 19:30

Mauricio Figueroa, productor mendocino en los Latin Grammy: "Hoy el sonido latinoamericano está más fuerte que nunca"

El productor mendocino, radicado en Miami, repasa su historia, su obsesión por el sonido y su última nominación al Latin Grammy.

La historia de Mauricio Figueroa es inspiradora: demuestra la confianza en la música y el instinto. Radicado en Miami, se ha convertido en uno de los productores musicales más solicitados y reconocidos del continente, como quedó asentado en los últimos Latin Grammy: "Shin-Urayasu", álbum del dúo Scofano–Minetti, estuvo nominado en la categoría Mejor Álbum de Tango. Figueroa fue productor e ingeniero principal, a cargo de la grabación, y mezcla.

Es, de hecho, la segunda vez que este sanrafaelino es nominado a estos prestigiosos premios: la primera fue en 2007, por Mejor Ingeniería de Grabación, por su trabajo en el álbum "A tu lado" del artista ecuatoriano Juan Fernando Velasco.

Un mendocino en los Latin Grammy

Nació en San Rafael y fue su madre, Lucía Méndez, quien lo sentó frente a un piano cuando apenas tenía cinco años. Ese primer acercamiento a los sonidos se convirtió, con los años, en una brújula que marcó toda su vida.

En su adolescencia y primera juventud, la necesidad de tocar lo llevó a formar su primera banda, Nicodemos, con la que recorrió parte del país: Mendoza, San Juan, Córdoba, San Luis. Luego cruzó la Cordillera y se instaló en Chile, donde giró con distintos grupos desde Arica hasta Pucón. Ese movimiento, que podría haber sido apenas un capítulo biográfico, terminó definiendo su futuro: en Santiago fundó su primer estudio de grabación, se convirtió en productor e ingeniero de sonido y empezó a trabajar profesionalmente en un circuito que lo conectaría con artistas de toda América Latina.

En 2005 volvió a moverse, esta vez hacia el norte. Se radicó en Miami y fundó Miami Mastering, el estudio que desde entonces se transformó en su plataforma creativa y profesional. Allí consolidó un perfil técnico que combina oído, sensibilidad y una curiosidad que no se agota. Su trabajo en mezcla, mastering y producción lo instaló rápidamente como un referente para proyectos internacionales, donde —según cuenta— intenta equilibrar “la ciencia del audio con la emoción musical”.

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Decíamos que apenas dos años después de su llegada, en 2007, obtuvo su primera nominación al Latin Grammy. Competía junto a figuras como Gustavo Cerati, Fito Páez, Ariel Rot, Cachorro López, Kevin Johansen y Vicentico. Ese reconocimiento, recuerda, marcó un antes y un después: fue la confirmación de que su búsqueda técnica tenía eco más allá de cualquier frontera.

Un productor sin fronteras

En los últimos Latin Grammy, estuvo presente con "Shin-Urayasu", del dúo Scofano–Minetti, que compitió como Mejor Álbum de Tango. El disco —grabado en Portugal bajo el sello Ibera LLC— contó con un equipo internacional integrado por José Domenech, Cristiano Simões, Valeriano Fernández y Ana Albertini.

Y por el otro, "Cuentos, juegos y canciones", de La Banda del Barrio, fue candidato a competir en Mejor Álbum Infantil, Mejor Ingeniería de Grabación y Mejor Producción Musical. Allí, Figueroa fue coproductor, mezclador y responsable del mastering. El álbum, escrito por César Franko, combina imaginación, color y un sonido cálido y detallado que sostiene la energía lúdica de cada canción.

-¿Cómo te encontró la noticia de estas nominaciones al Latin Grammy?

-Me agarró trabajando, como casi siempre. Estaba en Miami, revisando detalles de un proyecto infantil. Cuando llegó el mensaje sentí una mezcla muy fuerte de sorpresa, gratitud y una alegría que te mueve por dentro. Uno cree que después de tantos años ya nada te sacude… pero esto me volvió a emocionar como la primera vez.

-Ya habías vivido una nominación en 2007. ¿Qué diferencias encontrás entre aquel primer reconocimiento y este regreso casi veinte años después?

-La primera nominación me encontró joven, impulsivo, con una energía más inocente. Esta, en cambio, me llega con mucha más perspectiva. Después de tantos años de trabajo —y de vida— uno entiende mejor el valor de un reconocimiento así. No lo veo como un premio personal, sino como la validación de un camino largo, técnico, artístico y muy disciplinado.

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-Estuviste presente con dos trabajos muy distintos: un álbum de tango y otro infantil. ¿Qué te atrajo de cada uno y cómo encaraste esos proyectos desde la ingeniería y la producción?

-El tango me conecta con mis raíces y con un lenguaje musical que respeto muchísimo. Técnicamente requiere una sensibilidad muy fina: espacio, aire, dinámica, una mezcla que deje hablar al bandoneón y a la interpretación. El proyecto infantil fue todo lo contrario: luz, imaginación, colores, crear un mundo sonoro que inspire a los chicos a jugar. ¡Sobre todo teniendo un hijo de 6 años! Ahí trabajé desde la simpleza y la emoción. Dos universos distintos, pero los abordé con la misma obsesión por el detalle.

-Fundar un estudio en Chile y luego otro en Miami no es poca cosa. ¿Cómo fue ese proceso de pasar de músico a productor y luego a ingeniero de referencia internacional?

-Fue un proceso natural pero muy exigente. Empecé como músico, tenía una banda en Mendoza llamada Nicodemos, ahí empezó todo este hermoso camino, siempre me atrajo entender el "cómo" de todo. La producción llegó por curiosidad y la ingeniería por necesidad: quería lograr un sonido que no encontraba en ningún lado. Con el tiempo, los artistas empezaron a buscarme justamente por esa búsqueda obsesiva de calidad. Los estudios fueron simplemente la consecuencia de querer hacerlo bien.”

-Después de 20 años de trayectoria internacional, ¿cómo ves la evolución del sonido latinoamericano y su lugar en la industria global?

-Hoy el sonido latinoamericano está más fuerte y más diverso que nunca. Ya no es un ‘género’, es un universo. Hay tradición, innovación, mezcla, riesgo. Y lo más importante: hay identidad. Creo que por fin el mundo dejó de ver lo latino como un nicho y empezó a verlo como una influencia global real. Para mí es un orgullo aportar, desde lo técnico, un granito de arena a ese crecimiento.

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